Sentencia de noviembre 15 de 1991

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN CIVIL

PAGO DE LO NO DEBIDO

PRESUPUESTOS PARA LA REPETICIÓN

EXTRACTOS: «Bien se sabe que el pago de lo no debido constituye en el fondo una aplicación concreta y particular del principio universalmente admitido del enriquecimiento injusto, y se halla perfectamente regulado por el ordenamiento jurídico colombiano, dentro del título que el Código Civil denomina “De los cuasicontratos”.

Evidentemente: que nadie puede enriquecerse a expensa de los demás, ha sido un postulado de tradición constante en toda la vida jurídica de la humanidad, y por eso desde el derecho romano ha dado lugar al remedio, ciertamente excepcional en cuanto que se hace actuante en la medida en que la ley no haya dispuesto uno distinto, de la acción in rem verso, como una bella proyección del concepto de justicia entendido como proporcionalidad, armonía y equilibrio. Opera, pues, “...en todos los casos en que en alguna forma la justicia sufra quebranto si no se reconoce el valor de cualquier provecho que sin justa causa obtenga el patrimonio de una persona mediante el esfuerzo de otra” (XLII, 605), siempre claro está que excluya el ánimo de mera liberalidad.

La Corte ha admitido expresamente que la acción de repetición por el pago de lo no debido constituye una especie del género enriquecimiento injusto, sólo que por aparecer él disciplinado en la ley, se tiene una precisión acerca de los límites necesarios que moldean su ámbito de acción, conociéndose perfectamente cuáles son sus elementos estructurales o axiológicos.

Así, de manera general puede señalarse que está habilitado para la repetición quien demuestre que hizo un pago al demandado, sin ninguna razón jurídica que lo justifique, ni siquiera la preexistencia de una obligación meramente natural (art. 2315 C. C.); esto es, que el pago no conoce causa distinta a la de un error de parte de quien lo hace, así el error sea de derecho. De donde precisamente se sigue que tal pago ha de excluir forzosamente la liberalidad del solvens, la que no se presume por el simple hecho de darse lo que no se debe (art. 2317 in fine).

De otro lado, porque toda obligación presume una causa real y lícita, es por lo que el demandante en tal clase de juicios soporta la carga de probar que el pago que hizo no tuvo por fundamento extinguir obligación alguna, salvo cuando el demandado niegue el hecho mismo del pago, evento en el cual al actor le sería suficiente demostrarlo, toda vez que la ley entra a presumir, a su vez, que fue indebido. Reglas probatorias que están consagradas positivamente en el artículo 2316 ejusdem, que dice:

“Si el demandado confiesa el pago, el demandante debe probar que no era debido.

Si el demandado niega el pago, toca al demandante probarlo; y probado, se presumirá indebido”.

2. Compendiando lo anterior, ha de decirse que el buen suceso de la acción de repetición del pago indebido, requiere básicamente la concurrencia de los siguientes elementos:

a) Existir un pago del demandante al demandado.

b) Que dicho pago carezca de todo fundamento jurídico real o presunto.

c) Que el pago obedezca a un error de quien lo hace, aun cuando el error sea de derecho.

En relación con la existencia del pago, puede suceder que se haya pagado una deuda inexistente, ya porque quien lo hace jamás fue deudor de quien lo recibe, ora porque habiéndolo sido ya no lo era al momento de pagar. Supuestos que obviamente comprenden el de que quien lo recibe sí era acreedor de la prestación realizada, no de quien da el pago, sino de un tercero, desde luego que en este caso, así como en los otros, sigue siendo común denominador el de que el pagador no es en verdad deudor del accipiens. Pero indispensable es, cualquiera que sea el evento, que quien realice el pago se halle en la falsa creencia de que él sí es el deudor, sin serlo, y que esa idea falsa es la que lo mueve a hacer el pago. Lo mismo en el caso de que jamás haya sido deudor, o que habiéndolo sido ya no lo es, como en el de haber resultado pagando deuda ajena; en este último caso es también de rigor, pues, que el solvens no haya sabido que el deudor era otro, un tercero, sino creer que era deuda suya. Pues de haber tenido conocimiento de la realidad, esto es, que quien debía era otro, se estructura el fenómeno del pago de deuda ajena, que no solamente es admitido por el ordenamiento jurídico civil sino que está reglamentado en sus efectos (arts. 1666 y siguientes).

En trasunto, donde quiera que no se cuente error de por medio en el pago, no se abre paso la conditio indebiti, denominación que en Roma recibió la acción que se viene comentando, pues lo que se acaba de ver tiene por basamento indestructible el de que quien soluciona una deuda a sabiendas de que no es deudor, voluntariamente se está imponiendo un gravamen y no debe entonces quejarse».

(Sentencia de noviembre 15 de 1991. Magistrado Ponente: Dr. Rafael Romero Sierra.

__________________________________