Sentencia SL10708-2017/47303 de julio 5 de 2017

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

SALA DE CASACIÓN LABORAL

Magistrado Ponente:

Dr. Gerardo Botero Zuluaga

Rad. 47303

Acta Nº 24

Bogotá, D.C., cinco de julio de dos mil diecisiete.

EXTRACTOS: «IV. Recurso de casación

Interpuesto por la parte demandada, concedido por el tribunal y admitido por la Corte, se procede a resolver.

V. Alcance de la impugnación

Solicita casar la sentencia impugnada para que esta Corte “en sede de segunda instancia”, revoque en su integridad el fallo de primer grado y, en su lugar, absuelva al ISS de las súplicas de la demanda.

Con tal propósito formula un cargo, que no fue replicado.

VI. Cargo único

Acusa la sentencia impugnada de violar por la vía directa “por haber interpretado erróneamente el artículo 47 de la Ley 100 de 1993, modificado por el artículo 13 de la Ley 797 de 2003, lo que motivó la aplicación indebida de los artículos 48 y 141 de la Ley 100 de 1993”.

Asevera que para el 15 de diciembre de 2005, fecha del fallecimiento de Mario Marín Vélez, las normas aplicables para efectos de la pensión de sobrevivientes, eran los artículos 12 y 13 de la Ley 797 de 2003, y que para que la compañera permanente del causante tuviera derecho a esa prestación, debía acreditar los requisitos exigidos en tales preceptos, uno de los cuales consistía en la convivencia con el pensionado por un término no inferior a cinco años, con anterioridad su fallecimiento.

Trajo a colación lo argumentado por el tribunal respecto a que:

El juzgador de primera instancia dio por establecido el requisito de la convivencia con fundamento en los testimonios de María Cecilia Torres de Arenas, María Isabel Marín Álvarez, Bernardita González Correa y Sandra Milena Marín Hernández (fls. 38 a 40), quienes declararon que Martha Cecilia Hernández Agudelo y Mario Marín Vélez hicieron vida marital por un lapso superior a cinco años, en forma continua, hasta la fecha que el último falleció; y que aunque en un tiempo tuvieron domicilios diferentes, nunca faltó el apoyo económico, afectivo, moral, y espiritual del pensionado.

(…).

Adicionalmente la vocación de estabilidad, solidaridad y responsabilidad entre los compañeros no se desdibuja por el hecho de que el pensionado hubiera vivido en los últimos años de su existencia en un lugar distinto a su hogar, porque además que la convivencia no puede mirarse solamente desde la óptica material o sexual, aquellos mantuvieron viva y actuante su unión mediante el acompañamiento espiritual permanente, el apoyo económico y el reencuentro familiar en la medida de lo posible” (negrillas y subrayados del texto).

Adujo entonces, que no se discute en este cargo que Mario Marín Vélez era pensionado por el ISS; que falleció el 14 de diciembre de 2005; que la demandante reclamó la pensión de sobrevivientes y que la entidad demandada la negó mediante resolución 029330 del 19 de noviembre de 2007; que lo cuestionado es el entendimiento que el Tribunal dio al artículo 13 de la ley 797 de 2003, que modificó el artículo 47 de la Ley 100 de 1993, “al considerar que a pesar de que el pensionado y la actora tienen domicilios separados como se acreditó con la prueba testimonial, no se desdibuja el requisito de convivencia exigido por el precepto sustancial antes citado”.

En seguida se refirió a apartes de las Sentencias CSJ SL, 8 sep. 2009, rad. 36448 y CSJ SL, 27 abr. 2010, rad. 38113, respecto a que la convivencia exige vida en común de la pareja, y “que no se desvirtúa el concepto de familia en la separación siempre que éste obedezca a una causa razonable que la justifique”.

Concluyó que en el presente asunto “tampoco se discute y por el contrario está plenamente probado, que el pensionado y la aquí demandante vivieron y vivían en ciudades diferentes (véase el testimonio de la hija de la pareja a folios 40 vto. Por ejemplo), hecho que es reconocido por el propio tribunal en la sentencia impugnada […] Con lo que se disiente abiertamente es con la tesis esgrimida del Tribunal de que poco o nada importa que la pareja no conviva bajo el mismo techo, pues la pareja no deja de ser tal, tesis que es resultado de una errada interpretación del artículo 13 de la Ley 797 de 2003”.

Dijo que el yerro además de evidente fue trascendente, pues llevó al juzgado a confirmar la sentencia impugnada, estimatoria de las súplicas de la demanda.

VII. Consideraciones

Dada la vía escogida para el ataque, no son materia de discusión las siguientes premisas fácticas, i) que Mario Marín Vélez era pensionado y falleció el 15 de diciembre de 2005; ii) que por razones laborales, fijó su domicilio en una ciudad diferente al de la demandante, pero su comunidad espiritual como familia, los lazos afectivos y ayuda permanecieron intactos pues se visitaban con frecuencia; iii) que los últimos meses de vida Mario Marín Vélez los compartió con la demandante en la ciudad de Medellín; iv) que el Instituto de Seguros Sociales, mediante Resolución 029330, negó la pensión de sobrevivientes reclamada por la accionante en calidad de compañera permanente.

Lo primero que hay que decir, es que el cargo se estructura sobre una premisa ajena a la que llegó el juez colegiado, pues se afirma que para la alzada “poco o nada importa que la pareja no convivan bajo el mismo techo, pues la convivencia no deja de ser tal”; cuando lo que realmente infirió, según la motivación de la sentencia impugnada, fue que la vocación de estabilidad, solidaridad y responsabilidad de los compañeros no se desdibuja por el hecho de que el pensionado hubiera vivido los últimos años de su existencia en un lugar distinto a su hogar, porque además de que la convivencia no puede mirarse solamente desde la óptica material, aquellos mantuvieron viva y actuante su unión mediante el acompañamiento espiritual permanente, el apoyo económico, en la medida de lo posible.

En este orden, el entendimiento y alcance dado por el juez de alzada al artículo 13 de la Ley 798 de 2003, que modificó el artículo 47 de la Ley 100 de 1993, no resulta desacertado, por el contrario, se aviene a lo reiterado por esta Sala respecto a que, la convivencia entre cónyuges o compañeros permanentes no desaparece por la sola ausencia física de alguno de los dos, cuando ello ocurre por motivos justificables, como de salud, oportunidades u obligaciones laborales, imperativos legales o económicos etc., entre las varias sentencias que se han ocupado del tema, se encuentran CSJ SL, 8 oct. 2008, rad. 33912, CSJ SL, 24 nov. 2009, rad. 39316, y CSJ SL, 28 de oct. 2009, rad. 34899; en esta última al reiterar otras decisiones en ese mismo sentido se dijo:

(…) la convivencia entre cónyuges o compañeros permanentes no desaparece por la sola ausencia física de alguno de los dos, cuando ello ocurre por motivos justificables, como de salud, oportunidades u obligaciones laborales, imperativos legales o económicos etc. Entre otras sentencias que se han ocupado del tema, se encuentran las del 5 de abril, 10 de mayo y 25 de octubre de 2004 radicados 22560, 24455 y 24235, en su orden, la del 10 de marzo de 2006 radicación 26710, y más recientemente la del 22 de julio de 2008 radicado 31921; en esta última se dijo:

Es cierto, como se afirma en el cargo, que al precisar el concepto de convivencia o de vida marital, para efectos de determinar el derecho a la pensión de sobrevivientes del cónyuge o compañera o compañero permanente del afiliado o del pensionado fallecido, esta Sala de la Corte ha proclamado que esa convivencia no desaparece cuando los esposos o compañeros permanentes no pueden vivir bajo el mismo techo por circunstancias particulares originadas en el trabajo, la salud, la fuerza mayor, etc., que no impidan ni signifiquen la pérdida de la comunidad de vida ni la vocación de la vida en común, pues lo que interesa para que esa convivencia exista es que en realidad se mantengan, el afecto, el auxilio mutuo, el apoyo económico, y el acompañamiento espiritual, característicos de la vida en pareja.

Ahora, si la separación a que se vio avocada la pareja Marín Hernández, que los obligó a vivir durante los últimos años del pensionado en ciudades diferentes, obedeció a motivos justificables, pero sin que significara la pérdida de la comunidad de vida ni la vocación de la vida en común, es un asunto que no puede revisar la Corte, pues para ello el ataque debió encausarse por la vía indirecta o de los hechos y no por la escogida.

Al no asistirle razón al censor en el reproche jurídico hecho al Tribunal, el cargo no prospera.

No se fijan costas porque no se presentó oposición.

IX. Decisión

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Laboral, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley, NO CASA la Sentencia proferida el 28 de abril de 2010 por la Sala Laboral del Tribunal Superior de Medellín, en el proceso que promovió Martha Cecilia Hernández Agudelo contra el Instituto de Seguros Sociales hoy Administradora Colombiana de Pensiones —Colpensiones—.

Costas como se dijo en la parte motiva.

Notifíquese, publíquese y devuélvase al tribunal de origen».