Sentencia SP1100-2015/43075 de febrero 11 de 2015

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN PENAL

SP1100-2015

Radicación 43.075

Aprobado acta 44

Nota: Legis considera conveniente que los datos de (partes, terceros o intervinientes, etc.) sean suprimidos por las iniciales del nombre y apellido o XXX según el caso, con el propósito de proteger los derechos contemplados en el artículo 15 de la Constitución Política.

Magistrado Ponente

Dr. José Luis Barceló Camacho

Bogotá, D.C., once de febrero de dos mil quince.

EXTRACTOS: «CONSIDERACIONES DE LA CORTE

La Sala casará la sentencia del Tribunal. Las razones son las siguientes:

1. En principio, como se ha dicho en reiteradas oportunidades, en la instancia procesal presente no procede que la Corte se ocupe de temas relacionados con las falencias de técnica lógico-formal y argumentativa de que pueda adolecer la demanda, como plantean los sujetos procesales no recurrentes, en tanto, como bien se advirtió al admitirse el documento y lo faculta el artículo 184 procesal, tal acto tiene por superados ese tipo de defectos, debiéndose resolver el fondo del asunto.

2. La ocurrencia del hecho y su tipicidad no solo no admite discusión, sino que ello no fue planteado en el debate propuesto por el recurrente, absteniéndose la Corte, por tanto, de ocuparse de ese tópico, pues existe certeza respecto de que en las circunstancias de tiempo, modo y lugar reseñadas arriba, al señor W.L.V.M. le fueron realizados varios disparos con arma de fuego, dos de los cuales ingresaron en su espalda, afectando órganos vitales, tanto que lo dejaron parapléjico, lo cual estructura el delito de homicidio tentado señalado en los fallos.

3. La discusión apunta al señalamiento que se hace de O.A.L. como autor de esos disparos y en la eficacia que al relato de la víctima, única prueba de cargo, le confirió la sala mayoritaria del Tribunal, por oposición a la primera instancia y a la magistrada que salvó su voto, sin que en este evento sea del caso detenerse en razonar sobre la admisibilidad del testigo único, máxime cuando se trata de la propia víctima, como que el impugnante no cuestiona ese asunto, sino que reclama que la sana crítica que se realice sobre esa declaración sea rigurosa.

4. Sobre el particular, asiste razón al juez de primer nivel y a la magistrada disidente respecto de que, precisamente por estarse ante un testigo único que, a la vez, tiene la condición de víctima, se imponía que la Fiscalía hubiese realizado una mayor y mejor investigación (incluso así lo admite el delegado ante la Corte) en aras de aportar elementos de juicio que hubiesen permitido corroborar o infirmar las aseveraciones del ofendido.

Así, se echa de menos un trabajo de campo, una inspección al lugar del hecho que hubiese permitido verificar o descartar la visibilidad según las distancias (que son disímiles en cada intervención) y lugares señalados por el ofendido, el hallazgo de proyectiles o vainillas, estudios técnicos para dilucidar el tipo de arma causante de las heridas, si estas pudieron haber provenido de un rifle de diábolos (se dijo que este era el objeto que poseía el sindicado y no estrictamente un arma de fuego).

Lo anterior, por cuanto estándose ante prueba única, el testimonio de la víctima, pueden hacerse similares razonamientos a los dichos de descargos del procesado y sus familiares, esto es, que el natural interés en el resultado del proceso puede llevar a tergiversar lo realmente acaecido, de donde deriva la necesidad del aporte de elementos de convicción que ratifiquen o descarten los señalamientos hechos.

5. En el juicio se insinuó (porque ni siquiera se mencionó con contundencia ni, menos, se demostró) que la acción imputada al acusado pudo obedecer a su deseo de quedarse con la finca en su condición de cónyuge de una de las copropietarias.

Pero sucede que esa conjetura, que no hipótesis demostrada, igual podría aplicarse al ofendido, en tanto es concuñado del acusado, esto es, que los dos están unidos matrimonialmente a dos hermanas poseedoras del predio. De tal manera que si a título de mera especulación (en el proceso no se insinuó ni probó móvil alguno) el acusado pudo tratar de matar al ofendido para quedarse con el inmueble, igual pudo suceder que el último señalara falsamente a aquel con similar propósito.

6. Asiste razón a los no recurrentes al descartar la tesis defensiva de que el agredido debió caer boca abajo al recibir los impactos y que, por ello, mal pudo tener visibilidad, porque, de una parte, no aportó los conocimientos científicos que demuestren que ello siempre sucede, máxime que en el evento investigado el lesionado no cayó fulminado ni perdió el conocimiento, luego bien pudo maniobrar para quedar en la posición descrita.

Por lo demás, lo trascendente es que los testigos traídos por la defensa, que se encontraban en la habitación de la finca, a escasos metros del patio, fueron contestes en referir que inmediatamente escucharon los disparos salieron y se percataron de que la víctima se encontraba en la posición descrita, esto es, sí estuvo en condiciones de observar a su alrededor.

7. Pero precisamente a partir de la última circunstancia, esto es, que los testigos aludidos corroboran esa descripción de la víctima, la Corte observa contradictorio y, por ende, inadmisible el argumento tanto del Tribunal como de las partes no recurrentes, en tanto confieren plena eficacia a los aludidos testigos en el tópico de que se trata, pero sin explicación válida se la niegan (o eluden el tema) cuando al unísono aquellos declaran que el afectado les refirió no haberse percatado de qué sucedió ni haber visto a nadie.

No puede ser motivo suficiente el parentesco con el sindicado ni la explicación tardía del ofendido (la ofreció en el juicio, no en sus posturas iniciales), admitida sin discusión por el Tribunal, de que ocultó ese aspecto, “porque de pronto, supuestamente la señora M. le podía comentar a él (el acusado) y se podía volar” (fl. 25 del fallo del Tribunal).

Tales explicaciones no resultan de buen recibo, de una parte, porque el nexo familiar no fue obstáculo alguno para creerles cuando señalaron la posición en que vieron al afectado, y, de otra, porque el aspecto ocultado en un principio fue relatado varios días después, bien a su progenitora, o al formular la denuncia, y para este momento las condiciones puestas de pretexto eran las mismas, esto es, el procesado podía ser enterado y optar por fugarse.

Por lo demás, el asunto del parentesco no deja de constituir un sofisma, en tanto la condición de concuñados de víctima y acusado comporta que, de una u otra manera, los testigos resultan tener nexos con los dos.

Así, no asiste razón ni al Tribunal ni a las partes no impugnantes cuando pretenden tener por probado que desde un comienzo el perjudicado señaló sin duda alguna a su agresor, pues existe la versión de los testigos que comparecieron inmediatamente después de escuchar los disparos, y a voces suyas, la víctima les refirió no haber visto a nadie, de donde surge poco creíble su señalamiento tardío, pues la tacha que se hace a estos relatos admite los cuestionamientos señalados y, en tales condiciones, deriva probable que el ofendido no hubiese visto al agresor y solo con posterioridad decidió hacer alusión a A.L.

8. Más allá de las condiciones de visibilidad que pudiesen, o no, haber permitido a la víctima observar el lugar desde donde salió el agresor, es discutible la conclusión del Tribunal para admitir sin recelos que el perjudicado vio al sindicado cuando este, luego de pasado un rato de efectuados los disparos y de que aquel “se hiciera el muerto”, se acercó para verificar el éxito de la agresión.

Puede suceder, como coligen el Tribunal y los no demandantes, que en veces un agresor se acerca al sitio donde dejó a la víctima, para constatar el resultado y/o para rematarla, lo cual, en este caso, habría habilitado al afectado identificar al procesado.

Pero igual se muestra válido inferir, según la cotidianidad de las cosas, que por lo general ello sucede cuando el victimario sabe que es un extraño para los presentes y, por ende, tiene alguna probabilidad de no ser identificado, lo cual no acaeció en este caso, en tanto el acusado era conocido y familiar del ofendido y los testigos presentes en el lugar.

En ese contexto, parece que cuando el agresor tiene alta posibilidad de ser reconocido por la víctima y/o los presentes, luego de cometido el hecho tiende a huir inmediatamente para evitar precisamente ser identificado.

Por lo demás, ya se dijo que no existe motivo válido para descartar los testimonios de los declarantes que estaban en la finca donde sucedieron los hechos y sus relatos niegan el señalamiento de la víctima, como que, a voces de esta, transcurrió un espacio considerable luego de ser agredido, pues cayó haciéndose el muerto y el sindicado se tomó su tiempo para acercarse, constatar el hecho e irse y solo en este momento el ofendido dio voces de auxilio que generaron la presencia de sus parientes. El quejoso advirtió, en la denuncia y en el juicio, que el agresor se fue caminando y que dejó pasar un rato antes de gritar.

Los testigos, por el contrario, explican que acudieron a auxiliar al agredido, no por las voces de auxilio de este, sino inmediatamente escucharon los disparos, lo cual cuando menos dudoso es el señalamiento que se hace, en tanto la descripción de aquellos torna imposible que hubiese transcurrido el lapso necesario para que sucediera lo descrito por V.M. y que le permitió identificar al autor de los hechos.

Esos declarantes no vieron a la persona señalada y parece que, de haberse presentado los hechos en la forma pausada narrada por el lesionado, aquellos debieron observarlo, en tanto acudieron al sitio de manera inmediata una vez escucharon las detonaciones.

9. A lo anterior se agrega que al juicio acudieron varias personas que señalaron que en el momento en que se desarrollaban los hechos, A.L. se encontraba en sitio diferente y que solo se hizo presente en la escena del crimen luego de sucedidos los mismos.

Es cierto que tales declarantes tienen nexos, ya de amistad, ya de parentesco, con el procesado, pero ello no permite descartarlos de plano, como hace el Tribunal, sino que exige una mayor rigurosidad en la crítica de sus relatos y lo cierto es que, en el contexto analizado, estas pruebas tienden a incrementar el estado de incertidumbre dadas las señales de incredulidad que se observan en el testigo único.

10. Adiciónese que no solo no se recuperó arma, proyectil ni vainilla, sino que en el juicio se afirmó que el acusado era poseedor de un rifle de diábolos, que, se dice, se utiliza en ferias de pueblo. No obra prueba alguna que desmienta ese aserto y permita dilucidar sin vacilación si tal aparato se asimila a un arma de fuego propiamente dicha, si tiene capacidad destructora y puede percudir proyectiles que interesen el cuerpo en las condiciones que señalan las heridas.

11. En sus alegatos en el juicio la Fiscalía aludió a un allanamiento y al hallazgo de una escopeta, pero, por oposición a lo que argumentan los no recurrentes, esa mención ni es prueba ni acredita nada, en tanto el objeto no fue aportado a la investigación ni obran elementos de juicio que permitan inferir si se trata del arma que originó los disparos, además de que no se acreditó que fuese de propiedad del acusado.

12. En conclusión, al testigo único de cargo no puede conferírsele eficacia en razón de las múltiples falencias puestas de presente, las cuales impiden concluir en la demostración de la responsabilidad del acusado, dado que la deficiencia investigativa impidió conocer otros elementos de juicio, ya para corroborar las imputaciones, ya para descartarlas en forma plena.

Así, con fundamento exclusivo en las pruebas practicadas en el juicio, la conclusión que deriva necesaria es que al dicho de la víctima no se le puede conferir plena eficacia.

Ese estado de incertidumbre es ratificado por los restantes elementos de juicio que tornan dudoso que el acusado hubiese estado presente en las circunstancias de tiempo, modo y lugar de ocurrencia de los hechos y, por ende, que hubiese sido el autor de los mismos.

Así, en la instancia procesal presente, esas dudas se tornan insalvables y, por mandato constitucional y legal, se impone el deber de resolverlas en favor del sujeto pasivo de la acción penal, de donde deriva que se mantuvo incólume la presunción de su inocencia con la que llegó al juicio.

Por tanto, se impone casar el fallo del Tribunal para, en su lugar, ratificar la absolución decretada en primera instancia, en el entendido, como refieren la defensa y la magistrada disidente del Tribunal, que la exoneración obedece a la aplicación del principio y derecho fundamental del in dubio pro reo, como así lo decidió el a quo.

Consecuente con lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,

RESUELVE:

Casar la sentencia condenatoria demandada, para, en su lugar, confirmar la del 28 de octubre de 2011, mediante la cual el Juzgado Penal del Circuito de XXX (XXX) absolvió a O.A.L. de los cargos que por los delitos de tentativa de homicidio y porte de armas le había formulado la Fiscalía.

Cancélense las órdenes de captura expedidas y expídase orden de libertad en favor del acusado, que se hará efectiva siempre y cuando no sea requerido por otra autoridad.

Esta decisión no admite recurso alguno.

Notifíquese y cúmplase».