Sentencia de marzo 19 de 1992 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL

CALIDAD DE HEREDERO

MEDIOS PROBATORIOS

EXTRACTOS: «I. La delación de una herencia es, conforme lo indica el art. 1013 del C. C., “el actual llamamiento de la ley a aceptarla o repudiarla”, lo cual ocurre desde cuando aquella se defiere, esto es, a partir del momento de fallecimiento del causante si la asignación es pura y simple, o desde el cumplimiento de la condición suspensiva, si a la misma queda sometida.

Como lo ha dicho repetidamente la doctrina de la Corte, la calidad de heredero requiere entonces de la concurrencia de dos situaciones diversas: la vocación hereditaria y que la persona llamada a recoger la herencia no la repudie (arts. 783 y 1298).

Dispone el art. 1298 del C. C. que “La aceptación de una herencia puede ser expresa o tácita. Es expresa cuando se toma el título de heredero; y es tácita cuando el heredero ejecuta un acto que supone necesariamente su intención de aceptar, y que no hubiere tenido derecho a ejecutar sino en su calidad de heredero”. Y el art. 1299 ibídem, que “se entiende que alguien toma el título de heredero, cuando lo hace en escritura pública o privada, obligándose como tal heredero, o en un acto de tramitación judicial”.

II. Con arreglo a los anteriores preceptos, representan aceptación expresa o tácita de la herencia, conductas tales como la de disponer o enajenar bienes hereditarios, pues supone necesariamente la intención de aceptarla, y, respecto de las actuaciones judiciales, demandar ante el juez: “La práctica de los correspondientes inventarios judiciales o extrajudiciales; confiriendo poder a alguien, ante el juez de la causa, para intervenir en el juicio de sucesión, para pedir la herencia, para pedir la partición de los bienes hereditarios, para reivindicarlos o para pedir la anulación o la reforma del testamento, etc., o demandando personalmente y a título de heredero del difunto cualquiera de esos casos ...” (Cas. civ. 11 de octubre de 1910, G. J. XIX, p. 122). También se da aceptación de la herencia, cuando al responder la demanda que se le promueve judicialmente, el demandado no repudia la herencia, tal como lo determina actualmente el art. 81, inc. 2º, del C. de P. C. Y a quien invoca el título de heredero le basta, por tanto, aportar copia del testamento o de las actas del estado civil que demuestran su parentesco con el de cujus, pues la aceptación de la herencia se exterioriza en este caso por la actitud de quien esa conducta asume.

Con todo, las anteriores no son las únicas formas de demostrar la calidad de heredero de una persona con relación a un causante determinado, ya que también es válida para esos efectos la copia del auto de reconocimiento de heredero dictado por el juez que conoce de la mortuoria, pues como lo ha manifestado la Corte desde 1928, es apenas obvio que “la copia del auto por medio del cual el juez que conoce del proceso sucesorio, reconoce como heredero a cierta persona, sirve de prueba en otro proceso de la dicha calidad de heredero mientras no se demuestre lo contrario en la forma prevenida por la ley, por la potísima razón de que para que el juez hiciera ese pronunciamiento, previamente debía obrar en autos la copia del testamento o de las actas del estado civil respectivas y aparecer que el asignatario ha aceptado ...” (G. J. t. XXXIII, p. 207).

III. Es de ver además que referente a la aceptación de la herencia mediante el ejercicio de un acto de trámite judicial, como lo autoriza el artículo 1299 del C. C., si bien sólo son relevantes aquellas conductas que por su naturaleza denotan “ciertamente la intención o la voluntad de aceptar la herencia” (G. J., t. XC, p. 309), la ley no ha hecho un catálogo taxativo de las mismas y, por lo consiguiente, su apreciación queda al recto criterio del juzgador.

IV. Fluye de lo anterior, que para la demostración de la aceptación de una asignación testamentaria o ab intestato, el derecho positivo no exige una prueba en particular o única, y que si bien es verdad que la jurisprudencia de esta corporación ha expuesto en forma reiterada que esa aceptación se evidencia con la copia del auto que, en la mortuoria, reconoce herederos, y que ésta es su prueba por excelencia, jamás ha predicado que ese sea el único medio para demostrar la aceptación de la que se habla. Desde luego, se reitera, existen otros medios probatorios para establecer tal figura, como puede acaecer cuando el interesado en vez de aportar la copia de dicho auto, acompaña, con el mismo propósito, copia de la sentencia aprobatoria de la partición o de la liquidación y adjudicación, en su caso, pues la misma inferencia lógica que cabría hacer con relación a aquel documento, sería válida y predicable igualmente respecto a esta última, como quiera que de la misma es obvio suponer, como en el caso anterior, el cumplimiento previo de los requisitos judiciales antecesores de ese acto.

V. Dentro de la anterior línea de análisis, para demostrar, en el caso presente, la calidad de heredera en que se citó a la demandada Griseldina Reyes de Betancourt con relación al causante Ernesto Antonio Betancourt Arias, la parte actora acompañó al proceso, entre otras pruebas, copia auténtica de los siguientes documentos: a) del trabajo de liquidación, en el que le corresponde a Griseldina Reyes de Betancourt, cónyuge sobreviviente del finado Betancourt Arias, la herencia dejada por éste (fls. 5 a 9, cdno. 1); b) de la sentencia aprobatoria del anterior trabajo (fl. 11, cdno. 1); c) del testamento otorgado por el causante (fl. 12, cdno. 1); d) del registro civil de defunción de éste (fl. 25, cdno. 1); y e) del registro civil del matrimonio que celebraron Ernesto Antonio y Griseldina (fl. 26, cdno. 1). Estas pruebas, entonces, demuestran plenamente no sólo la vocación hereditaria de Griseldina Reyes de Betancourt respecto del finado Betancourt Arias, sino la aceptación de esa asignación testamentaria, pues de otra forma no se explica cómo hubiera podido reclamar ella su asignación en el proceso sucesorio, que justamente culminó con la adjudicación que se le hizo de los bienes de finado.

Algo más: al contestar el hecho 7º de la demanda inicialmente introducida por el actor, en el que éste afirma que el causante Ernesto Antonio Betancourt Arias instituyó a su cónyuge sobreviviente “como su heredera universal” (fl. 19. cdno. 1), la demandada Griseldina Reyes de Betancourt admitió como cierta esa afirmación (fl. 37, cdno. 1), que ratificó luego al contestar la demanda integrada, presentada posteriormente por el demandante (fl. 75, cdno. 1). Este comportamiento de la parte citada es, en defecto de la prueba anterior, así mismo demostrativo de su decisión de aceptar la herencia que le dejó el causante Betancourt Arias.

Sin embargo, como al decidir en la forma en que lo hizo y, por ende, al valorar dichas pruebas, el sentenciador manifestó que “el carácter de heredero ab intestato o testamentario se adquiere con la vocación sucesoria con el causante fundada en los nexos de parentesco, o el llamamiento en el testamento, y la aceptación de tal vocación, que se recogen en el auto de declaratoria de heredero proferido en el respectivo proceso sucesorio, siendo por consiguiente la copia suya la prueba por excelencia de la calidad de heredero de quien ha sido llamado a suceder al causante”, a lo cual agrega que como esa prueba no se adujo por el actor, está ausente el presupuesto procesal capacidad para ser parte en relación con la demandada Griseldina Reyes de Betancourt, el Tribunal cometió el yerro de valoración que se le endilga, como quiera que al atribuir únicamente a dicha prueba el poder de demostrar la calidad de heredero que se tiene frente a un causante, negó el valor legal de que gozan los medios aportados por el actor y con los cuales éste obtuvo el mismo resultado, lo que de contera lo llevó a violar las normas indicadas por la censura. Por lo demás, era ineludible deber del Tribunal que si para proferir decisión de mérito, juzgaba como necesaria la presencia del auto de declaratoria de heredero, ha debido decretarlo como prueba de oficio, en uso de las atribuciones que la ley le confiere al fallador. Esa prueba, desde luego, no la requería para proveer acerca de la filiación extramatrimonial, porque ésta puede instaurarse en frente del cónyuge supérstite (art. 10, L. 75 de 1968). Se le llama, entonces, la atención al Tribunal para que no se repita su indolente proceder».

(Sentencia de marzo 19 de 1992. Magistrado Ponente: Dr. Héctor Marín Naranjo).

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