Sentencia de septiembre 1º de 1987

• CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN PENAL

DICTAMEN PERICIAL

Según el método grafométrico los aspectos cuantitativos del manuscrito constituyen la clave en las investigaciones. En este medio de prueba es el procedimiento técnico, científico, el que convencerá al juez de su acierto o desatino

Magistrado Ponente:

Dr. Gustavo Gómez Velásquez

Bogotá, D.E., primero de septiembre de mil novecientos ochenta y siete.

Aprobado Acta Nº 60

VISTOS:

Se pretende la revisión de la causa adelantada contra José del Carmen Rodríguez (y otros), a quien el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá (mar. 31/86), confirmando en todas sus partes la sentencia emitida por el Juzgado Tercero Penal del Circuito (nov. 30/85), condenara a la pena principal de seis (6) meses de prisión y multa de quinientos pesos ($ 500), como cómplice material del punible de estafa en grado de tentativa.

La sala, en la fecha, ha acordado aplicar el anterior Código de Procedimiento Penal a las demandas de revisión presentadas con anterioridad al primero (1º) de julio del año en curso, fecha en que empezó la vigencia del actual ordenamiento procedimental.

La validez de los fallos la controvierte el recurrente al amparo de la causal 5ª del artículo 584 del Código de Procedimiento Penal (el anterior), a saber:

“Cuando después de la condenación aparezcan hechos nuevos o se presenten pruebas, no conocidas al tiempo de los debates, que establezcan la inocencia o irresponsabilidad del condenado o condenados, o que constituyan siquiera indicios graves de inocencia o irresponsabilidad”.

Y, así precisa el demandante la existencia de los hechos nuevos en este caso concreto:

“1. La denunciante Albenis Sánchez Osorio, redactó y escribió de su puño y letra el documento anónimo que obra a los folios 659 y al 659-V del cuaderno original del expediente, anónimo que aportó al proceso como prueba de que ella era víctima de unos supuestos estafadores y que le permitió sindicar, luego, a Farid Rojas Castro y a N. Trujillo como autores materiales.

2. Inexistencia real, objetiva, del supuesto “doctor N. Trujillo” a quien (repito), la denunciante sindica de haberle quitado la boleta ganadora, y el fallador ad quem señala como autor intelectual. Este personaje es una creación de Albenis Sánchez Osorio dentro de la trama urdida por ella para engañar a la justicia. Al no aparecer determinado este sindicado como persona natural cierta, no se le llamó a juicio. Pero el ad quem, basada en la sola denuncia de Albenis Sánchez, y rompiendo la unidad del proceso, ordenó abrir investigación para establecer su existencia. De este nuevo proceso conoce el Juez Quinto Penal del Circuito de Bogotá (Exp. 11.420).

Dados estos dos hechos nuevos, y puesto que ninguno de los testigos de cargo vio en manos de Albenis Sánchez Osorio la boleta tantas veces mencionada, ni la vieron en manos de otras personas antes de que la retuvieran los agentes de policía del F-2, ni la tuvieron en las suyas propias, se infiere lógicamente, que la denunciante jamás fue poseedora de dicha boleta. Pero supo de su existencia y (sola o en asocio con otros), procedió a tejer la trama para engañar a la justicia, y apoderarse, por este medio, de dicha boleta...”.

2. No se ve cuál sea el fundamento para la terminante aseveración de que el “doctor Trujillo” sea persona inexistente que sólo tuvo vida en la mente de la denunciante y perjudicada Albenis Sánchez Osorio. Al respecto siguen conservando validez las apreciaciones del tribunal: “... El proceso vislumbra que el atentado contra el patrimonio económico producto del azar de Albenis Sánchez Osorio, empieza a gestarse cuando la ingenua mujer coloca en manos del anónimo doctor Trujillo la boleta ganadora. Infortunadamente, sobre este aspecto la prueba luce demasiado deleznable, ya que los funcionarios de instrucción poco fue lo que hicieron para procurar la identidad de este individuo, cuya existencia es real...

“¿Por qué se aduce que el doctor Trujillo tiene existencia real? Sin lugar a dudas atendida la personalidad y grado de cultura de los procesados Farid Rojas Castro, José del Carmen Rodríguez y Paulino Rincón Susa, les era difícil, si no imposible, urdir astuta y ladinamente un timo de semejantes magnitudes. Al contrario, estos tres individuos fueron utilizados como instrumentos de los autores intelectuales anónimos, para poder hacer circular la boleta ganadora de la que fue despojada Albenis Sánchez Osorio”.

La orden de expedición de copias para que se investigara a los autores intelectuales, fue inclusive motivo para que se demandara el reconocimiento de una nulidad de rango supralegal “por no haber sido (el doctor Trujillo) vinculado por el procedimiento legal, omitiéndose su emplazamiento y declaratoria de reo ausente”, solicitud que fue denegada por auto de 11 de abril de 1980, el cual, al ser apelado, mereció las siguientes consideraciones del tribunal: “Ciertamente que una vinculación de personas presuntamente incriminadas, debe hacerse mediante diligencia de indagatoria, o cuando es imposible, mediante emplazamiento y declaración de reo ausente. Sin embargo, éste debe prosperar cuando se ha determinado fehaciente y palmariamente la identidad del autor o autores de la ilicitud, evento que no se da en este proceso penal, ya que la persona que hemos reseñado, o las que puedan eventualmente estar comprometidas ya como autores materiales, ora intelectuales, carecen de plena identificación...

... Precisamente los delincuentes habituales suelen ser los que llegan a usar varios nombres y apellidos y mal podría la ley amparar esta treta brindándoles la manera de hacer anular sus procesos con la esperanza de conseguir la impunidad...

... Cuando la sala conoció en segunda instancia del auto de proceder, evidenciando supuesta participación de Trujillo en los acontecimientos delictivos, tuvo que dar aplicación al artículo 482 del Código Adjetivo Penal, ordenando se compulsaran las copias para que la autoridad competente investigara hasta la saciedad, no solamente su identificación, sino su participación en el reato...”.

Es, pues, a todas luces, irrelevante la alegación, como quiera que la presentación que se hace como de “hecho nuevo” es impertinente y no consulta la realidad procesal.

3. Cuando se estudia la demanda se tiene la convicción de que, en mucho, es un simple alegato de instancia, habiendo sido la mayoría de sus argumentaciones ampliamente debatidas en el proceso. Así, por ejemplo, se insiste en que no fue posible la entrevista de Albenis Sánchez “con el supuesto doctor Trujillo, en el interior de las oficinas de la Cruz Roja (Cra. 9ª Nº 19-65 de Bogotá), habiéndose demostrado, mediante inspección judicial, la imposibilidad absoluta para que personas extrañas a los empleados de esa entidad, o sea extraños al personal de planta, pudieran penetrar y permanecer en los interiores de esas oficinas sin la orden expresa del gerente o subgerente”. Esto se analizó inclusive en sede de casación, y allí se dijo: “Es cierto que no se menciona en la sentencia de segunda instancia la diligencia de inspección judicial, pero también lo es que la misma no tiene la capacidad probatoria que el recurrente pretende, porque en la prueba cuya existencia se desconoció en criterio del impugnante, se verificó que efectivamente la vigilancia de las dependencias de la Rifa de la Cruz Roja estaban a cargo de la Policía Nacional y de una firma privada y que era de tal naturaleza efectiva que se hacía imposible el acceso de extraños a las dependencias interiores de la lotería, pero si se atiende a lo expresado por la denunciante y ofendida, es obvio que ella en ningún momento afirma haber ingresado a dependencias distintas de aquellas donde de manera general se atiende al público que acude al cobro de sus premios o en busca de cualquier tipo de información. Es decir, que en ningún momento existe incompatibilidad entre lo verificado en la diligencia de inspección judicial y las conclusiones a que llegan las instancias...”.

Ahora, si bien en la segunda instancia no se menciona expresamente la diligencia de inspección judicial, sí lo fue en la primera, y es bien sabido —así lo tiene sentado la jurisprudencia—, que ellas integran una verdadera unidad.

Se aparta también de la realidad procesal aquello de que nadie vio en manos de la denunciante Sánchez la boleta ganadora, cuando es precisamente la testigo Lucila Figueroa Muñoz quien se encarga de darle un mentís rotundo a tal aserto. Y, es más, por prueba científica se logró demostrar que la boleta ganadora sí estuvo en poder de Albenis, así como con prueba testimonial.

Igual sucede con la siguiente afirmación del demandante: “Los falladores de instancia tuvieron por demostrado el hecho de que la demandante escribió su nombre y el de su hija en la boleta Nº 8402, serie 28, a pesar de que los grafólogos del DAS y de Medicina Legal rindieron dictamen diciendo que “no se puede establecer si estos nombre y apellidos fueron elaborados por Albenis Sánchez Osorio””. Esto también fue suficientemente debatido en el proceso. En casación, por ejemplo, se hizo, pero bajo un matiz distinto. Veamos: “No comparte la sala las apreciaciones que se hacen para fundamentar el segundo cargo, a la luz de la causal primera de casación, por violación indirecta de la ley, por haberse ignorado en el fallo impugnado una prueba legalmente practicada y concretamente la de Medicina Legal, cuando en la conclusión del dictamen grafológico se sostiene que no fue posible precisar quién realizó los grafismos parcialmente borrados que aparecen en el reverso de la boleta cuya propiedad se disputa; porque la realidad es que tanto en el fallo de primera instancia, como en el de segunda, se mencionan los diversos dictámenes grafológicos que fueron practicados en el curso del proceso; y en el fallo impugnado de segunda, se hace un análisis del dictamen realizado por los expertos del DAS en el que se concluye que “dicha boleta presenta al dorso una alteración por medio de borrado mecánico y al ser sometidas las casillas premio mayor y tercer premio a filtros especiales y sistema fotográfico, se logró captar los términos Albenis Sánchez, Ana Liliana y la vocal “E” mayúscula.

En las condiciones anteriores, no puede aceptarse la argumentación del recurrente, porque en relación con la prueba que se analiza, no puede predicarse el falso juicio de existencia, porque en realidad la prueba fue tenida en cuenta y debidamente analizada y ni siquiera podría proponerse la existencia de una contradicción entre los dictámenes de Medicina Legal y del DAS porque, mientras el primero afirma que no fue posible determinar la autoría de los grafismos que aparecen en el anverso de la tantas veces citada boleta ganadora —y ello es explicable puesto que fue sometido a proceso de borrado—, el dictamen del DAS, sin atribuir autoría a nadie, afirma que por diversos sistemas científicos se logró demostrar que los vocablos que aparecen borrados imperfectamente tienen el texto de Albenis Sánchez, Ana Liliana y la vocal “E” mayúscula.

Está, pues, claro que los falladores no fueron contra lo dictaminado por Medicina Legal y el DAS, como hábilmente lo pretende hacer creer el impugnante. El que no se hubiera podido afirmar, mediante dictamen grafotécnico y precisamente por haber existido borrado mecánico, que el manuscrito fue obra de Albenis, no comportaba que el juzgador hubiera de desconocer lo que sí afirmaba el DAS de la presencia de su nombre y el de su hija al dorso de la boleta ganadora, lo que unido a otras pruebas y a lo que desde siempre afirmó la denunciante, conducía con creces a la sentencia condenatoria.

Es del caso reiterar ahora lo que la Corte repetidamente ha sostenido: la cosa juzgada, que en el penal no es un dogma de absoluta e incontrastable vigencia, exige para su desconocimiento de elementos muy precisos, indicados por la ley y la doctrina, los cuales desechan, con rotundo énfasis y en forma pacífica, la posibilidad de controvertir en este recurso extraordinario de revisión la prueba considerada por el juzgador y que se mantiene en el mismo estado en que obró para la sentencia.

4. Que fue Albenis Sánchez Osorio quien redactó “de su puño y letra el documento anónimo que obra a folios 659 y al 659-V del cuaderno original”. Para demostrar este aserto se trae a los autos un dictamen grafológico emitido por la firma “Grafólogos Asociados”. Se trata de un concepto no oficial en el que se hace un cotejo de manuscritos, utilizando, según se afirma, el método grafométrico, del que, como es sabido, fueron Persifor Franzar y sus sucesores Humbert y Langenbruch quienes sentaron sus bases, ante la simplicidad comprobada ineficacia del procedimiento morfológico. Para ellos los aspectos cuantitativos del manuscrito constituían la clave de este tipo de investigaciones. Empero, sus complejos métodos de examen fracasaron y sólo después de Locard y de Osborn logró estructurarse un método grafométrico racional.

Hay todavía, en la grafotécnica, según afirman los estudiosos de estas disciplinas, grandes vacíos que obviamente dificultan la exactitud de las mediciones, las que presuponen de otra parte, abundancia de material de trabajo. No puede olvidarse que esta disciplina opera con base en promedios estadísticos y que sólo con idóneas y copiosas muestras puede garantizarse la eficacia de los diferentes índices. El método grafométrico, se afirma, puede y debe emplearse como complemento de muchos exámenes grafonómicos y señaléticos, pero no es como piensan algunos, una especie de “lámpara de Aladino”, que despeje totalmente la oscura problemática de la autenticidad grafoescritural. Se trata simple, lisa y llanamente, de un método de comprobación estadística y matemática que, racional y cuidadosamente empleado, sirve como complemento de otros análisis más rigurosos.

En el punto sexto de la experticia se lee: “Cabe preguntar aquí, por qué el autor del anónimo, escribio (sic) con tanta exactitud el nombre Albenis, por qué no se equivoco (sic) y por ejemplo, lo escribi (sic) Alvenis con V, es más, por qué razón siendo este nombre poco común no lo escribio (sic) Albernis, o Albanis y otros de más fácil confunción (sic) para una persona que escucha por una sola vez, este factor unido a lo dicho en el punto anterior, es prueba suficiente para identificar al autor de los escritos”.

Esos son los análisis más rigurosos que presenta el dictamen pericial. Bastaría pensar, como réplica, que muchas veces los niños coinciden en escribir palabras de complicada ortografía correctamente. O que aquí el simple azar fue el que llevó a estampar el nombre con exactitud y, por qué no, que el autor del anónimo fuera una persona de vasta cultura. O que quien lo escribió, distinto a Albenis, desde luego, no era la primera vez que lo escuchaba. Pero lo que sí es incuestionable es que la consideración presentada por el experto no permite en manera alguna consolidar la prueba de comprometimiento para la denunciante Albenis Sánchez Osorio como autora del anónimo, y menos decir que unida a la exploración grafométrica, sobre todo de la manera como se hizo en el caso de autos (sin abundantes muestras, probablemente sobre “muestras tomadas directamente de los originales”; si en el juzgado, lo que no sería científico, como quiera que entonces no podría contarse con el laboratorio apropiado, o si se trasladó el material de trabajo al laboratorio, de lo que no hay constancia legal, en fin), es prueba suficiente para colocar la autoría en Albenis.

Es que las meras suposiciones, las simples conjeturas, ni son de por sí pruebas, ni pueden contribuir a fortalecer ninguna otra, si es que ésta existe. El “argumento” carece de consistencia y significación. No se puede afirmar, sin caer en la ligereza, que como el nombre Albenis fue bien escrito, tuvo que serlo por ella misma, porque otra persona fatalmente lo escribiría mal.

En el numeral duodécimo del dictamen se afirma: “Los escritos estudiados, tanto el anónimo como el dictado, presentan una muy buena ortografía (sic), son escasos los errores de esta índole (sic), se pudo comprobar que las palabras que llevan acento, lo estan (sic) por Ejemplo (sic), “Bogotá” renglón 1, folio 569 y “José” renglón 1, folio 501, lo cual significa mucho desde el punto de vista del estudio que nos ocupa, de lo cual se deduce que los escritos provienen de una persona de cultura media, que practica y se esfuerza por mejorar su cultura”.

Pero la verdad es que en el anónimo existen palabras escritas de la siguiente manera: “dicimos”, “nadies”, “entonses”, “bolvamos”, “vova”, “vien”. Y, en el dictado a que alude el experto se lee: “Sanchéz”, “Rodrigués”, etc. No se ve, entonces, cómo puede predicarse en ellos la presencia de una muy buena ortografía”, a no ser que ésta no se posea, lo que parece acontece en el presente caso, donde la experticia obran alrededor de cuarenta y cinco (45) errores ortográficos. Y recuérdese que el verdadero experto no sólo debe cuidar su ortografía, sino que debe realizar estudios intensos en ciencias biológicas, sicológicas y fisico-químicas, amén de un conjunto sobresaliente de artes y oficios. Por eso se ha dicho que, sin información biosíquica, esto es, sin bases anatómicas, fisiológicas, fisiopatológicas, sicológicas, neurológicas y siquiátricas, es muy difícil identificar en un caso dado el gesto gráfico vertido en un documento.

No deja de extrañar que, siendo como es que quien escribe un anónimo busca desdibujar las peculiaridades de su normal manera de escribir, aquí se pase por alto tan elemental conocimiento y se coloque precisamente el escrito dubitado, donde se halló contra toda existencia una preciosa ortografía, como índice de que proviene “de una persona de cultura media, que practica y se esfuerza por mejorar su cultura”. No solamente se encontró lo imposible, sino que sin acudir a otros mecanismos o explicaciones, se concluye en contra de lo que enseña el proceso: que Albenis es una mujer ingenua, de baja escala de cultura, como exactamente la analizó el tribunal.

Hay un momento en que el experto se confiesa y acepta que “... las grafías no son tan exactas por lo que se tiene que enfocar el estudio hacia múltiples detalles, algunos simples como los descritos anteriormente, para llegar a la verdad”. Fundamentar así una demostración técnica de esta índole, tan delicada en su composición como trascendente en sus efectos, no es arbitrar razones para su acogimiento sino, por el contrario, ofrecer motivos para su desvirtuación, mas cuando de lo que se trata es de dar vía a un procedimiento que puede conducir a remover la intangibilidad de la cosa juzgada.

Recuérdese que, en estas materias, el medio de prueba no es propiamente el dictamen del perito, sino el procedimiento técnico, científico que emplee para su examen, que es en definitiva el que convencerá al juez de su acierto o desatino. Por eso se ha dicho que cuanto interesa al juzgador, tratándose de la pericia documentaria, no es la conclusión en sí, sino la forma como ella fue adoptada.

Y aún en el caso de ser el dictamen formalmente perfecto, está sometido a la apreciación del juez, quien para aceptarlo o rechazarlo, en todo o en parte, deberá dar razón escrita a favor o en contra. Ello no significa cosa distinta a que no es por sí mismo, plena prueba.

En el caso sub exámine, el cotejo sólo fue generoso en desatinos, como quedó expuesto.

5. Pero aún aceptando, y sólo en gracia de discusión, que el dictamen emitido prueba que Albenis Sánchez Osorio fue quien lo escribió, ninguna eficacia tendría en orden a anular, por la vía de la revisión, la sentencia proferida. En efecto, la sentencia de primera instancia ninguna alusión hizo al anónimo de marras, en ningún momento fue presupuesto de la incriminación, y en cuanto dice a la de segunda, la referencia es ciertamente incidental, parca y definitivamente intrascendente, como quiera que allí jugó papel primordial el dictamen emitido por el DAS, al que el juzgador llamó exactamente “prueba reina”, y que determinó que la boleta ganadora, en su dorso, presentaba “una alteración por medio de borrado mecánico al ser sometidas las casillas premio mayor y tercer premio a filtros especiales y sistema fotográfico, se lograron captar los términos “Albenis Sánchez, Ana Liliana y la vocal “E” mayúscula”, prueba científica ésta muy diferente al cotejo manuscritural de marras, con lo que se confirmó el dicho de la denunciante Albenis en el sentido de que desde el momento en que los condenados pretendieron cobrar el premio, la boleta ya ostentaba su nombre y el de su hija. También se tuvieron en cuenta otras pruebas, la testimonial, por ejemplo, pero nunca fue importante o siquiera ligeramente incidente en la condenación el susodicho anónimo. Bien hubiera podido prescindirse de su fugaz referencia y la otra, esta sí trascendente, habría permanecido incólume, decisiva, siempre azás suficiente en la fundamentación de la sentencia condenatoria. Porque constituye craso error considerar que si la autoría del anónimo se coloca en cabeza de Albenis ello inexorablemente conduce a negar la existencia de la otra prueba, bastante ésta sobrada e independientemente, para la demostración de la tentativa de estafa y la responsabilidad de los hoy condenados.

Así las cosas, siendo la crítica dirigida a lo que no fue cabalmente elemento de convicción para los juzgadores, no puede constituirse en fundamento, de hecho o de derecho, que comporte el trámite del extraordinario y exigente recurso de revisión.

En consecuencia, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, DESESTIMA el recurso de revisión propuesto por el doctor Hipólito Latorre Gamboa, apoderado del procesado José del Carmen Rodríguez, en el proceso de marras.

Cópiese, notifíquese y cúmplase.

Jorge Carreño Luengas—Guillermo Dávila Muñoz—Guillermo Duque Ruiz—Jaime Giraldo Ángel—Gustavo Gómez Velásquez—Rodolfo Mantilla Jácome—Lisandro Martínez Zúñiga—Édgar Saavedra Rojas.

Luis Guillermo Salazar Otero, Secretario.

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