Sentencia sin número de noviembre 30 de 1962

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE NEGOCIOS GENERALES

Magistrado ponente,

Dr. Carlos Peláez Trujillo

Bogotá, treinta de noviembre de mil novecientos sesenta y dos

En el juicio ordinario promovido contra la Nación, ante el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, por el representante judicial de Jorge Vásquez Franco y Leonor Isaza de Vásquez, casados entre sí, mayores de edad y vecinos de Bogotá, sobre indemnización de perjuicios, ambas partes litigantes interpusieron recurso de apelación contra la sentencia proferida por el Tribunal a quo el doce de agosto de mil novecientos sesenta y uno, la que, por este motivo debe ser revisada por la Corte, a lo cual se procede.

En la demanda con que se inició el juicio se formulan las siguientes peticiones:

Que se declare:

Primero. “ Que la Nación colombiana —Estado colombiano o República de Colombia— es civilmente responsable de la totalidad de los daños y perjuicios morales y materiales, con sus elementos de daño emergente y lucro cesante, que les causó a mis poderdantes, señores Jorge Vásquez Franco y Leonor Isaza de Vásquez, de las condiciones civiles anotadas, por hechos directos y culpas civiles de funcionarios públicos que ocasionaron la pérdida o desaparición total de un hato o fundación de mis referidos poderdantes que poseían quieta y pacíficamente en los Llanos Orientales, denominado 'El Tamarindo', situado en la vereda de Palo Solo o Aguaclara, jurisdicción municipal de Zapatosa, Departamento de Boyacá, y que se componía de más de mil cabezas de ganado vacuno, de cría, levante y engorde, y de treinta y seis cabezas de ganado caballar y mulár destinado al servicio de la fundación o hato, hechos ocurridos en los días 5 y 6 de septiembre de 1953;

Segundo. “ Que como consecuencia de la declaración anterior se condene a la Nación colommana (sic), Estado colombiano o República de Colombia, a pagar a mis representados, señores Jorge Vásquez Franco y Leonor Isaza de Vásquez, dentro del término que fije la sentencia, el valor de los siguientes daños materiales: a) Pérdida de una fundación o hato de más de cuatro mil hectáreas, con sus casas de habitación, corralejas de madera, sembradíos de yuca y plátanos, y cercas de potreros; b) El valor de seiscientas (600) vacas de cría, trescientas (300) cabezas de ganado de levante, entre machos y hembras, y doscientos (200) novillos y toros de más de dos años de edad; e) El valor de treinta (30) caballos y seis (6) mulas; d) Una bañadera para ganado, que en el año de 1945 le costó a sus dueños la suma de $4.500.00 y hoy vale mucho más; e) El valor de lo que le hubiera producido a sus dueños el hato nombrado mediante una administración normal, con mediano cuidado y diligencia, y f) Los perjuicios morales sufridos por «los señores Jorge Vásquez Franco y Leonor Isaza de Vásquez por la pérdida de la totalidad de su patrimonio, que los redujo a la más absoluta pobreza, habiendo tenido que vender la única casa que poseían en Bogotá para pagar una deuda a la Caja Agraria de Sogamoso, y por la cual había pignorado los ganados del hato 'El Tamarindo'. Durante el término probatorio se justipreciará esta indemnización”.

La pretensión anterior se funda en los hechos que a continuación se transcriben:

“ 1º Los señores Jorge Vásquez Franco y Leonor Isaza de Vásquez fueron dueños y poseedores de un hato o fundación llamado 'El Tamarindo', ubicado en la vereda de Palo Solo o Aguaclara, compuesto de tres casas, corrales, potreros conucos (sembraderos o huertas), enseres de casa, más de mil cabezas de ganado vacuno y más de treinta de ganado caballar y mular, hato o fundación comprendido dentro de los siguientes linderos generales: 'Por el costado oriente, desde la desembocadura del brazo llamado 'Barrigón', en el río Cusiana, línea recta hacia el norte, pasando por el sitio llamado 'El Gusto', a dar al río Chiquito; por el norte, todo este río, aguas arriba, hasta el pie de la Cordillera, por el occidente, siguiendo la Cordillera hasta donde termina ésta en el río Cusiana, y por el sur, con el río Cusiana, aguas abajo, a dar a la desembocadura del brazo el 'Barrigón', 'primer lindero';

“ 2º El hato o fundación descrito en el punto anterior fue adquirido por mi representado, señor Jorge Vásquez Franco, por compra que hizo al señor Vicente Castro, según lo comprueba la escritura pública número 795 de 19 de octubre de 1940, de la Notaría Primera del Circuito de Sogamoso, que se halla debidamente registrada, y que acompaño (sic) a la presente demanda;

“ 3º Luego aumentó el señor Jorge Vásquez Franco lo que después se llamó el hato de 'El Tamarindo' por la compra que hizo al señor Carlos Antonio Cerón, mediante la escritura pública número 829 de 5 de noviembre de 1941, de la misma Notaría Primera de Sogamoso, debidamente registrada, de 'el derecho de dominio y posesión de las mejoras que tiene (el vendedor, señor Cerón) en un fundo o finca situado en la, vereda de Palo Solo o río Chiquito, en jurisdicción del Municipio de Zapatosa, provincia de Sugamuxi, Departamento de Boyacá, cuyos límites son los siguientes: 'Por el norte, con el río Chiquito; por el sur, con el río Cusiana; por el oriente, con el hato denominado 'El Tamarindo', de propiedad del comprador (señor Jorge Vásquez Franco), y por el occidente, con la Cordillera';

“ 4º A su turno el tradente Vicente Castro había adquirido el hato vendido a mi poderdante por compra que hizo a Juan David Reyes y otro, según escritura número 267 de 17 de febrero de 1938, de la Notaría Tercera de Bogotá, debidamente registrada, y Reyes había adquirido de Benito Vega por escritura pública número 706 de 6 de julio de 1927, de la Notaría Primera de Sogamoso, también debidamente registrada. Todas las escrituras que acabo de citar las acompaño en copias auténticas y registradas a la presente demanda;

“ 59 Los demandantes, señores Jorge Vásquez Franco y Leonor Isaza de Vásquez, contrajeron matrimonio católico en la iglesia de Sogamoso el día 29 de agosto de 1929; como se comprueba con la respectiva partida de origen eclesiástico que se acompaña a la presente demanda;

“ 69 Desde la fecha de la adquisición del hato `El Tamarindo', adquisición que se hizo para la sociedad conyugal Vásquez-Isaza, los nuevos dueños entraron en disfrute, posesión y goce tranquilo y pacífico de los bienes comprados, es decir, del hato o fundación 'El Tamarindo', con su ganadería, dependencias y mejoras;

“ 7º Como lo comprueban numerosos documentos informales que se acompañan a la demanda, el señor Jorge Vásquez Franco hacía frecuentes ventas de sus ganados, criados en su hato o fundación de 'El Tamarindo', para conducirlos, a Villavicencio, Sogamoso y otros centros de consumo;

“ 8º La señora Leonor Isaza de Vásquez tenía inscrito su quemador o hierro para marcar ganados de 'El Tamarindo' en la Secretaría de Agricultura y Ganadería bajo el número 332, el 18 de noviembre de 1950;

“ 9º Es de público y notorio conocimiento, y de ello dan fe múltiples documentos oficiales que en el año de 1951 estalló en los Llanos Orientales la llamada violencia; grupos de guerrilleros armados se rebelaron contra las autoridades; gentes se dedicaron al pillaje, causando el terror en la región con horribles asesinatos, robos e incendios. El Ejército no podía controlar la situación por la forma como operaban tácticamente las guerrillas;

“ 10. A pesar del desorden y confusión, el hato de 'El Tamarindo' permanecía intacto, con las solas dificultades inherentes a la venta de ganados;

“ 11. El 13 de junio de 1953, por circunstancias bien conocidas del país, asumió la Presidencia de la república el señor General Gustavo Rojas Pinilla;

“ 12. El nuevo Gobierno se preocupó desde un principio por conseguir la pacificación de los Llanos Orientales, y en presencia de las dificultades para develar por la fuerza a los rebeldes, optó por llamar a los cabecillas y entrar con ellos en conversaciones amigables para que depusieran las armas;

“ 13. Fue así como el señor General Alfredo Duarte Blum, en su condición de Comandante General de las Fuerzas Armadas, tomó contacto con el señor Eduardo Fonseca Galán, jefe de las guerrillas que operaban en el Cusiana, y con él, y con varios ganaderos de la región, celebró numerosas conferencias en su Despacho, con el fin de pactar la paz;

“ 14. Eduardo Fonseca Galán, como jefe y dirigente de las guerrillas del Cusiana, exigía, para deponer las armas, que se le entregara una cantidad de dinero y mil reses para repartir entre las gentes pobres de la región que habían resultado damnificadas por la violencia, alegando que estas gentes habían quedado en la ruina, porque los guerrilleros, la Policía y el Ejército les habían quitado sus semovientes;

“ 15. El General Duarte Blum manifestaba en sus conversaciones que podía proceder a arreglos con los guerrilleros, porque estaba autorizado por el señor Presidente de la República, General Rojas Pinilla;

“ 16. Eduardo Fonseca Galán, en declaración rendida extrajuicio y que acompaño a esta demanda (folio 43), para ratificarla dentro del término probatorio, confiesa o acepta que durante los años de 1951, 1952 y 1953 comandó las guerrillas que actuaban en el Cusiana, en los Llanos de Casanare y especialmente en los Municipios de Zapatosa y Tauramena, del Departamento de Boyacá, y que tenía bajo su mando cuatrocientos hombres armados y unas ocho mil personas no combatientes. Agrega que con el cambio de Gobierno que se verificó el 13 de junio de 1953, los ánimos de los guerrilleros empezaron a calmarse con la esperanza de que tomaran medidas justas para conjurar la violencia y obtener la paz en los Llanos, y que por invitación del Gobierno el declarante viajó a Bogotá en el mes de agosto de 1953, para pactar la paz, y con ese fin celebró varias conferencias con el General Alfredo Duarte Blum, en su calidad de Comandante General de las Fuerzas Armadas. Al respecto dice el testigo que 'el General Duarte Blum (que según decía tenía amplios poderes del Presidente de la República) me autorizó, o mejor dicho, me ordenó que mandara coger el ganado (mil cabezas de ganado vacuno) que para tal fin solicitaba de los hatos grandes del Llano, dentro de la zona a mis órdenes, y que lo repartiera entre los damnificados antes de la entrega de las armas que debía verificarse el día nueve (9) de septiembre en la población de Tauramena Agrega el testigo: 'Recuerdo que le pregunté al General Duarte Blum si no había ningún peligro para los que recibían estos ganados una vez viniera la paz y los propietarios damnificados regresaran a sus hatos, y el General me contestó que él me daba esa autorización con plena autoridad del Presidente de la República, y que me respondía de que nada pasaría porque el Gobierno se arreglaría con los ganaderos en caso de algún reclamo, y que antes le llevara unas cabezas de ganado a Tauramena para el día de la entrega de armas, porque allá estaba escasa la carne'. Prosigue el testigo en su importante declaración: 'En nuestra última entrevista el General Duarte Blum convino conmigo en facilitarme un avión de las Fuerzas Armadas para que me trasladara inmediatamente al Llano a reunir las gentes a mis órdenes y los ganados que me autorizaba para que de todos modos mis hombres entregaran las armas en Tauramena el día nueve (9) de septiembre de ese año, y fue así como al día siguiente mandó a mi casa en esta ciudad su automóvil particular para que me llevara a Madrid (Cundinamarca), en donde el Beaver número 107 de la FAC me condujo al sitio denominado Cupiagua, ubicado dentro de la zona que yo comandaba, y quiero aclarar que el General Duarte Blum, como Comandante General de las Fuerzas Armadas y como comisionado del Presidente de la República, General Rojas Pinilla, únicamente tenía como fin primordial negociar la entrega de armas por parte nuestra para así iniciar la pacificación de los Llanos Orientales y la de todo el país. Al 8º. Es cierto que en el plazo de que disponía para la recolección y repartición de los ganados que me autorizó hacer el General Duarte Blum antes de la entrega de armas era demasiado corto, yo envié un grupo de hombres para que sacaran los ganados de los hatos más próximos en una cantidad no inferior a mil (1.000) cabezas, con el fin autorizado por el General Duarte Blum, como efectivamente se hizo, y puedo comprobarlo, no fui personalmente a hacer este trabajo porque mis ocupaciones en esos días para reunir gentes y armas eran intensas. Declaro que los ganados para la repartición noté que la mayoría pertenecían a los esposos Jorge Vásquez Franco y Leonor Isaza de Vásquez, que ellos poseían en su hato denominado 'El Tamarindo', en jurisdicción de Zapatosa, hoy Agua Azul, y una mínima parte era del hato 'Grimania', de propiedad del señor Eusebio Moreno; de las mil reses, ochocientas eran de los esposos Vásquez-Isaza y doscientas del señor Moreno. Al 9º. El General Duarte Blum me dijo que mientras las Fuerzas Armadas estuvieran en el poder y que, en su concepto, sería por un largo tiempo, él respondía en nombre del Gobierno, por lo que prometía al hacer ese arreglo, también anoto que estos ganados, los que los recibieron, los condujeron a sus fincas pasando por diferentes puestos militares en donde recibieron ayuda y garantías, entre otros por el de Pajarito, comandado por el Capitán Etelberto Guarín. Martínez, y además los salvoconductos que el Ejército dio a los guerrilleros y civiles el día de entrega de armas en Tauramena comprobaban el recibo de estos ganados que amparaban su entrega, ganados que los beneficiados debían dedicar únicamente a la cría para lograr la repoblación de ganado de la región, aprobado. Al 10. Si no recuerdo mal el que comandaba la patrulla que sacó el ganado fue Pablo Alberto Figueredo, el nombre de los otros hombres no lo recuerdo por el momento, pero puedo citar los de personas que recibieron de este ganado y que vieron la repartición que hice, tales como Alfonso Otálora, Rafael Monroy, Salvador Cantor, Alberto Velandia y cien personas más, si es necesario. El día 8 de septiembre, la víspera de la entrega de armas, me entrevisté en Tauramena con el General Duarte Blum, y allí me preguntó que si había repartido el ganado y que si había llevado las reses para la alimentación de la gente; le contesté que lo primero sí lo había hecho pero que no había alcanzado el ganado para llevarlo a Tauramena; me dijo el General: lo primero está muy bien, pero lo segundo no, porque no hay que darle de comer a la gente'.

“ 17. Así, pues, el señor General Alfredo Duarte Blum, en su calidad de Comandante General de las Fuerzas Armadas (como lo compruebo con los documentos de nombramiento y posesión), autorizó al jefe de las regiones del Cusiana, señor Eduardo Fonseca Galán para tomar o sacar de los diferentes hatos de la región mil reses, con destino a las gentes pobres damnificadas, como lo demuestra la declaración del propio Eduardo Fonseca Galán, y lo corroboran varias otras declaraciones extra juici que acompaño a la demanda, para que luego sean ratificadas en el término probatorio;

"18. Apoyado en esta autorización del Comandante General de las Fuerzas Armadas, Eduardo Fonseca Galán dio orden a su hermano Eulogio Fonseca Galán para que con gentes de las guerrillas a él subordinadas procedieran a tomar las mil cabezas de ganado;

"19. Efectivamente, Eulogio Fonseca Galán, por orden de su hermano Eduardo, jefe de las guerrillas del Cusiana, a su turno autorizado por el Comandante General de las Fuerzas Armadas, General Alfredo Duarte Blum, y ayudado por Pablo Alberto Figueredo, un individuo apodado `El Cachicamo', Gabriel Ruiz y otros guerrilleros, sacó del hato 'El Tamarindo' ochocientas reses, como el propio Eulogio Fonseca Galán lo atestigua en estos términos, y luego de afirmar que siempre conoció el hato de 'El Tamarindo' como de propiedad de los señores Jorge Vásquez Franco y Leonor Isaza de Vásquez, que ese hato constaba de mil trescientas (1.300) cabezas de ganado vacuno y de las bestias necesarias para el servicio de la fundación: 'Sí es verdad que en los primeros días del mes de septiembre de mil novecientos cincuenta y tres (1953) estuve sacando un ganado del hato de 'Tamarindo', de propiedad de los señores Jorge Vásquez Franco y Leonor Isaza de Vásquez, en compañía de Pablo Alberto Figueredo, de un individuo apodado 'El Cachicano', cuyo nombre no recuerdo, y de un tal Gabriel Ruiz, el resto de la gente no me acuerdo sus nombres, puesto que en las guerrillas se llamaba al personal por apodos. Ese ganado lo saqué por orden de Eduardo Fonseca Galán, para repartirlo dentro de las gentes pobres de la región, en especial los del Cerro, a quienes el Ejército, en su mayoría, y las guerrillas habían expropiado su ganado, para su sostenimiento, y otros haberes, dejándolos completamente en la miseria'. Leída y aprobada. Al punto sexto manifestó: 'Sé y me consta que el señor Eduardo Fonseca Galán llegó de Bogotá, después de haber negociado prácticamente la entrega de la guerrilla que él comandaba al Gobierno que instauró el General Gustavo Rojas Pinilla, y nos manifestó que el General Alfredo Duarte Blum lo había autorizado para sacar ganado de los hatos en su zona que le correspondía, como comandante guerrillero, para repartirlo dentro de la gente pobre que había dejado el Ejército, en particular, y las guerrillas. Leída y aprobada. Al punto séptimo expresó: 'Saqué alrededor de unas ochocientas (800) cabezas de ganado vacuno: sin sacar los becerros o ‘mautes’, que se denominan aquí en el Llano, por la razón de que no estaban herrados, ni resistían a la marcha a que se les iba a someter'.

“ 20. Resulta importante transcribir aquí lo que el propio testigo Eulogio Fonseca Galán afirma en su declaración: 'Al punto octavo manifestó: 'Sí es verdad que durante mucho tiempo el Ejército que operaba en la región tenía terminantemente prohibida la movilización de ganados en los hatos; pero una vez que el General Duarte Blum autorizó a Eduardo Fonseca Galán verbalmente para sacar ganado de los hatos, con el fin de indemnizar a las gentes pobres damnificadas, se levantó esta prohibición, y fue así como se permitió, tanto a mí como a mis compañeros, movilizar las cabezas de ganado que tomamos del hato `El Tamarindo', de propiedad de don Jorge Vásquez Franco y su esposa, doña Leonor Isaza de Vásquez'. Leída y aprobada. Al punto noveno expresó: El día ocho (8) de septiembre de mil novecientos cincuenta y tres (1953) me embarqué en un avión de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC), por invitación del señor General Alfredo Duarte Blum, en el puesto de Monterrey, a donde me había trasladado por asuntos políticos; en dicho avión me acuerdo que iban en vuelo hacia Tauramena el antes mencionado General, el General Muñoz Berrio, de quien me acuerdo particularmente; que llevaba un revólver treinta y dos (32) largo, dentro de una chapuza hecha de cuero de tigrillo o tigre, una cosa así parecida. El entonces Coronel Alberto Gómez Arenas, hoy General, al llegar a Tauramena, al poco rato, llegó Eduardo Fonseca, a caballo, en compañía del señor Pablo Alberto Figueredo y otros señores de la guerrilla, que comandaba este señor. Allí, ante el General Duarte, quien era el representante del Gobierno, Eduardo Fonseca los presentó. En ese momento los fotógrafos de la prensa, quienes se identificaron, tomaron unas fotos, con el General Duarte Blum. Debo advertir que el General Duarte Blum le preguntó a Eduardo Fonseca textualmente: Eduardo, sacó el ganado? Eduardo le contestó: 'Sí, mi. General'. El General le preguntó nuevamente a Eduardo: '¿Y trajiste las reses para el asunto de la entrega de las armas?' Y Eduardo le contestó: 'Sí, mi General, se traen las reses para el día de la entrega, y saqué el ganado; pero, mi General —dijo Eduardo—, yo no quiero que mañana, o más tarde, nosotros, yo, los Fonsecas, vayamos a la cárcel por sacar ese ganado'. El General Duarte contestó: 'No hay ningún inconveniente en esto, puesto que yo estoy autorizado por el Gobierno para esto; y si quieres mañana mismo te traigo un avión militar para que viajes al Ecuador con todos tus familiares, mientras pasan todas estas cosas'. Llegaron otros aviones en ese momento; no sé si militares o particulares, donde llegaron de personas que me acuerdo, el doctor Jorge Santos, el doctor Sergio Reyes y otros, entre los que me acuerdo el profesor Jorge Bejarano, para arreglar la situación de la entrega de las armas de las guerrillas y los salvoconductos que el Ejército debía de entregar al personal de la guerrilla, para quedar a paz y salvo con la justicia'. Leída y aprobada. Al punto décimo expresó: 'El reparto se cumplió por intermedio de Eduardo Fonseca, quien era el Comandante, al personal de las regiones de Pajarito, Recetor, Huerta Vieja y, en la mayoría, a gentes exiladas del Municipio de Miraflores, personas que Eduardo Fonseca únicamente conocía sus nombres, de los cuales yo no lo sé. Se repartieron alrededor, más o menos, ochocientas (800) cabezas, porque ese ganado yo no volví después a ver nada. Es decir, el número más o menos del ganado que se sacó de 'El Tamarindo', de propiedad de los señores Jorge Vásquez Franco y la señora Leonor Isaza de Vásquez'. Leída y aprobada. Al punto decimoprimero contestó : `El ganado que se llevó del hato de 'El Tamarindo', de los señores antes mencionados, eran aproximadamente unas ochocientas reses, su clase era cruzada de cebú; la edad era de unos dos años y medio en adelante, ya que los becerros no los llevamos, por falta de marca y porque no resistían la marcha. Del ganado macho se llevaron alrededor de unas doscientas cabezas de ganado. La calidad es más o menos de media ceba, a mi modo de v6er, por su calidad'. Leída y aprobada. Al punto décimosegundo expuso: El ganado lo sacarnos ,en compañía de Pablo Alberto Figueredo, de un tal Cachicano, cuyo nombre no recuerdo, de Gabriel Ruiz, persona muerta a manos del Ejército, después de estos acontecimientos, y de cuatro personas más, de quienes no me acuerdo sus nombres, pues que se llamaban por apodos'. Leída y aprobada.

"Debo anotar que Pablo Alberto Figueredo, en declaración extrajuicio que también acompaño, confirma todo lo dicho por el testigo Eulogio Fonseca Galán en cuanto a la sacada del ganado.

"21. El resto del ganado que quedó en el hato `El Tamarindo', después de sacadas las ochocientas cabezas por Eulogio Fonseca Galán, con orden de Eduardo Fonseca Galán, fue sacado posteriormente, y con base en la autorización del General Alfredo Duarte Blum, por Carlos y Gabriel Roa, jefes de las guerrillas del Upía, en número aproximado de trescientas (300) cabezas;

"22. Quedó, pues, totalmente despoblado de ganado el hato de propiedad de mis clientes, quienes, a la postre, vinieron a pagar exclusivamente la pacificación del Llano;

"23. En estas condiciones, los señores Jorge Vásquez Franco y Leonor Isaza de Vásquez se vieron obligados a abandonar la fundación a que tanto cariño le habían puesto, y se radicaron en Bogotá en muy difíciles circunstancias pecuniarias, por la pérdida total de su patrimonio;

"24. Presento el certificado expedido por la Caja de Crédito Agrario, Industrial y Minero de Sogamoso, la cual, por conducto de sus Inspectores Avaluadores, con fecha 12 a 16 de diciembre de 1947 (cinco años antes del atropello que los privó de sus bienes de fortuna), practicó el avalúo de los ganados del hato 'El Tamarindo', con el siguiente resultado.

"200 vacas paridas, entre 3 ½ a 6 ½ años, a $ 80.00... ...$ 16. 000.00
"200 crías de las vacas, menores de año,

 
"250 vacas horras, de 3 ½ a 6 ½ años, a $70.00

$17.500.00
"250 novillas, de 1 ½ a 3 años, a $ 70.00

17.500.00
"16 toros reproductores (con cruce de cebú), de 3 a 5½ años, a $ 350

5.600.00
"118 toretes, de 2 a 3 años a $ 75 8.850.00
"16 bueyes, de 5 a 7 años, a $ 150 2.400.00
"1.050 que figuran en documento de préstamo que hizo la Caja y que se encuentra vigente.
"Los ganados mencionados fueron avaluados en…




$ 67 .850.00

"También aparte de los ganados que figuran en el documento, poseían en su balance figuran 350 cabezas de ganado vacuno llanero, más, por un valor de $ 21.000, y 70 cabezas de ganado equino de cría y servicio, por un valor de $ 5.600.00.

"Todos los ganados antes mencionados se encontraban marcados con la cifra de propiedad de los señores Vásquez-Isaza, que consiste en (VP) (iniciales de los apellidos Vásquez Franco), el cual se halla endosado a favor de la Caja, según diligencia en la Alcaldía Municipal de Sogamoso, de fecha 12 de agosto de mil novecientos cuarenta y uno (1941).

"Sogamoso, noviembre 7 de 1953".

"25. Durante la violencia, y para evitar el abigeato, tan frecuente, el Jefe Civil y Militar de los Llanos Orientales expidió su Decreto número 13 de 1952 (septiembre 11), que fue aprobado por el Gobierno Nacional por medio del suyo número 2346 (septiembre 30), que inmovilizaba el ganado de los hatos de los Llanos. A propósito, en su artículo 59 se dispuso: 'La movilización de los ganados dentro del territorio de la jurisdicción de la Jefatura, o con destino a los centros de consumo, será autorizada y dirigida y controlada exclusivamente por la Jefatura Civil y Militar.

"Los ganaderos interesados en la movilización de sus ganados, deberán elevar ante la Jefatura una solicitud a la cual acompañarán los siguientes documentos:

"a) Su identificación personal;

"b) La comprobación de que en su contra no se instruye proceso alguno de los que son de competencia de la Justicia Penal Militar;

"e) La indicación del nombre de la finca donde el ganado se encuentre y su ubicación exacta;

"d) El número de cabezas de ganado que desea movilizar, con especificación de marcas y sexo del ganado;

"e) Los certificados de registro de todas las marcas que lleven los ganados;

"f) Papeletas de compraventa, debidamente legalizadas, y

"g) Comprobación de la propiedad del ganado hasta el tercer vendedor anterior".

"26. A pesar de las exigencias para transportar ganado, con motivo de la autorización dada por el señor Comandante General de las Fuerzas Armadas, General Alfredo Duarte Blum, para que los guerrilleros de Eduardo Fonseca Galán tomaran las mil reses de los diferentes hatos de la región, los Jefes de los Puestos Militares recibieron órdenes superiores de permitir el tránsito de vacunos, precisamente para que el citado Fonseca Galán pudiera sacar los ganados para que está autorizado. Al respecto dice en la declaración que presentó el señor Coronel Luis Alejandro Castillo, Comandante del Grupo de Caballería 'Páez', con jurisdicción en los Llanos Orientales durante los años de 1952 y 1953: 'Por los meses posteriores al trece de junio, mientras ocurrían las conversaciones del Gobierno con los cabecillas recibí orden de limitar su actividad, permanecer en sus puestos y no comisionar, seguramente con el ánimo de evitar encuentros que pudieran entrabar las mismas conversaciones. Sin embargo, de los puestos y patrullas que operaban por las costas del Cusiana, el Upía y el Charte, así como por informaciones de particulares y de los mismos bandoleros del Tuerto Giraldo (quienes estaban interesados en parlamentar con mi Comando), tuve noticias oportunas de que los Fonsecas y su gente estaban recogiendo los ganados del hato 'El Tamarindo', de propiedad del señor Jorge Vásquez Franco y señora Leonor Isaza de Vásquez, y que estaban siendo arriados precipitadamente hacia la Cordillera'. Agrega este testigo: que el señor Jorge Vásquez siempre estuvo presente para reclamar sus derechos no obstante la anormalidad reinante'.

"De su parte, el señor Capitán Etelberto Guarín Martínez, Comandante del Puesto Militar acantonado en 'Pajarito' (Boyacá), durante los meses de julio, agosto y Septiembre de 1953, declara: '6º. Me consta que después de la entrega de armas en los sitios anteriormente citados, los guerrilleros habitantes de la región que estaba bajo mis órdenes regresaron a sus hogares y se dedicaron a trabajar sus tierras y a vivir en paz, los que pasaban por el Puesto Militar presentaban el salvoconducto de que iban provistos, expedidos por el Puesto Militar en donde habían entregado las armas; unos pocos no conducían ganado vacuno, pero la mayoría llevaban, unos tres (3) cabezas y otros cuatro (4), y en los salvoconductos de los que portaban ganado tenían una nota que decía que el beneficiado conducía determinado número de ganado, que el comandante guerrillero Eduardo Fonseca Galán les había entregado por orden del Comandante de las Fuerzas Armadas de Colombia, General Duarte Blum, para ayuda de sil rehabilitación económica. 7º. Sé y me consta, porque el salvoconducto a que hice mención en el punto anterior decía que el número de cabezas de ganado vacuno que el beneficiado conducía le había sido entregado por Eduardo Fonseca Galán y por orden del General Alfredo Duarte Blum, y porque además recibí instrucciones de mis superiores jerárquicos de que no permitiera que este ganado que les había sido entregado a los guerrilleros y a los damnificados por la violencia para su rehabilitación económica y para la repoblación de ganados en la región, fuera objeto de comercio, sino que debía permanecer en la región para dedicarlo a la cría. 8º. Sí es verdad y me consta que los comandantes guerrilleros Emilio Vargas y hermanos Monroy regresaron a la región con un número considerable de ganado. 9º. Sé y me consta que el ganado que Eduardo Fonseca entregó a los guerrilleros por autorización del General Duarte Blum, fue tomado del hato 'El Tamarindo', primero porque varios conocedores de los ganados y del hato me lo informaron, y segundo porque el señor Jorge Vásquez me presentó el registro del hierro que él y su esposa usaban para marcar los ganados de su propiedad en el hato 'El Tamarindo'. Y los ganados entregados por Fonseca a los guerrilleros estaban marcados con la cifra quemadora que él presentó. 10. Sí es verdad que ante la comprobación que el señor Jorge Vásquez Franco me hizo de que los ganados eran de su propiedad y que le habían sido expropiados, y teniendo en cuenta que no era justo que a un solo ganadero se le despojara de un alto número de ganado, y a pesar de la oposición de los hermanos Monroy, ordené que se le entregara al señor Vásquez diez y seis (16) cabezas de ganado vacuno que comprobó ser de su propiedad dentro de un lote de unos 30 que ellos habían llevado. 11. Sí es verdad que después de hecha la repartición por Fonseca, de ganados a los guerrilleros, la región quedó repoblada y la ganadería inició su marcha normal. 12. Las instrucciones que recibí de mis superiores fueron las de que el ganado se les había dado era para su rehabilitación económica y la repoblación de ganado dé la región, y que por lo tanto no debía permitir que estos ganados fueran sacrificados ni objeto de comercio, y mucho menos que fueran sacados de la región donde los beneficiados tenían sus fincas y sus hogares'.

"27. Fue vox populi en la comarca que los guerrilleros procedieron a recoger las mil cabezas de ganado vacuno con autorización del General Duarte Blum, autorizado éste, a su turno, por el Presidente de la República;

"28. Las declaraciones de los señores Gustavo Reyes Calderón, doctor Sergio Reyes Moreno, Capitán Elberto Riveros Pescador y doctor Jorge Santos, confirman en sus puntos esenciales todo lo que dejo dicho y afirmado. En obsequio de la brevedad omito transcribir parte de estas importante piezas, las cuales habré de analizar a espacio en su oportunidad procesal. Si he transcrito apartes de otras declaraciones, no ha sido con el propósito de hacer el estudio crítico jurídico de las pruebas, cuestión que encuentra su lugar apropiado en el alegato de conclusión, sino para ponerle presente al Tribunal la seriedad de mi demanda y los sólidos fundamentos en que ella descansa;

"29. Cumplidas las exigencias de los guerrilleros, es decir, entregadas a ellos las mil reses que. pedían, depusieron las armas y se firmó la, llamada paz de Tauramena el día 9 de septiembre de 1953, de todo lo cual dio cuenta profusamente la prensa hablada y escrita del país, y se obtuvo la anhelada paz de los Llanos Orientales;

"30. Fue así como mis poderdantes, señores Jorge Vásquez Franco y Leonor Isaza de Vásquez vinieron a la postre, con la pérdida de la totalidad de su capital a financiar la paz de los Llanos Orientales;

"31. Según las declaraciones de los numerosos testigos que presento, el señor General Alfredo Duarte Blum prometió a los guerrilleros que el Gobierno arreglaría con los dueños de los ganados que se les sustrajeran de sus hatos, y especialmente le hizo esta promesa formal al señor Jorge Vásquez Franco cuando ante él se quejó de las depredaciones que había sufrido. (Declaración del señor Gustavo Reyes Calderón);

"32. De estos arreglos con los guerrilleros da fe el propio General Gustavo Rojas Pinilla, cuando en el sonado proceso que se le siguió ante el Senado de la República, dijo: 'Como contaba en la exposición de ayer, en mi visita a Arauca hablé con algunos guerrilleros importantes, que me manifestaron sus deseos de que viniera la paz y se presentara el surgimiento económico de esa región. Y los, llaneros fueron pacificados. Esos guerrilleros entregaron las armas a la comisión encabezada por el General Duarte Blum. Como internacionalmente era la región fatídica o la, mancha negra que había en Colombia, en mi visita, en la primera visita que hice a 1os Llanos invité a 45 periodistas de los Estados, Unidos. Ellos me acompañaron a diferentes guarniciones y pudieron constatar que los Llanos estaban pacificados;

“ ʻCuando visité a Arauca y Tame por invitación expresa de los principales guerrilleros, encabezados por Guadalupe Salcedo, tuve la oportunidad de conocerlos personalmente, y lo hice, señores Senadores, en un acto que calificaron de imprudente. La invitación me la hacían los guerrilleros para que visitara a Tame, que era el centro donde ellos estaban reunidos y desde donde dirigían sus cultivos. A ellos se les recibieron las armas; la Caja Agraria les prestó alrededor de diez millones de pesos, dinero que, como les informaba en otra ocasión a los señores Senadores, fue devuelto casi en su totalidad'. (Anales del Congreso del martes 3 de marzo de 1959, que acompaño a esta demanda).

"33. Como lo demuestro con las copias de las declaraciones de renta de mis clientes que presento, antes del incalificable abuso de que fueron víctimas por la inexplicable conducta del Comandante General de las Fuerzas Armadas, declaraban un respetable patrimonio y una jugosa renta. Hoy, después de lo ocurrido, nada tienen que declarar, por la pérdida total de su patrimonio, y consiguientemente de la renta;

"34. Mis representados sufrieron tremendos perjuicios morales. Es apenas natural que una persona que tiene un holgado y cómodo pasar, y sorpresivamente lo pierde en una edad en que es difícil reconstruirlo, experimente un grave choque moral. Muchos, con menos coraje que mis clientes, han padecido desequilibrios psíquicos y aún no han soportado la vida ante un traumatismo financiero de esta naturaleza".

Al libelo acompañaron los demandantes los siguientes documentos: a) copias de las escrituras públicas números 706 de 6 de julio de 1927, 267 de 17 de febrero de 1938, 795 de 1º de octubre de 1940 y 829 de 5 de noviembre de 1941, la segunda de tales escrituras, de la Notaría Tercera de Bogotá, y las restantes de la Notaría Primera de Sogamoso; b) certificado número 201 del Registrador de Instrumentos Públicos y Privados del mismo Circuito de Sogamoso, documentos relacionados con la titulación del inmueble denominado "El Tamarindo"; c). copia del Decreto y posesión del General Alfredo Duarte Blum del cargo de Comandante General de las Fuerzas Armadas; d) comprobantes de la inscripción del hierro o quemador para marcar ganados a favor de la señora Leonor Isaza de Vásquez; e) carta dirigida por la Caja Agraria, número 362 de 27 de octubre de 1955, que demuestra los pagos hechos por el señor Jorge Vásquez Franco a esa entidad por créditos que se le habían otorgado para su ganadería; f) certificado del Jefe Civil y Militar de los Llanos Orientales, según el cual la fundación "El Tamarindo" fue afectada por la violencia; g) declaraciones extrajuicio rendidas por los señores Gustavo Reyes Calderón, Coronel Luis Alejandro Castillo, Capitán Pío Elberto Riveros Pescador, doctor Jorge Santos, Eulogio Fonseca Galán, Pablo Alberto Figueredo, Eduardo Fonseca Galán, doctor Sergio Reyes Moreno, Capitán Etelberto Guarín Martínez y Capitán Arturo Escrucería Bustos; h) carta dirigida por Eduardo Fonseca a los exrevolucionarios y personal civil, la cual versa sobre algunos hechos afirmados en la demanda ; i) "Anales del Congreso", que relatan algunas exposiciones hechas por el General Gustavo Rojas Pinilla en el proceso que Be le siguió ante el Senado de la República j) partida de matrimonio del señor Jorge Vásquez Franco con la señora Leonor Isaza de Vásquez; k) en tres (3) fojas útiles, documentos que comprueban que los demandantes fueron damnificados; l) algunas declaraciones de renta y patrimonio de los demandantes Jorge Vásquez Franco y Leonor Vásquez, mejor dicho, de Leonor Isaza de Vásquez; ll) copias informales de dos decretos sobre orden público en los Llanos Orientales, y m) nueve documentos informales que acreditan contratos de ventas de ganados, celebrados por el señor Jorge Vásquez Franco, de su ganadería de "El Tamarindo" con varias personas. Durante el término probatorio produjeron además las a que más adelante habrá de hacerse referencia, en lo que fuere pertinente para los efectos de este fallo.

De la demanda formulada se dio traslado al Fiscal Cuarto del Tribunal, quien la contestó admitiendo los hechos quinto, octavo, noveno (parcialmente, en cuánto a la alteración del orden público en los Llanos Orientales), undécimo, duodécimo (también parcialmente, en cuanto a la preocupación del Gobierno por restablecer el orden) y vigesimoquinto; negando los hechos decimosexto, decimoséptimo, decimoctavo, vigesimosexto, vigesimoctavo y trigesimoprimero, y manifestando no constarle los demás. Consecuente con el desconocimiento que hace de los hechos en que principalmente se apoya la acción, se opone a ella y pide que la Nación sea absuelta de los cargos que se le formulan.

La primera instancia terminó con el siguiente fallo proferido por el Tribunal de primer grado en la fecha ya indicada:

"Primero. Declárase que la Nación colombiana es civilmente responsable de los perjuicios materiales y morales que por faltas del servicio sufrieron los demandantes Jorge Vásquez Franco y Leonor baza de Vásquez, al serles sustraídas ochocientas cabezas de ganado de su propiedad del hato 'El Tamarindo', situado en la vereda de Palo Solo o Agua Clara, del Municipio de Zapatosa, Departamento de Boyacá, en los días cinco y seis de septiembre de mil novecientos cincuenta y tres (1953).

"Segundo. Condénase, en consecuencia, a la Nación colombiana a pagarle a los demandantes, Jorge Vásquez Franco y Leonor Isaza de Vásquez, el valor de las ochocientas cabezas de ganado a que se refiere el punto anterior, el cual se fijará mediante el procedimiento señalado en el artículo 553 del Código Judicial, y teniendo en cuenta lo dicho en el capítulo referente a los perjuicios materiales, daño emergente.

"Tercero. Condénase igualmente a la Nación colombiana a pagar a los demandantes mencionados el valor del lucro cesante producido por la pérdida de las ochocientas cabezas de ganado a que se hizo referencia, desde la fecha en que se produjo la sustracción de las mismas y hasta cuando el pago de éstas se verifique.

“ Parágrafo. El monto de esta condena se determinará mediante el procedimiento del artículo 553 del Código Judicial, y teniendo en cuenta lo dicho en el capítulo correspondiente a los daños materiales, lucro cesante.

"Cuarto. Condénase, asimismo, a la Nación colombiana a pagarle a cada uno de los demandantes precitados la cantidad de un mil quinientos pesos ($1.500.00) moneda corriente, por concepto de perjuicios morales no objetivados.

"Quinto. Niégnase (sic) las demás peticiones formuladas en la demanda, de cuyos cargos se absuelve a la Nación.

"Sexto. No se hace condena en costas".

La segunda instancia se ha adelantado con el señor Procurador Primero Delegado en lo Civil, como representante de la Nación.

Este funcionario ha sostenido en esta instancia, en su alegato de conclusión, la incompetencia de los Jueces ordinarios para conocer en el negocio, por cuanto considera que dada la naturaleza de éste corresponde a la jurisdicción especial de lo contencioso administrativo conforme a la doctrina expuesta por el Consejo de Estado en su fallo de 16 de junio de 1959 ("Anales", t. LXI-bis, 110-121). Esta Sala, en providencias de 4 de noviembre de 1959 (XCI, 1265 ss.), 11 de mayo de 1960 (XCII, 1154 ss.) y 31 de agosto de 1962, no publicadas todavía en la Gaceta Judicial (ordinario de Antonio José Restrepo contra la Nación), ha examinado y afirmado la sumisión de casos como al a que se refieren estos autos a la jurisdicción de la justicia ordinaria, sin que para controvertir sus conclusiones se hayan aducido razones distintas de las ya tenidas en cuenta en las mencionadas sentencias, por lo cual no se entiende que sea necesario exponer de nuevo las razones ya expresadas para afirmar la competencia de los Jueces ordinarios en los casos en que el daño es causado por culpa de la administración, desde luego que no se trata de expropiación de los semovientes verificada en los términos del numeral 10 del artículo 34 del Código Contencioso Administrativo.

El hecho cardinal de los en que la parte actora funda su derecho a la indemnización que reclama, es la pérdida de cierto número de cabezas de ganado vacuno sustraídas de su finca "El Tamarindo" a poco de haber asumido las funciones propias del Presidente de la República el ex General Gustavo Rojas Pinilla, sustracción acaecida con motivo de la pacificación de los Llanos Orientales y ejecutada por agentes o secuaces de Eduardo Fonsecá Galán, jefe de las guerrillas que operaban en la región de Cusiana, y por orden de éste, con anuencia del Comandante General de las Fuerzas Armadas, Brigadier General Alfredo Duarte Blum, quien en ejercicio de sus funciones estimuló o favoreció semejante despojo.

Y en efecto:

El ex Teniente General Gustavo Rojas Pinilla, en testimonio dado en la causa, informa que como consecuencia del cambio de Gobierno en 1953, las gentes alzadas en armas en los Llanos Orientales ofrecieron entregarlas y dedicarse al trabajo, para lo que solicitaron seguridad y facilidades, y especialmente que se les dieran dineros al través de la Caja de Crédito Agrario; por lo cual autorizó ampliamente al mencionado Brigadier General para que en su condición de Comandante General de las Fuerzas Armadas, en comisión para la pacificación del Llano, atendiera aquellas peticiones.

Duarte Blum admite, por su parte, que el jefe de las guerrillas del Cusiana, Eduardo Fonseca Galán, quien fuera Suboficial de la Escuela de Artillería cuando el deponente era comandante de ese instituto, le advirtió las dificultades con que el mismo Fonseca tropezaría para disolver las guerrillas, y le insinuó que para evitarlas "podría formarse un fondo de ganados, de unas mil cabezas, que se formaría con contribuciones de los dueños de hatos", idea que al testigo le pareció muy buena, porque sumada a las que tenía para arraigar a los guerrilleros nuevamente a la tierra, haciéndolos propietarios de algo, contribuiría a consolidar la paz en los Llanos; que, en consecuencia, comisionó al doctor Reyna (cuyo nombre dijo no recordar) para inquirir de los ganaderos residentes en Sogamoso su opinión al respecto, ofreciéndose él mismo para hablar sobre el particular con los residentes en Bogotá y en Villavicencio. Acepta igualmente que los demandantes estuvieron en su despacho con el fin de informarle lo ocurrido con su hato, y que él les manifestó que "por el momento nada podía hacer dadas las recientes tareas de pacificación, y que quizás ellos pudieran hacer averiguaciones sobre ganados que pudieran estar en poder de otras personas, que (él) por (su) parre trataría de ayudarles por conducto de las autoridades militares". Pero niega enfáticamente haber autorizado al personal de las guerrillas para tomar ganados de los grandes hatos en proporción al número de cabezas existentes en cada uno, hasta completar mil, pues —son palabras del testigo— "eso hubiera equivalido a tomar bienes de terceros sin el consentimiento de sus dueños, y yo nunca he tenido esas atribuciones ni he tomado tal determinación".

Sin embargo, el señor Jorge E. Santos Salinas, en: declaración dada extrajuicio y ratificada en el proceso, dice: "Es verdad que en compañía de varias personas y por solicitud del señor General Alfredo Duarte Blum, entonces Comandante General de las Fuerzas Armadas, tuve varias reuniones en la casa del General en esta ciudad, reuniones que tenían por objeto el buscar una fórmula a fin de obtener la pacificación de los Llanos Orientales (…). Es verdad que en unión del doctor Fernando Reina M. y del señor Eduardo Fonseca Galán, en ese entonces jefe de los guerrilleros llamados del Cusiana, en los Llanos Orientales, y algunas personas más, tuvimos conferencias con el citado General Duarte Blum. Dichas conferencias tuvieron lugar a partir 9 de agosto de 1953 en la casa de dicho General (…). En un principio se planteó la posibilidad de una contribución directa de los propietarios de hatos en la zona correspondiente, pero éste no se pudo realizar, y muy bien recuerdo que el General Duarte Blum, que a todo momento decía estar investido de amplias autorizaciones o poderes del Gobierno para negociar la paz de los Llanos y la entrega de armas por parte de los guerrilleros, habló de que el Gobierno podía tomar los ganados para entregárselos a Fonseca, y éste, a su vez, los repartiera entre los damnificados (sic), y comprometiéndose en nombre del Gobierno a arreglar después este problema, con los ganaderos afectados por esta medida; autorizó el General Duarte Blum a Eduardo Fonseca para que recogiera los ganados que solicitaba e hiciera la distribución de ellos entre los damnificados (sic). Así lo hizo Fonseca".

Declaración que concuerda con la del Capitán Pío Elberto Riveros Pescador, quien manifiesta: "Es verdad que fui Comandante del Fuerte Militar que el Ejército Nacional tenía acantonado en Cupiagua (Boyacá) durante el período comprendido entre la segunda quincena del mes de agosto y los últimos días de diciembre de 1953), los guerrilleros que tenían sus hogares en la región bajo mi mando después de las distintas entregas de armas en Tauramena, Monterrey y Cupiagua, regresaron a sus hogares y se dedicaron al trabajo y a vivir en paz. De los guerrilleros del Cusiana, al mando de Eduardo Fonseca, después de entregar las armas en Tauramena, al regresar a sus hogares pasaron por Cupiagua y se presentaron al Fuerte exhibiendo el salvoconducto que el Ejército Nacional les había expedido en Tauramena, y en muchos de esos salvoconductos constaba que el portador de él conducía un número determinado de ganado vacuno, unos tres, otros cuatro cabezas que Eduardo Fonseca les había entregado para su recuperación económica, por orden del General Duarte Blum (…). Tuve conocimiento de que el ganado que conducían los guerrilleros que entregaron las armas en Tauramena les había sido entregado por Eduardo Fonseca cumpliendo órdenes del General Duarte Blum, porque así lo decían los salvoconductos que cada uno portaba expedido por el puesto militar del Ejército Nacional acantonado en Tauramena, y porque las instrucciones remitidas de mis superiores decían que ese ganado les había sido donado por el Gobierno para ayudarlos en su recuperación económica y al mismo tiempo para fomentar la repoblación de ganado en la región habitada por el beneficiado (…), entre el ganado que Eduardo Fonseca entregó a los guerrilleros había parte de ese ganado tomado del hato 'El Tamarindo', de propiedad del señor Jorge Vásquez y su esposa, porque vi reses cifradas con la cifra que el señor Vásquez me comprobó con el certificado de empadronamiento que era la cifra con que él marcaba sus ganados del hato de 'El Tamarindo', y porque en la región era muy conocido este ganado y la cifra del señor Vásquez (…), las instrucciones que recibí de mis superiores, como ya lo dije, eran las de que el ganado que Eduardo Fonseca les entregó a los; guerrilleros por orden del General Duarte Blum no podía ser sacrificado para darse al consumo, no podía ser vendido y mucho menos transportado a región distinta a la que el beneficiado con ese ganado había prometido llevarlo, porque se trataba también de conseguir la repoblación de ganado de las poblaciones arrasadas por la violencia".

Lo que a la vez aparece 'conteste con la siguiente declaración del Capitán Etelberto Guarín Martínez: "Fui Comandante del puesto militar del Ejército Nacional acantonado en Pajarito (Boyacá) durante los meses de julio, agosto, septiembre y octubre de 1953 (…). Me consta que después de la entrega de armas en los sitios anteriormente citados, los guerrilleros habitantes de la región que estaban bajo mis órdenes regresaron a sus hogares y se dedicaron a trabajar honradamente y a vivir en paz. Los que pasaban por el puesto militar presentaban el salvoconducto de que iban provistos, expedidos por el puesto militar en donde habían entregado las armas; unos pocos no conducían ganado vacuno, pero la mayoría llevaban, unos tres cabezas y otros cuatro, y en los salvoconductos de los que portaban ganado tenían una nota que decía que el beneficiado conducía determinado número de ganado, que el comandante guerrillero Eduardo Fonseca Galán les había entregado por orden del Comandante de las Fuerzas Armadas de Colombia, General Duarte Blum, para ayuda de su rehabilitación económica (…), el salvoconducto a que hice mención en el punto anterior decía que el número de cabezas de ganado vacuno que el beneficiado conducía le había sido entregado por Eduardo Fonseca Galán y por orden del General Duarte Blum (…), además recibí instrucciones de mis superiores jerárquicos de que no permitiera que este ganado (…) fuera objeto de comercio, sino que debía permanecer en la región para dedicarlo a la cría".

Todo lo cual coincide con lo que depone el señor Sergio Reyes Moreno: "Por conducto del Coronel Ahumada —afirma Reyes—, en ese entonces Comandante de la Primera Brigada con asiento en Tunja, fui llamado por el General Alfredo Duarte Blum a presenciar la entrega de las armas del grupo que comandaba Eduardo Fonseca y otros, como también a acompañar a una comisión de la Cruz Roja que llevaba víveres, vestuario; e implementos de servicio doméstico, entrega que se verificó el nueve de Septiembre de 1953 en el Municipio de Tauramena (…).

Durante estos actos de la entrega de armas, se dirigió a mí, en mi carácter de ganadero y de Presidente del Comité de Ganaderos de Casanare uno de los señores Roa, comandante de las guerrillas del Upía, con el fin de manifestarme la exigencia que ellos hacían de que también se les debía dar ganado de los hatos del Llano para repartirlo entre sus compañeros de armas y los civiles damnificados durante la anterior época de violencia (…), yo manifesté mi oposición a esta exigencia, puesto que estaba allí, no como representante del gremio ganadero de los Llanos y con autorizaciones para obrar en nombre de ellos, sino como invitado al acto de entrega de las armas (…), cuando el General Duarte Blum tuvo conocimiento de mi concepto desfavorable a lo exigido por Roa, se disgustó y manifestó que todo estaba arreglado, y que tanto así era que yo llevaba determinada suma de dinero que ganaderos de los Llanos habían aportado, con el fin de auxiliar a los guerrilleros en su movilización".

Estos testimonios, de los cuales dos de Oficiales del Ejército en servicio activo en la época y en la región en que los hechos ocurrieron, Comandantes de puestos militares que por razón de su oficio tuvieron a la vista los salvoconductos exhibidos por los ex guerrilleros y recibieron instrucciones respecto de las condiciones en que a éstos se habían entregado cabezas de ganado por orden del General Duarte Blum, sacan a Eduardo Fonseca Galán, verdadero en el relato que hace de lo sucedido: (...) Por invitación del Gobierno afirma Fonseca— yo viajé a Bogotá y tuve varias conferencias con el Comandante de las Fuerzas Armadas, General Duarte Blum, a estas conferencias me acompañaron los doctores Fernando Reina Moreno, ya fallecido, y el doctor Jorge Santos, y me parece que el doctor Néstor Sandoval (…). Después de estudiar varias fórmulas, que se abandonaban por difíciles de adoptar, el General Duarte Blum me autorizó, o mejor dicho, me ordenó que mandara coger el ganado que para tal fin solicitaba de los hatos grandes del Llano dentro de la zona a mis órdenes; y que los repartiera entre los damnificados antes de la 'entrega de las armas, que debía verificarse el día nueve de septiembre en la población de Tauramena, esta orden me la dio en presencia de los doctores Reina, Santos y Sandoval. Recuerdo que le pregunté al General Duarte Blum si no había algún peligro para los que recibieron estos ganados una vez viniera la paz y los propietarios damnificados regresaran a sus hatos, y el General me contestó que él me daba esa autorización con plena autoridad del Presidente de la República, y que me respondía de que nada pasaría porque el Gobierno se arreglaría con los ganaderos en caso de algún reclamo, y que antes le llevara unas cabezas de ganado a Tauramena para el día de la entrega de armas, porque allí estaba escasa la carne (…), yo envié un grupo de hombres para que sacaran los ganados de los hatos más próximos, en una cantidad no inferior a mil cabezas, con el fin autorizado por el General Duarte Blum (…), los ganados para la repartición noté que la mayoría pertenecían a los esposos Jorge Vásquez y Leonor Isaza de Vásquez, que ellos poseían en su hato denominado 'El Tamarindo', en jurisdicción de Zapatosa, hoy Agua Azul, y una mínima parte era del hato 'Crimanio', de propiedad del señor Eusebio Moreno; de las mil reses, ochocientas eran de los esposos Vásquez Isaza y doscientas del señor Moreno (…). Los que los recibieron los condujeron a sus fincas pasando por diferentes puestos militares, en donde recibieron ayuda y garantías, entre otros por el de Pajarito, comandado por el Capitán Etelberto Guarín Martínez, y además los salvoconductos que el Ejército dio a los guerrilleros y civiles el día de la entrega de armas en Tauramena, comprueban el recibo de estos ganados que amparaba su entrega, ganados que los beneficiados debían dedicar únicamente a la cría para lograr la repoblación de ganado de la región".

Los señores Eulogio Fonseca Galán, Pablo Alberto Figueredo, Antonio Galán Ayala y Erasmo Díaz declaran, por su parte, haber sido ellos quienes, por orden de Eduardo Fonseca Galán, sacaron el ganado de "El Tamarindo" en número de ochocientas cabezas.

A propósito de los testimonios de los dos Fonsecas y de Figueredo, Galán y Díaz, dice el señor Procurador Delegado que "con un criterio errado desde la iniciación del proceso civil, el Tribunal Superior aceptó la solicitud de que se recibieran declaraciones bajo juramento a, quienes aparecían como autores, cómplices o auxiliadores de un hecho que daba fundamento para adelantar 'una investigación criminal, y así colocó a esas personas en la grave alternativa de declarar contra sí mismo so faltar a la verdad, con violación del principio consagrado en el artículo 26 de la Constitución, reproducido en el 227 del Código de Procedimiento Penal y acogido en el 674 del Código Judicial"; para agregar más adelante: "(…) estos ex guerrilleros aceptan hechos pero alegan en su favor la excusa de una orden militar, es decir, la confesión calificada que plantea el problema de su divisibilidad o indivisibilidad", por lo cual "cree la Procuraduría que ellas adolecen de nulidad intrínseca o sustancial, esto es, la que según Carrara— de haber examinado como testigo a quien no podía serlo y acerca de circunstancias que podían llevarlo a confesar su propio delito"; de donde deduce la consecuencia de que tales declaraciones no pueden tenerse como legalmente producidas en el proceso.

El principio consagrado en el artículo 25 (no en el 26) de la Carta es el de la libertad del testigo para declarar o no en contra suya o de sus más próximos parientes. Esa norma, reproducida literalmente en el artículo 227 del Código de Procedimiento Penal y desarrollada en el 674 del judicial, no prohíbe al testigo declarar contra sí mismo ni contra sus parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad' o segundo de afinidad, sino obligarlo a declarar si no se allana a hacerlo voluntariamente. Así lo ha entendido la Corte, quien en sentencia de 6 de diciembre de 1951 declaró inexequible el artículo 226 del Código de Procedimiento Penal, porque al disponer que "no se recibirá a nadie declaración contra su consorte, ni contra sus ascendientes, descendientes o hermanos", violaba la garantía específica de libertad para rendir testimonio que el artículo 25 de la Constitución consagra. "El artículo 226 —dijo entonces la Corte— viola el 25 de la Constitución Nacional. Aquél (se refiere a éste obviamente) estableció prohibición de obligar a nadie a declarar contra determinados parientes; con dicha prohibición va implícitamente envuelto el reconocimiento de una, facultad para el testigo, de declarar o de abstenerse de hacerlo, con la correlativa obligación para el funcionario de recibírsela cuando aquél opte por rendirla; por lo tanto, al pronunciarse el legislador ordinario por la rotunda prohibición contenida en el artículo 226 del Código de Procedimiento Penal, no otra cosa hizo que ampliar los términos de aquella garantía consignada en la Constitución (CLXX, 738). La nulidad que en este caso alega el Ministerio Público, apoyado en la autoridad de Carrara, no tiene, pues, cabida en el sistema probatorio vigente, porque la regla legislada de la cual pudiera predicarse el concepto doctrinal del maestro italiano no existe en los Códigos de Procedimiento• Civil ni Penal por haber sido declarada inexequible precisamente por contrariar el principio de la libertad del testigo, que como una excepción a la regla general de la obligación de rendir testimonio contiene el artículo 25 de la Constitución.

También impugna el Procurador la sentencia de primer grado, por apoyarse en la existencia "de documentos oficiales o salvoconductos portados por los guerrilleros, en los que se decía, según algunos testigos, que conducían ganados entregados por Eduardo Fonseca, cumpliendo órdenes del General Duarte Blum", sin que tales documentos o salvoconductos se hubiesen allegado al proceso en la forma señalada en el artículo 632 del Código Judicial, sino establecido su expedición con prueba testimonial.

Se pierde de vista en la expresada crítica que lo que se trataba de acreditar no es algo que para ser comprobado requiera la prueba instrumental sino un hecho susceptible de serlo con otro género de prueba; y que el artículo 632 no se propone establecer una prueba técnica o específica que excluya otras especies probatorias, sino reconocer a los documentos a que se refiere el valor de prueba completa, por lo cual un hecho que estaría suficientemente demostrado con un instrumento expedido como esa disposición prescribe puede también comprobarse, en defecto de ese instrumento, con otras pruebas a las cuales, la ley asigne el mismo mérito probatorio:

La Corte comparte el criterio del Tribunal al atribuir a los testimonios que preceden el mérito de plena prueba del despojo, y de que éste se realizó con la aquiescencia del Comandante General de las Fuerzas Armadas, porque proceden de quienes conocieron los hechos en virtud de las funciones que desempeñaban o por haber intervenido, en ellos, y sus aserciones demuestran hechos o circunstancias que considerados en conjunto y puestos en relación no dejan duda de la verdad de las respectivas afirmaciones de la demanda. La declaración de Eduardo Fonseca Galán, en quien se podría suponer interés en falsear la realidad para descargar en el Comando Militar una responsabilidad propia, concuerda, sin embargo, con lo manifestado por otros testigos que no tienen el mismo interés, y se halla corroborada con los testimonios de Jorge E. Santos Salinas y Sergio Reyes Moreno, que informan, el primero, que estaba presente cuando el General Duarte Blum autorizó a Fonseca para tomar el ganado, como en efecto lo hizo éste, y el segundo, que el mismo General Duarte le advirtió que "todo estaba arreglado", en respuesta a la manifestación que hiciera el testigo adversa a la exigencia de los guerrilleros, de que se les distribuyera ganado por los dueños de hatos. El mismo General Duarte pone de manifiesto su propósito de hacer a los alzados en armas dueños de algo para arraigarlos de nuevo a la tierra y consolidar de este modo: la paz en el Llano, y expresa que por ello le pareció muy buena la idea de Fonseca de formar un fondo de ganados para repartir entre ellos. Y los Capitanes Pío Elberto Riveros Pescador y Etelberto Guarín Martínez, Comandantes de los puestos militares de Cupiagua y Pajarito, acreditan dos hechos: haber dado las autoridades militares instrucciones a los puestos o fuertes de la región en que se hacía referencia a que los ganados conducidos por gentes de armas, que las habían depuesto recientemente, les habían sido entregados por Eduardo Fonseca y por orden del General Duarte Blum, e ir tales ganados amparados con salvoconductos del Ejército, en que se hacía la misma referencia. Hechos, estos dos últimos, indicadores de la verdad de lo expresado por Santos Salinas y Reyes Moreno, y que concurren con los testimonios de éstos, por lo tanto, a demostrar la exactitud de la declaración de Fonseca.

Pero con la finalidad de insistir en la incompetencia de la jurisdicción ordinaria para conocer del litigio, opina el. Ministerio Público que aún aceptado, por vía de análisis, que el General Alfredo Duarte Blum, en su condición de Comandante General de las Fuerzas Armadas, impartió una orden verbal, o autorizó a Eduardo Fonseca Galán para retirar de diferentes sitios una determinada cantidad de ganado, con el fin de auxiliar a las gentes pobres de la región devastada por la violencia, y como contribución forzosa impuesta a los ganaderos para lograr el restablecimiento del orden público, tenemos que se reúnen, las circunstancias exigidas en el artículo 33 de la. Constitución Nacional para el tipo especial de expropiación o requisición en él previsto"; o por lo menos para configurar un hecho administrativo que no produce acción ante los Jueces ordinarios, sino ante la jurisdicción especial de lo contencioso administrativo. 

Sin necesidad de entrar en el examen de las condiciones en que pueda realizarse la expropiación en tiempo de guerra, la hipótesis resulta inconciliable con lo manifestado por el entonces Comandante General de las Fuerzas Armadas, que en lo que a este punto concierne da la medida del acto, sin que, por otra parte, tal hipótesis encuentre fundamento en otras pruebas allegadas a la causa. El hecho administrativo es cierta actividad de la administración que por lo común tiene efectos jurídicos, y que en el caso concreto establecido en estos autos sería el resultado de un acto administrativo anterior, puesto que tendría por objeto ejecutar una decisión de la autoridad administrativa, que para el caso lo era la militar: la de requisar cierto número de cabezas de ganado con fines de servicio público; esto es, que debería de ser la consecuencia de una manifestación de la voluntad del Estado expresada dentro de la esfera de facultades del funcionario con el ánimo de producir un efecto jurídico (el acto administrativo es una declaración de voluntad que hace una autoridad administrativa en el ejercicio de una facultad legal). Sin embargo, el General Duarte Blum niega haber ordenado o siquiera haber autorizado la requisición, acto para el que afirma que carecía de facultad, y del cual dice que "hubiera equivalido a tomar bienes de terceros sin el consentimiento de sus dueños", y que él no tenía tales atribuciones ni tomó esa determinación y como el acto administrativo, como declaración que es de la voluntad del Estado, supone una forma, así sea verbal, pero que en todo caso exprese el propósito serio de ejercitar el poder decisorio de aquél para producir un efecto jurídico, y en este caso la autoridad a quien se atribuye la orden niega haberla dado y aun tener facultad para darla, es evidente que no fue su propósito realizar una expropiación, ni en forma alguna tomar una decisión de carácter administrativo en ejercicio de la autoridad pública de que estaba investido. Y así, el hecho que privó de sus bienes a los demandantes asume el carácter de una simple vía de hecho autorizada o por lo menos cohonestada por la autoridad que en la zona militar era responsable de la seguridad de las personas y de la de sus bienes, o sea como la consecuencia de la incitación a cometer un hecho ilícito o de la tolerancia de él por, parte de la autoridad que estaba obligada a evitarlo, de las cuales se sirvió Fonseca para realizarlo; por lo cual esa incitación o esa tolerancia a suman el carácter dé una culpa del servicio que por acción u omisión compromete la responsabilidad del Estado, con acción deducible ante la justicia ordinaria, según la doctrina de la Corte atrás aludida, pues que procede de una autoridad pública en ejercicio de la función que le estaba encomendada.

La parte actora, por su parte, pide la modificación de la sentencia de primer grado para que el resarcimiento se extienda "al pago de los perjuicios sufridos por haber tenido que abandonar los demandantes la fundación que tenían en los Llanos Orientales", y de "las trescientas cabezas de ganado vacuno de que se apoderaron los guerrilleros del Upía, Carlos Roa y Gabriel Roa, según lo declaran constantemente los testigos Antonio Galán Ayala y Erasmo Díaz"; esto es, para que se' hagan las condenas solicitadas en el literal a) de la petición segunda de la demanda y en el b) de la misma petición, en cuanto la pretensión se extiende a un número mayor de cabezas de ganado del que se concreta en la parte resolutiva del fallo.

Pero sucede que en el proceso no hay prueba de que la finca o fundación que se menciona en el literal a) de la petición segunda de la demanda, se haya perdido para sus dueños "con sus casas de habitación, corralejas de madera, sembradíos de yuca y plátano, y cercas de potreros", ni del nexo de causalidad entre el abandono de tales bienes y un hecho imputable al Estado, ya que la circunstancia de que el Comando de las Fuerzas Militares hubiera permitido que los demandantes fueran despojados de un determinado número de cabezas de ganado vacuno no les privaba del disfrute del resto de sus bienes; ni tampoco aparece demostrado que las reses que del hato "El Tamarindo" tomaron Carlos y Gabriel Roa hubieran sido sacadas con anuencia de las autoridades militares, como así aconteció con las que repartió Fonseca Galán. Bien pudo ocurrir que los Roas vieran en la autorización dada a Fonseca, la coyuntura de tomar ganado ajeno con posibilidades de indemnidad, y también que la despoblación del hato pusiera los demandantes en situación de no poderlo atender como antes lo hacían, bien por escasez de medios económicos, ya por temor a futuras depredaciones; mas ni aquella coyuntura, ni esta despoblación aparecen como causas determinantes del daño que se alega. La relación que ha de existir entre la causa y el perjuicio para que haya lugar a resarcimiento ha de ser de tal naturaleza que el perjuicio no se hubiera producido sin dicha causa, o en otras palabras, que entre la producción del daño y la conducta del agente al cual se le atribuye exista una conexión de tal índole que de la realidad de esa conducta se llegue lógicamente al conocimiento del daño; y de la sola permisión de que hizo uso Fonseca no se llega al conocimiento de actos de despojo distinto a los realizados por él, y menos aún a la completa pérdida de la finca. La conducta del Comando Militar en lo relativo a las exigencias de Fonseca, en realidad puede ser considerada como la ocasión de que se sirvieron los Roas para actuar como lo hicieron, pero no como la causa determinante de la acción de éstos, mayormente cuando de los autos resulta que desde antes de la llamada Paz de Tauramena eran frecuentes los actos de depredación cometidos por gentes en armas en los hatos del Llano.

Por las razones expuestas, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Negocios Generales; administrando justicia en nombre de la República de Colombia y por autoridad de la ley, confirma la sentencia proferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá el doce de agosto de mil novecientos sesenta y uno.

Sin costas.

Publíquese, cópiese, notifíquese, insértese en la Gaceta Judicial, y devuélvase el expediente al Tribunal de origen.

Magistrados: Ramiro Araújo Grau, Efrén Osejo Peña, Carlos Peláez Trujillo, Luis Carlos Zambrano.

Jorge García Merlano, Secretario.