Sentencia 59-64 de septiembre 18 de 1951

TRIBUNAL SUPREMO DEL TRABAJO

Magistrado Ponente:

Dr. Juan Benavides Patrón

Bogotá, septiembre dieciocho de mil novecientos cincuenta y uno.

Luis Pachón Nava demandó, por medio de apoderado, a Miguel A. Fetecua ante el Juzgado del Círculo Judicial del Trabajo de Zipaquirá, para que fuera condenado a pagarle lo que resultara a deber por los conceptos de auxilio de enfermedad, auxilio de cesantía, salarios dominicales sencillos y dobles, salarios por trabajo en festivos nacionales, indemnización de perjuicios por accidente de trabajo y las costas del juicio en caso de oposición.

Refiere el libelo que Pachón Nava trabajó al servicio de Miguel A. Fetecua desde enero de 1940 hasta el 24 de agosto de 1948 en que se retiró por incapacidad ocasionada por el accidente de trabajo que sufrió en esa fecha; que sus servicios los prestó en las canteras de piedra que explota el demandado· por su cuenta y riesgo; que trabajaba todos los días, inclusive el 19 de mayo, el 20 de julio, el 7 de agosto, el 12 de octubre y el 11 de noviembre, de seis y media de la mañana a cinco y media de la tarde, dedicando únicamente media hora para el almuerzo; que Fetecua le pagaba semanalmente $10.80, más no los días de descanso obligatorio trabajados; que no disfrutó de vacaciones; que el 24 de agosto mencionado, cuando trabajaba en la cantera de “El Codito”, cayó de lo alto una enorme piedra que le aprisionó el pie izquierdo, fracturándoselo conminutivamente; que fue conducido al Hospital de Zipaquirá, por cuenta de Fetecua; que el patrono solo le ha pagado la suma de $75.00 por concepto de salarios en el tiempo de incapacidad y que por haberse terminado el contrato de trabajo por incapacidad física absoluta, se le debe el auxilio de cesantía correspondiente.

Citó, en derecho los decretos 2350 de 1944, 2127 de 1945, 1160 de 1947 y las leyes 57 de 1915, 6a de 1945, 64 y 65 de 1946 y las demás disposiciones aplicables.

La demanda no fue contestada por el demandado, pero el apoderado de este propuso en la primera audiencia de trámite la excepción perentoria de carencia de acción y la fundó en los siguientes hechos, relacionados con los que sirven de base al libelo petitorio: que el demandante no trabajó permanentemente para Fetecua, sino que en varias ocasiones se vinculó con otros patronos; que la cantera que explotó el demandado es de propiedad del Municipio de Zipaquirá; que es Cierto el pago de $1.80 durante los días festivos nacionales pero que el salario de algunos días era de $0.50; que no es cierto el trabajo continuo de que habla la demanda porque los achaques de salud del demandante no lo permitían; que tampoco es cierto el trabajo durante todos los días porque Pachón Nava dedicaba algunos, como los martes, a negocios particulares; que después del almuerzo Pachón hacía la siesta durante 3 o 4 horas; que no trabajó durante los festivos nacionales; que la ocurrencia relatada como accidente de trabajo es cierta pero Pachón no estaba autorizado para trabajar ese día por ser martes y haber pedido permiso para concurrir a la plaza de ferias de Zipaquirá; que ese día llegó Pachón en estado de embriaguez y contra las prohibiciones expresas del patrono, trató de trabajar en el sitio del accidente; que el demandante ha recibido de su contraparte, la suma de $290.00, en forma graciosa, en drogas, pensión hospitalaria, asistencia médica y dinero.

Tramitada la litis, el Juzgado del conocimiento la decidió en los siguientes términos:

“1. Declarar no probada la excepción perentoria de carencia de acción.

“2. Absolver al demandado del pago de auxilio de enfermedad, que reclama el autor en su libelo petitorio.

“3. Absolver al demandado del pago de los salarios reclamados en la· demanda por concepto de horas extras.

“4. Condenar al señor Miguel A. Fetecua a pagar al señor Luis Pachón Nava, la suma de noventa y tres pesos con sesenta centavos ($93.60) por razón de veintiséis (26) domingos trabajados.

“5. Condenar al señor Miguel A. Fetecua a pagar al señor Luis Pachón Nava, la suma de siete pesos con veinte centavos ($7.20) por concepto de las dos fiestas nacionales que demostró haber trabajado.

“6. Condenar al señor Miguel A. Fetecua a pagar a Luis Pachón Nava, la suma de novecientos setenta y dos pesos ($972), por concepto de la indemnización total en Tazón del accidente de trabajo, ocurrido al último de los nombrados el 24 de agosto de 1948, cuando trabajaba en la cantera de “El Codito”.

“7. Condenar al señor Miguel A. Fetecua a pagar al señor Luis Pachón Nava, las costas en el presente juicio”.

Por apelación interpuesta por ambas partes subieron los autos al Tribunal Seccional del Trabajo de Bogotá, corporación que decidió el recurso así:

“Confírmense los numerales 1º, 2º y 3º de la sentencia de fecha veintinueve de marzo del año en curso, proferida por el Juzgado del Trabajo dé Zipaquirá, en el juicio seguido por Luis Pachón Nava contra Miguel A. Fetecua, materia de la alzada.

“Revócanse los numerales 4º, 5º, 6º y 7º de la misma sentencia; y en su lugar Condénase al demandado a pagar al actor las sumas de ciento sesenta y dos pesos ($162) m/c. por concepto de cesantía; la de diecinueve pesos con cuarenta centavos ($19.40), por razón de horas extras, y la de cuarenta y seis pesos con ochenta centavos ($46,80), por razón de descanso dominical. Sin costas en el recurso”.

En el último párrafo de la parte motiva de la citada providencia, se lee: “En lo referente a lo resuelto por el inferior en cuanto a las súplicas por auxilio de enfermedad, salarios, días de fiesta trabajados, así dominicales como de carácter nacional, el Tribunal lo encuentra perfectamente ajustado a derecho y, en consecuencia, habrá de confirmarlo”.

Como puede observarse, hay varias y evidentes contradicciones entre la parte motiva transcrita; y la resolución del ad-quem, así como entre los dos párrafos que integran esta última parte.

En efecto, la motivación del citado fallo hace esperar una confirmación· para lo resuelto por el inferior, ·así: absolución por auxilio de enfermedad y “salarios reclamados por concepto de horas extras” y confirmación, también, para las condenas deducidas por trabajo en domingos y festivos nacionales. Empero, no concordando con esos fundamentos, la decisión del Tribunal transcrita, condena por horas extras y reduce la hecha por el a-quo por dominicales y festivos.

En lo que se refiere a horas extras, conviene observar que hay una nueva contradicción entre los dos párrafos de la parte resolutiva de la sentencia recurrida, puesto que al paso que en el primero se confirma el numeral del fallo apelado en que se absolvía por ese concepto, en el siguiente se encuentra deducido, a cargo del demandado, la suma de $19.40 por Horas extras.

Ante tal irregularidad, esta superioridad debe llamar la atención del Seccional para que, en el futuro, tenga más cuidado en las decisiones, a fin de no dejar margen a la incertidumbre en providencias tan fundamentales como son las sentencias, llamadas a declarar la certeza sobre los derechos en litigio.

Para el examen del recurso este Tribunal Supremo atenderá a la parte resolutiva del fallo, que es la que concreta la decisión judicial, pese a sus contradicciones con la motiva; y en cuanto a lo contradictorio que se observa aun entre los dos párrafos decisorios, en lo tocante a horas extras, se estará a lo resuelto por el ad-quem en el segundo, ya que la condenación por este concepto fue producida en cifra precisa, en letras y números; lo que revela que esta fue en verdad la decisión.

El recurso

El apoderado del demandante interpuso recurso de casación contra la sentencia anterior, el cual ·fue concedido por el Seccional, y admitido por esta Corporación que va a decidirlo mediante el examen de la correspondiente demanda. El opositor no formulo respuesta.

La demanda

Consta de 6 cargos que aspiran a que se case la sentencia recurrida y se decrete el pago de las sumas pedidas en el libelo de demanda por auxilio de enfermedad, accidente de trabajo, cesan tía, festivos, dominicales, vacaciones y horas extras. Tales cargos serán analizados en el mismo orden en que los plantea el recurrente.

Primer cargo

Con base en la causal 1 del artículo 87 del Código de Procedimiento Laboral, acusa la sentencia recurrida de ser violatoria, “por infracción directa, aplicación o interpretación errónea”, de los artículos 10 de la Ley 57 de 1915, 12 de·la Ley 6a de 1945 y 4a de la Ley 64 de 1946, “en cuanto consagran para el patrono la obligación de indemnizar el daño sufrido por el trabajador a causa de los accidentes de trabajo y de pagar salario completo durante el tiempo de la incapacidad hasta el lapso de seis meses, disposiciones que el Tribunal se abstuvo de aplicar, por errores manifiestos de hecho en la apreciación de las pruebas, como paso a demostrarlo.

En la sustentación de este cargo, razona así:

a) que el accidente de trabajo está demostrado con la confesión del demandado y con la respuesta a la demanda, dada por el apoderado del demandado, quien acepta la ocurrencia del insuceso, exculpando a la parte que representa con la afirmación de que Pachón no estaba autorizado para trabajar ese día y que este se presentó al lugar del trabajo en estado de embriaguez. Cita también el testimonio de Lucrecia Roa de Baracaldo, folio 21, que da cuenta del mismo hecho y el dictamen pericial sobre la incapacidad permanente sufrida por el lesionado.

Agrega que “Al no tomar en cuenta el Tribunal las anteriores pruebas que acreditan la ocurrencia del accidente de trabajo, incurrió en error de hecho, que aparece de modo manifiesto en los autos, error que lo indujo a violar directamente las disposiciones sustantivas que acabo de mencionar, las cuales no aplicó”.

b) Que el Tribunal acogió el razonamiento del a-quo, según el cual el demandante no expresó en qué consistió la enfermedad de que, habla en su libelo, ni aportó la correspondiente prueba. Argumenta que el mismo Tribunal acepta la ocurrencia del accidente de trabajo sufrido por Pachón, cuya consecuencia fue la incapacidad que registra el dictamen de· la Oficina de Medicina e Higiene Industrial; por lo tanto, al no estimar el ad-quem las citadas probanzas, incurrió en error de hecho que lo indujo a violar las disposiciones citadas al principio del cargo.

Concluye así: En consecuencia, solicito se case la sentencia del Tribunal, en esta parte, para que se aplique la ley y se condene al pago de 6 meses de salario completo, por concepto de auxilio de enfermedad consecutiva al accidente de trabajo, y 7 meses más de salario, para indemnizar socialmente el daño sufrido por Pachón· a causa del mismo accidente de trabajo por él sufrido en las canteras de El Codito de Zipaquirá, cuando trabajaba bajo la inmediata dependencia y subordinación de Fetecua y para su provecho, de este”.

Se considera:

El cargo se resiente de técnica· por cuanto involucra en un solo razonamiento las modalidades de infracción directa, aplicación indebida e interpretación errónea, las cuales, de conformidad con reiterada jurisprudencia de este Tribunal deben plantearse en forma separada, por ser diferentes, y su ocurrencia exige análisis distintos e igualmente separados. Además, acusa por infracción directa y el desarrollo presenta la comisión de errores de hecho en las probanzas, con lo cual aquella resultaría indirecta.

Sin embargo, se le examinará en su modalidad correcta, haciendo las debidas separaciones.

a) Accidente de trabajo

Las razones expuestas por el sentenciador para absolver a Fetecua por este concepto fueron las siguientes: “En cuanto a la· indemnización por accidente de trabajo, para que este de origen a una indemnización civil por perjuicios, que comprenda el daño íntegro, es decir, tanto el daño emergente como el lucro cesante, es preciso que el mencionado accidente haya sido producido por culpa comprobada del patrono. Por consiguiente, no habiéndose demostrado en el expediente este hecho, habrá de revocarse lo resuelto por el a-quo sobre el particular”.

Entre las solicitudes del libelo de demanda inicial·del·litigio, se encuentra la de “indemnización de perjuicios por el accidente referido”, y sobre ella versa el párrafo que se ha dejado copiado.

Los argumentos del recurrente se dirigen a demostrar que el sentenciador incurrió en error de hecho al no dar por demostrado el accidente de trabajo con las pruebas relacionadas en la demanda de casación, sin embargo, el tribunal acepta que el citado accidente está demostrado en el expediente y la razón para no proteger el derecho alegado por el demandante, no es, por consiguiente, la ausencia de prueba de este hecho sino la de no haber aportado la prueba de la “culpa patronal” en la ocurrencia del insuceso, base necesaria para que prospere la indemnización plena por los daños y perjuicios causados por el accidente de trabajo.

Y es que tanto el demandante en su libelo como los juzgadores de instancia en sus providencias, consideraron que el problema a debatir era el de la indemnización ordinaria y no el de la indemnización laboral basada en el riesgo, para la cual habría, existido prueba suficiente. En consecuencia, el cargo no puede prosperar por cuanto no se dirige a dar por tierra con la razón que tuvo el fallador para negar la indemnización solicitada.

Ciertamente la ocurrencia del insuceso fue aceptada por el demandado, pero en condiciones que demuestran precisamente su ausencia de culpa; y siendo, como es, indivisible la confesión, era necesario tomarla en su integridad a falta de pruebas que desvirtuaran las aclaraciones y modificaciones exculpativas introducidas en ella.

De suerte, pues, que la confesión del demandado no modificó la carga de la prueba, la cual seguía pesando sobre el demandante en virtud de lo dispuesto por el artículo 12 de la Ley 6a de 1945, norma que obliga al trabajador a demostrar que el accidente de trabajo ocurrió por culpa comprobada del patrono para que pueda prosperar su acción plena por los daños y perjuicios recibidos.

Distinta es la situación de quien se presenta a los estrados judiciales en reclamo de la indemnización laboral por el accidente de trabajo, que tiene un carácter independiente de la culpa patronal y solo requiere para su prosperidad la demostración del hecho en sí mismo, de la lesión, y de la relación de causalidad con el trabajo, correspondiéndole, entonces sí, al patrono la demostración de la causa exoneradora.

En fin, el recurrente se ha contentado con alegar que el sentenciador dio por establecido el accidente, y, en consecuencia, ha debido condenar por lo pedido. Más ello no puede aceptarse, por las razones expuestas, sin que sea lícito a última hora, en el recurso extraordinario, cambiar la naturaleza de la acción ordinaria de perjuicios instaurada, por la de la indemnización laboral preestablecida; como parece pretenderlo el cargo.

b) Auxilio por enfermedad

Tampoco está llamada a prosperar la impugnación en este aparte, por cuanto continúa teniendo validez la argumentación del Juez de primera instancia, acogida por el de segunda, consistente en que el demandado no demostró en qué había consistido la enfermedad y la incapacidad consiguiente sobre cuya ocurrencia fuera factible basar esta petición.

El proceso no da luz sobre este punto ya que ni siquiera se ha intentado sostener que durante las relaciones laborales que unieron a Pachón Nava con Fetecua, aquél hubiera sufrido enfermedad alguna.

Es en el planteamiento de este recurso cuando viene a sostenerse que él auxilio por enfermedad solicitado en el libelo de demanda se refiere al auxilio debido durante la incapacidad sufrida por el accidentado, sin que pueda aceptarse esta razón de ahora, no solo por lo extemporánea sino porque conforme a los artículos 12 de la Ley 6a de 1945 y 4a de la Ley 64 de 1946 las asistencia médica, quirúrgica, farmacéutica y hospitalaria son complementarias de la indemnización por accidente de trabajo y ya está decidido que esta no fue solicitada.

No prospera, en consecuencia, el cargo.

Segundo cargo

Con fundamento en la misma causal primera del artículo 87 citado, acusa la sentencia recurrida de ser violatoria directamente de los artículos 8º, letra f) del Decreto-Ley 2350 de 1944 y artículo 12 de la Ley 6a de 1945; a consecuencia del error de hecho en que incurrió en la apreciación de las pruebas que individualiza el recurrente.

Dice que según tales disposiciones, corresponde al patrono la obligación de pagar a sus trabajadores, por concepto de cesantía ya sean empleados u obreros, un mes de salario por cada año de trabajo computando cinco años de atrás en caso de despido del trabajador sin justa causa comprobada o cuando se retire por falta grave comprobada del patrono, y en los demás casos de extinción del contrato de trabajo, computando solamente hasta tres años anteriores de servicios.

Que Pachón Nava tiene derecho al mencionado auxilio por todo el tiempo de servicios, el cual, aparece comprobado con las declaraciones de Juan Bautista Rodríguez (Fl. 19), Lucrecia Roa de Baracaldo (fl. 21) y Patrocinio Garzón (33), por un total de 8 años y unos meses.

Que si se resuelve prescindir de tales pruebas y atender únicamente a la confesión del demandado, el tiempo de servicios sería de 3 años y 8 meses, superior al reconocido por el sentenciador.

Se considera:

Preciso es repetir que cuando se acusa por violación de ley sustantiva a consecuencia de errores de hecho cometidos en la apreciación de las pruebas allegadas al juicio, aquélla no puede ser directa sino indirecta por ocurrir a través de las probanzas. Nuevamente, por amplitud, se estudiará el cargo, como si estuviera bien plateado.

Los testigos citados, dicen al respecto:

a) Rodríguez, “Segundo (1º de los hechos de la demanda), me consta de manera personal y directa, por haber trabajado en las minas de piedra del señor Miguel Fetecua, sé que Luis Pachón Nava trabajó a su servicio desde el mes de enero de 1940; en cuanto al jornal no sé cuánto le pagaría. Tercero (2º hecho de la de manda) Pachón trabajaba desde las 6 y media de la mañana hasta las 4 de la tarde, trabajaba todos los días de la semana, no me consta sobre los días de fiesta nacional que haya trabajado porque yo apenas trabajé con él una· semana y dos días”.

“Sexto (5º hecho de la demanda). Un martes en el mes de abril de 1948 más o menos por ahí a las dos de la tarde, se cayó una piedra más o menos del tamaño de una mesa y él se hizo a un lado y le saltó un cascajito al pie izquierdo y le quitó el medio pie, yo cogí una barra y le quité la piedra de encima, y él se amarró un pañuelo en el pie, después yo me bajé a la plaza y llevé un carro hasta arriba a la cantera y lo bajé para el hospital...” (fol. 19).

b) Lucrecia Roa de Baracaldo: Segundo (1º hecho de la de manda), “Sí señor, a mí me consta que Pachón Nava ha trabajado en las canteras porque nosotros vivíamos frente a unos 100 metros de allí, por eso me consta que trabajó en el año de 1940, porque yo les tenía una pieza arrendada allí mismo para la herramienta” (fol. 21).

c) Patrocinio Garzón: “Preguntado. De qué fecha a qué fecha trabajó el Sr. Luis Pachón Nava al servicio del Sr. Miguel A. Fetecua, en qué parte y devengando qué salario? Contestó: Yo lo conocía (sic) a Luis·Pachón Nava trabajando en la cantera del Municipio por cuenta de don Miguel A.·Fetecua; lo conocía trabajando en donde he dicho, desde el año de 1940; cuando no había pedido de piedra lo suspendía y solo desde hace más o menos tres años lo vi trabajar continuamente; no puedo precisar ni el tiempo ni el número de veces en que estuvo cesante, mientras no había pedidos de piedra. No·sé exactamente cuándo·terminó·de trabajar porque yo estaba trabajando con don Miguel cuando le llevaron la razón de que se había machucado, un miércoles por la mañana. Aclaro que quien recibió el machucón fue Luis Pachón Nava. No sé cuál sería el sueldo que ganaba Pachón porque don Miguel nos pagaba a nosotros aquí en el pueblo y a los demás en la cantera”.

Estas son las pruebas mal apreciadas por el sentenciador, en concepto del recurrente, por considerar que de ellas aparece un tiempo de servicios superior al apreciado por el Tribunal de instancia.

Sin embargo, considera esta corporación que ellas no son suficientes para demostrar el trabajo por el tiempo alegado, pues, el primer testigo solo trabajó una semana y dos días en compañía del demandante, abril de 1948, de atender al sentido literal de sus palabras, o en agosto del mismo año a juzgar por el acaecimiento del accidente de trabajo, el 24 de agosto de ,1948 según las pruebas del juicio; de suerte que quien solo trabajó un reducido número que días con el litigante y en época bien distante de la que se afirma ser el principio de las relaciones laborales entre Fetecua y Pachón, no tiene por ese solo hecho, cómo saber del comienzo de tales relaciones y aparece así su dicho sin razón valedera, sin circunstancias de modo, tiempo y lugar, sin justificación plausible que dé mérito a su afirmación.

El segundo, de los deponentes presenta una razón más atendible de su dicho, por la vecindad existente entre su habitación y el lugar donde laboraba el demandante. Mas tampoco esta era de forzosa aceptación para el juzgador, que goza de gran amplitud apreciatoria sobre el particular, sin que la desestimación aparezca manifiestamente contraria a la evidencia de los hechos; y debe respetarse, por tanto su apreciación.

El último de los testigos, es menos convincente que los anteriores y plantea situaciones desfavorables a las tesis del actor, como la afirmación sobre la falta de continuidad en los servicios. De otra parte, es extraño que recuerde la distante época de iniciación del trabajo de Pachón, aunque sin precisar más que el año, y no conserve memoria, acerca de la fecha de terminación de las mismas relaciones laborales, ni del día de la semana en que ocurrió el accidente; hechos sucedidos varios años después de aquel que presenta como fecha inicial de los servicios prestado por Pachón a Fetecua y, consecuencialmente, más cercanos en el tiempo al momento en que depone.

Este testimonio apenas puede servir para complementar la confesión del demandado en posiciones, en cuanto afirma el servicio durante los 3 últimos años, es decir, desde 1945, prueba esta tenida por el sentenciador como la única con eficacia jurídica para demostrar los hechos del litigio.

Es, pues, intocable la apreciación del fallador, por corresponder a su ámbito propio, sin que la argumentación aducida tenga tal poder de convicción que obligue a aceptar que incurrió en error de hecho que aparezca de modo manifiesto en los autos, por haber desechado tales testimonios.

En tales circunstancias, el cargo no puede prosperar.

Tercer cargo

Con base en la misma causal acusa la sentencia recurrida de ser violatoria, por infracción directa, del artículo 1º de la Ley 35 de 1939, por no haberla aplicado, lo que hizo a consecuencia del error de hecho en que incurrió al no haber tenido en cuenta la confesión del demandado en la diligencia de absolución de posiciones.

Se considera:

Es preciso repetir la observación sobre técnica de los cargos anteriores, por cuanto el presente impugna por infracción directa y su desarrollo propone la comisión de errores de hecho.

El cargo es inestimable en cuanto pretende el reconocimiento de los festivos de que trata la Ley 35 citada, por tiempo superior a los 3 años que, según el Tribunal, duró el contrato de trabajo. Porque no habiendo prosperado el anterior, que intentó desvirtuar esa apreciación del fallador, para conseguir un tiempo mayor de duración de las relaciones laborales, queda con plena validez su estimación acerca de los 3 años mencionados.

Así, queda circunscrito a los festivos transcurridos en ese triénio, base inmodificable de la sentencia recurrida.

Las razones que tuvo en cuenta el Tribunal para no reconocer los festivos reclamados, se desconocen por completo, pues, al paso que en su motivación afirmó encontrar ajustada a derecho la condena impartida por el Juzgado del conocimiento, por concepto de los dos festivos nacionales trabajados por Pachón, en su parte resolutiva revocó tal decisión y no produjo condena alguna por ese extremo.

La confesión del demandado a que se refiere el recurrente, dice así: “No es cierto, aclaro que no se los pagué porque no los trabajó. Y para completar lo que dije al contestar la anterior pregunta contesto, refiriéndome a la segunda pregunta: el día 1º de mayo, el 20 de julio, el 7 de agosto, el 12 de octubre y el 11 de noviembre de todos los años, que trabajó, si así lo hizo durante esas fechas, yo se las pagué”.

De aquí concluye el recurrente que los festivos nacionales que no trabajó Pachón no le fueron pagados y consecuencialmente debieron ser reconocidos por la sentencia impugnada. Sin embargo, no puede concederse razón al cargo así planteado por cuanto sobre el particular hay otras probanzas estimables.

En efecto, el hecho tercero del libelo afirma: “El señor Fetecua le pagaba semanalmente a Pachón la suma de diez pesos con ochenta centavos ($10.80), pero nunca le pagó los días de descanso obligatorio remunerado, y los antes mencionados, que fueron trabajados por Pachón”.

Al relacionarlo con el primero de la misma demanda, relativo al salario aceptado por el demandado, se encuentra que evidentemente los días de la semana, aunque fueran días de fiesta nacional, fueron pagados a Pachón en forma sencilla, pues seis días a $1.80 son justamente $10.80. Y esta prueba es precisamente la de confesión en virtud de lo dispuesto por el artículo 607, inciso 2º del C.J., según el cual, la confesión del apoderado judicial vale cuando para hacerla haya recibido autorización de su poderdante, la que se presume para los escritos de demanda y excepciones y de las respuestas correlativas.

Por lo tanto, fue hecho principal de la demanda inicial del litigio, la aceptación de que el trabajador recibió semanalmente $10.80, como pago de los seis días laborables de la semana a razón de $1.80 diarios, de donde fácilmente se concluye que con tal pago quedaban satisfechos los días festivos, distintos a los domingos, que no trabajara.

Y en cuanto a los festivos trabajados, sobre los cuales podría argüírse que se debe una remuneración sencilla, ninguna prueba aportó el demandante y ninguna aduce el recurrente puesto que la única que cita, relacionada atrás da cuenta de que los festivos trabajados por Pachón le fueron pagados por su patrono.

En estas condiciones no se ve cómo puede afirmarse el error de hecho en que haya incurrido el sentenciador al no producir la condena solicitada en el escrito de demanda, por los festivos alegados.

No prospera el cargo.

Cuarto cargo

Acusa la sentencia recurrida de ser violatoria, por infracción directa, de los artículos 7º del Decreto-Ley 2350 de 1944 y 7º de la Ley 6º de 1945, a consecuencia del error de hecho en que incurrió el fallador al no estimar correctamente la confesión del demandado en cuanto a la falta de pago de los descansos dominicales a que estaba obligado.

La prueba citada en la siguiente: Preguntado: Cómo es cierto, sí o no, que usted le pagaba semanalmente a Pachón, la suma de diez pesos con ochenta centavos, pero nunca le pagó los días de descanso obligatorio remunerado, y los antes mencionados que fueron trabajados por Pachón? Contestó: No es cierto, aclaro que no se los pagué porque no los trabajó”.

De allí concluye el recurrente que el demandado no pagó al trabajador los domingos en que no trabajó, lo que implica que no cumplió con la obligación de dar el descanso obligatorio durante todo el tiempo de servicios de Pachón.

Por este concepto reconoce la sentencia impugnada la suma de $46.80 por los domingos transcurridos en el último semestre de labores, único lapso en que se demostró el salario devengado, con forme a la misma confesión del demandado.

De suerte que en cuenta el cargo trata de conseguir el pronunciamiento por los domingos transcurridos en tiempo mayor a ese semestre, no puede prosperar, por cuanto, en la decisión de los cargos anteriores, ha quedado inmodificada la apreciación del Tribunal, consistente en que el salario de $1.80 solo sirve para liquidar los reclamos correspondientes a ese semestre y no para los causados en tiempo anterior. Y como este Tribunal Supremo comparte el criterio de que no pueden reconocerse dominicales por tiempo en que no aparece probado qué salario se devengó, el cargo es completamente improcedente y no son necesarias nuevas consideraciones para desecharlo.

Quinto cargo

Acusa la sentencia de ser violatoria, por infracción directa, de los artículos 8º de Decreto-Ley 2350 de 1944 y 12, ordinal e) de la Ley 6a de 1945, que no aplicó, a consecuencia del error de hecho en que incurrió al no estimar la confesión del demandado.

Agrega que ni la sentencia de primera instancia ni la de segunda dijeron nada sobre la petición de la demanda por el extremo de las vacaciones causadas y no disfrutadas; que “del contrato de trabajo surge a cargo del patrono la obligación, entre otras, de conceder vacaciones a su trabajador, y es al patrono al que corresponde probar que incumplió con esa obligación”.

Se considera:

Las mismas observaciones sobre técnica del recurso, proceden en relación con este cargo. Por amplitud se analizará considerándolo como planteado en su modalidad correcta:

Tanto el Juez de la primera instancia como el Tribunal, pasaron por alto el pronunciamiento sobre el extremo de las vacaciones solicitado en el libelo de demanda; lo que imprime veracidad a la primera afirmación del recurrente.

Mas dada la organización del recurso de casación laboral, donde solo operan dos causales o motivos para sustentar el recurso, entre las cuales no se encuentra la 2ª del artículo 520 del C.J., vigente para los asuntos civiles y la apropiada para· casos como el planteado en este cargo, no puede tomar está Corporación determinación alguna sobre el fondo mismo de la cuestión que se le plantea. Y es que en este recurso extraordinario, no está regulada la posibilidad existente en la casación civil, de volver el expediente al Tribunal de origen o a otro más cercano para que se pronuncie sobre· los puntos individualizados por el Tribunal de casación, o simplemente, para que decida el negocio conforme a derecho.

En tales circunstancias, el Tribunal Supremo tampoco puede entrar a conocer de la petición respectiva del escrito de demandada, porque sobre ella nada decidieron los juzgadores. Consecuencialmente dicha súplica no tiene, mejor, no ha sufrido consideración de primera ni de segunda instancia y sabido es que la casación opera sobre la sentencia de esta última naturaleza, salvo en el caso del recurso per-saltum. Si conociera, resultaría el Tribunal Supremo fallando definitivamente y en primer grado, un asunto que no es de su competencia y qué lo llevaría a usurpar jurisdicción conforme al artículo 148 del C.J.

En casos como el presente, lo único que puede hacer esta Corporación es afirmar que la acción para reclamar las vacaciones causadas en favor de Pachón Nava por el tiempo que sirvió a Fetecua, continúa viva y es jurídicamente posible hacerla valer en otro juicio por cuanto no ha sido materia de esta controversia.

Lo dicho es suficiente para que el cargo no prospere.

Sexto cargo

Acusa la sentencia de ser violatoria del artículo 39 de la Ley 61 de 1945, a consecuencia del error de hecho en que incurrió el sentenciador al no estimar en todo su valor la confesión del demandado en cuanto al trabajo suplementario, y al no liquidar la media hora extra trabajada durante todo el tiempo de servicios, con el recargo del 25% de que habla la ley.

Se considera:

La sentencia recurrida da por demostrado el trabajo suplementario durante media hora todos los días, en virtud de la confesión contenida en una de las respuestas del demandado en absolución de posiciones; y con base en esa diligencia y en la consideración de que el salario únicamente se había comprobado para los, últimos seis meses, condenó por este concepto a la suma de $19.40.

El cargo, en cuanto trata de conseguir la condena por el trabajo suplementario rencido en tiempo distinto a los seis meses que le reconoció el Tribunal, no puede prosperar por cuanto en el estudio de los otros cargos se ha mantenido la apreciación del juzgador acerca de que no se demostró el salario correspondiente al trabajo prestado en el tiempo anterior a ese lapso. Por lo tanto, queda circunscrito a la afirmación que hace el recurrente de que con la suma reconocida por el inferior solo se paga el trabajo suplementario en los citados seis meses sin el recargo legal del 25%.

Sobre la base de que el salario establecido fue de $1.80 diario, el valor de la hora es de $0.225, el cual aumentado con el recargo de que habla la ley, es decir, con el 25% por ser trabajo extra, da un total de $0.281 como salario-hora, lo que multiplicado por las 69 horas extra que reconoció el fallador, arroja un total de $19.389, que aproximados por exceso, son los $19.40 a que condenó el ad quem. No tiene razón en consecuencia, el recurrente en la crítica que hace a la sentencia impugnada y el cargo no puede prosperar.

En mérito de las anteriores consideraciones el Tribunal Supremo del Trabajo, administrando justicia en nombre de la República de Colombia y por autoridad de la ley, NO CASA la sentencia proferida por el Tribunal Seccional del Trabajo de Bogotá en el juicio seguido por Luis Pachón Nava contra Miguel A. Fetecua, que ha sido objeto de este recurso.

Costas al recurrente.

Cópiese, publíquese, notifíquese, insértese en la Gaceta del Trabajo y devuélvase el expediente al Tribunal de origen.

Magistrados: Juan Benavides Patrón—Diógenes Sepúlveda Mejía—Luis Alberto Bravo.

Secretario: Guillermo Martínez R.