Sentencia SP11228-2015 de agosto 26 de 2015

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN PENAL

Rad.: 44886.

Magistrado Ponente

Dr. Gustavo Enrique Malo Fernández

SP11228-2015

Aprobado acta 295.

Bogotá, D. C., veintiséis de agosto de dos mil quince.

EXTRACTOS: «Consideraciones

I. De conformidad con lo establecido en el artículo 185 del Código de Procedimiento Penal de 2004, la Corte casará la sentencia de segunda instancia mediante la cual se absolvió a XXX XXXX por el delito de Homicidio culposo en concurso homogéneo, en atención a que se fundó en sendos errores de hecho que implicaron la violación —indirecta— de la ley sustancial, tal y como lo advirtió el demandante. En consecuencia, se restablecerá la vigencia del fallo condenatorio proferido, en primera instancia, por el Juzgado 19 Penal del Circuito de Conocimiento de Cali, no sin antes advertir que en el auto que admitió del recurso de casación ya fueron examinados los requisitos formales del libelo, por lo que no se volverá sobre ellos.

Se procede, entonces, a revisar cada uno de los argumentos que adujo el Tribunal Superior de Cali para revocar la sentencia condenatoria proferida en contra de XXX XXXX y, en su lugar, decretar la absolución; con el objeto de mostrar, seguidamente, cada uno de los errores judiciales que dieron lugar a los fundamentos de la decisión de segunda instancia.

II. En relación al testimonio rendido por YYY YYYY.

En la primera instancia se estimó creíble el relato de la testigo en mención, quien se transportaba como pasajera en el vehículo afiliado a la empresa AAAA cuando este se accidentó el 21 de marzo de 2009, en cuanto declaró: (i) que viajó acompañada por su hermana ZZZ ZZZZ y su hijo de 5 años de edad BBB BBBB, ubicándose en el segundo puesto detrás del conductor; (ii) que sintió que la buseta “no iba funcionando de manera adecuada”, que iba como “frenada”, “pesada”, “como si fuera pegada”, “y siempre en cada parada era lo mismo, el bus se sentía como frenado”; (iii) que una señora que iba delante de ella, a mitad del camino, le comentó al conductor “que la buseta estaba como fallando” y este le contestó “tranquila que yo sé lo que hago”; y, (iv) que escuchó cuando el chofer le manifestaba a su ayudante que la buseta había salido del taller y que se la acababan de entregar para hacer el recorrido.

Contrario a ello, el Tribunal desechó el valor del testimonio aludido por la siguiente razón:

[…] es la propia señora YYYY quien refiere que entre la cabina del conductor y los pasajeros existía una puerta que impedía la visibilidad desde donde ella estaba hacia donde se encontraba el conductor, pudiéndose concluir que también entorpecía que ella lograse escuchar las conversaciones que realizó el conductor mientras conducía la buseta y que ella le hiciera algún reparo al chofer sobre el funcionamiento del automotor, […](3).

El solo cotejo de los argumentos expuestos en primera y en segunda instancia en torno al mérito de la testificación de YYY YYYY, permite evidenciar que la decisión absolutoria adolece de los siguientes errores:

a) Pretendió desvirtuar la veracidad de solo uno de los hechos narrados por la testigo —los comentarios que el chofer hizo a su ayudante en la cabina—, de manera tal que desconoció otro contenido importante de la declaración como el descrito en los numerales (ii) y (iii), el cual revela que el procesado conoció el desperfecto que manifestaba el vehículo con anterioridad al suceso fatal y cuando aún podía haberlo evitado. En ese orden, se cometió un falso juicio de identidad por cercenamiento sin el cual se debía tener por demostrada la efectiva previsión del riesgo.

b) No logró desmentir la única manifestación de la testigo que se dedicó a cuestionar porque la razón que suministró —la existencia de una barrera visual entre ella y la cabina del conductor— no es suficiente para justificar la conclusión que al respecto expuso: la presencia de un obstáculo auditivo. Es decir, el Tribunal no expuso el argumento con base en el cual concluye que la limitación a un órgano de la percepción (la visión) implica la de otro (la audición), lo cual era imperativo porque cada uno de ellos funciona de manera autónoma y, por ende, las causas que pueden afectarlos son distintas. De esa manera se configuró un falso raciocinio por violación al principio lógico de razón suficiente, tal y como lo advirtió el recurrente. Y, por último,

c) Tergiversó la prueba testimonial en cuestión cuando asegura que la deponente afirmó haber reclamado al conductor por la falla que percibía en el automotor, pues lo que aquella objetivamente relató fue que percibió a otra pasajera hacer ese llamado de atención, lo cual, además, coincide con la exposición que al respecto realizó el testigo CCC CCCC, como se verá. Así pues, el Tribunal alteró el contenido objetivo de la prueba produciendo así un falso juicio de identidad por tergiversación, el cual es trascendente porque sin su presencia se tiene por probado que las alertas de anomalías en el funcionamiento del bus no solo fueron fácilmente perceptibles sino que le fueron comunicadas directamente al procesado.

III. En relación al testimonio de CCC CCCC.

En la sentencia del juzgado se otorgó credibilidad al declarante en mención, también pasajero del vehículo de servicio público que protagonizó el fatídico accidente, cuando afirmó: (i) que descansaba con los ojos cerrados, consciente de todo lo que ocurría (“[…] pendiente, escuchando todo”) ; (ii) que sintió que el bus iba “como a empujonazos”, que “corcoveaba”, “como cuando quiere arrancar y no arranca, cuando quiere frenar y no frena”; y, (iii) que escuchó a una señora cuando le preguntaba al conductor qué pasaba con el automotor y este le respondió que no preocupara, que él sabía cómo hacía sus cosas.

Sobre tal prueba, el Tribunal se limitó a aseverar que:

[…], el señor CCCC afirmó que adoptó una posición de descanso desde el momento en que abordó la buseta, que no observó en ningún momento el rostro de quien la conducía, ni escuchó en ningún momento los diálogos que sostuvo el conductor con su ayudante, a pesar de que él se encontraba más cerca de la cabina del conductor que la señora YYYY.

Obsérvese que la segunda instancia utilizó el relato de CCC CCCC con el único propósito de intentar demostrar que YYY YYYY no pudo haber escuchado las conversaciones que se suscitaron al interior de la cabina del conductor, olvidando que aquel testigo dio cuenta de otros acontecimientos como los identificados con los numerales (ii) y (iii) que respaldan las afirmaciones medulares de la otra pasajera en mención en cuanto a la fácil perceptibilidad de los defectos de funcionamiento que presentaba el bus que conducía el procesado y a la advertencia que al respecto le hizo a este una de las pasajeras. Ello demuestra la imprudencia con la que actuó XXX XXXX frente a los defectos mecánicos que se advertían en el sistema de frenos del vehículo cuando aún era posible evitar el riesgo que aquellos generaban. En consecuencia, en la apreciación del testimonio en cuestión, el Tribunal incurrió en un falso juicio de identidad por cercenamiento, como lo denunció el impugnante.

IV. Testimonio de DDD DDDD (jefe de gestión operativa de la empresa AAAA S.A.).

Con el testigo en mención, la defensa introdujo como prueba documental la ficha técnica del vehículo siniestrado y las facturas de compra de materiales utilizados en los mantenimientos que le fueron realizados en los días previos al accidente. Con tales documentos se acreditó que el bus de servicio público conducido por XXX XXXX fue sometido a los siguientes trabajos entre el 16 y el 20 de marzo de 2009 (un día antes del accidente): “Revisión sistema de frenos, cambios de pastillas delanteras” (día 16), “Revisión y reparación corto sistema eléctrico, cambio de amortiguadores” (día 17), “Alineación y balance llantas delanteras” (día 18), y trabajos sin especificar que motivaron la compra de (i) “hoja principal” y “hoja segunda vuelta”, y (ii) “cauchos barra central” y “cauchos punta lágrima” (día 20).

Sobre el testimonio analizado y la prueba documental aportada por su intermedio, tanto la sentencia de primera como la de segunda instancia tuvieron por demostrado que el vehículo de placas #### fue sometido a trabajos de mantenimiento preventivo durante los días previos al accidente. Frente a ello replica el demandante que se tergiversaron tales medios de conocimiento porque, por el contrario, esas labores eran correctivas, es decir, se trataría de arreglos de las fallas que a diario presentaba el automotor. Al respecto, ha de advertirse que, en términos generales, no le asiste razón al censor porque la categorización como “mantenimientos preventivos” fue realizada por el testigo, por lo que no puede afirmarse, por lo menos no de manera general, que la decisión judicial cuestionada se alejó del contenido fidedigno de ese relato.

En tales condiciones, solo le asiste razón a la censura en lo que hace a la reparación al sistema eléctrico efectuada el 17 de marzo de 2009 en virtud de un cortocircuito, según se anotó en la ficha técnica de ese día, pues, de manera evidente, esa labor corregía un daño de dicho sistema y, por ende, no puede ser catalogada como meramente preventiva. Ahora, si bien esa tergiversación de la prueba no es de mucha trascendencia a la hora de determinar la responsabilidad penal para el conductor del vehículo porque ninguna relación causal tiene el problema eléctrico con el trágico desenlace del 21 de marzo de 2009 o por lo menos la misma no fue acreditada, sí permite concluir que no es tan acertada la afirmación de las instancias en cuanto a que el funcionamiento del vehículo era óptimo porque ninguna falla había presentado.

V. En relación a la declaración de EEE EEEE, quien fue admitido como perito técnico en sistema de frenos hidráulicos y neumáticos, los jueces de instancia apuntaron lo siguiente:

El Juzgado 19 Penal del Circuito de Conocimiento de Cali manifestó:

Oportuno es recordar la manifestación jurada que sobre la temática ofreciera el señor EEE EEEE, perito técnico en sistemas de freno hidráulico y neumático, […], quien luego de explicar en términos básicos la manera cómo funciona el Sistema de frenos en un rodante de similares características al involucrado en el accidente, refirió que el conductor se da cuenta que los frenos fallan o presentan desnivel en el líquido al tener sensación de pedal bajo, así incluso el sistema de testigos —visor o sonoro— no avise, mismo que dicho vehículo los trae originalmente; siendo él, por su experiencia, que reitera que en esos casos, el deber ser es detener la marcha, revisar el rodante y llamar a un experto.

Comportamiento totalmente ajeno al que adoptó el acusado, pues recuérdese las claras manifestaciones de dos de los pasajeros, al referir que en momento alguno se detuvo para hacer un chequeo o revisión general al automotor. […](4).

Mientras que, el Tribunal desechó el contenido total de la prueba en cita porque el declarante “no realizó ningún experticio directo a la buseta de placas ####”(5). Sin embargo, esa no era una razón suficiente para omitir la opinión del perito, primero, porque el objeto de la misma no recaía en la particularidad del vehículo sino en la categoría a la cual aquel pertenecía y ello, obviamente, debía tenerse en cuenta a la hora de fijar su eficacia, y, segundo, porque ese dictamen se emitió a partir de hechos que fueron objeto de estipulación y, por ende, eran incontrovertibles, entre los cuales se encuentran los señalados en el informe de policía judicial del 25 de marzo de 2009, así: 1) Las características del vehículo allí descritas (clase, tipo, marca y modelo, entre otras) y 2) El estado de cada una de las partes del automotor después del accidente registrado en 16 fotografías, en especial el descrito por la Nº 8: “Sistema de frenos traseros lado Izquierdo presenta rotura en el anillo del conducto, tambor desprendido, derrame del liquido (sic), humedad en la llanta […]”.

Así pues, en su argumentación el Tribunal infringió el principio lógico de razón suficiente y, por esa vía, desconoció el contenido de la declaración del experto que relievó la sentencia condenatoria inicial para apuntalar la conclusión según la cual el procesado advirtió el riesgo que se cernía para los pasajeros del bus por la falla de los frenos y, no obstante ello, se confió en poder evitarlo sin que ello le fuera posible. En otras palabras, se incurrió en un falso juicio de identidad por cercenamiento de la prueba, no de existencia por omisión como lo sostuvo el demandante porque la corporación si se percató de la misma referenciando, inclusive, su contenido aunque fuese de manera genérica. En tales condiciones, la corrección del yerro implica admitir la apreciación que de la opinión pericial manifestó el juez de primera instancia, no sin antes advertir que el mérito de la misma se limitó a corroborar la conclusión que ya se había obtenido, principalmente, a partir de los testimonios de YYY YYYY y CCC CCCC.

VI. En relación a las 30 fotografías tomadas por FFF FFFF en la inspección judicial al lugar de los hechos y al vehículo, el demandante reprocha se habría cometido un falso juicio de existencia por omisión.

Ciertamente, en la sentencia de segunda instancia no se mencionan los registros fotográficos que de la escena de los hechos y del estado del vehículo hicieran funcionarios de policía judicial. Sin embargo, esa omisión no alcanza a configurar un error de hecho en la apreciación de la prueba porque los hechos registrados en las múltiples fotografías no fueron controvertidos ni por las partes ni por el Tribunal, tan es así que fueron objeto de estipulación probatoria y aun en la sentencia impugnada se admitió que la causa del mortal accidente de tránsito fue la falla de los frenos del vehículo(6). Recuérdese que el debate en las instancias siempre se circunscribió a la previsibilidad y a la evitabilidad del infortunio por parte del conductor del automotor, por ello nunca se cuestionó la causa mecánica que desencadenó el descontrol de este último. Entonces, a pesar de la omisión nominal de las fotografías, lo cierto es que la sentencia sí tuvo en cuenta los hechos que las mismas registraron, por lo que ninguna trascendencia reviste aquella falencia.

VII. Como último argumento de la tesis de la irresponsabilidad de XXX XXXX en la muerte de 8 de los pasajeros que transportaba el 21 de marzo de 2009, aseguró el Tribunal que el instinto de conservación o la tendencia natural del ser humano a cuidar su existencia, no permite concluir, conforme a la lógica y a la experiencia, que el procesado, luego de advertir un peligro que se extendía a su propia vida, hubiese continuado con la actividad peligrosa de la conducción del automotor(7).

La premisa del Tribunal es insuficiente para justificar la conclusión porque desatiende la realidad de las modernas sociedades complejizadas en la que cada interacción normalmente supone la asunción de un riesgo, y desconoce la naturaleza de ciertas conductas humanas. Es más, el argumento expuesto, mirado en toda su dimensión, no permite comprender por qué XXX XXXX y la mayoría de personas conducen vehículos, cuando tal actividad es notoriamente riesgosa. Ahora bien, no pretende la Corte desconocer la existencia de un instinto de autoconservación de todo ser viviente; sin embargo, debe advertirse que ese impulso natural no es una regla suficiente para explicar o comprender la conducta humana, menos aun cuando se trata de aquellas que las normas jurídico-penales clasifican como culposas, en las que o no hay previsión del riesgo o si la hay el agente confía en su evitación.

Es decir, en las conductas culposas, como es aquella por la cual se condenó al procesado, el autor nunca asume o acepta el peligro ni para sí ni para los demás, solo que cree tener las habilidades suficientes para prevenirlo sin que, finalmente, pueda hacerlo. En ese orden, el parámetro o la tendencia generalizada a cuidar la propia existencia de toda acción que pueda dañarla, no es una razón pertinente para desvirtuar la comisión de un comportamiento imprudente, por lo que la premisa que formula al Tribunal en tal sentido jamás permite justificar la conclusión de inexistencia de responsabilidad penal en XXX XXXX. En consecuencia, en la valoración del testimonio del acusado, el Tribunal incurrió en un falso raciocinio.

VIII. Conclusión

Se casará la sentencia de segunda instancia mediante la cual se absolvió a XXX XXXX por el delito de Homicidio culposo en concurso homogéneo, toda vez que se fundó en errores de hecho tales como falsos raciocinios y en falsos juicios de identidad, que generaron una infracción —indirecta— de la ley sustancial consistente, de una parte, en la indebida aplicación del numeral 1º del artículo 32 de Código Penal (caso fortuito o fuerza mayor) y, de la otra, en la exclusión de los artículos 23 y 109 ibídem. En consecuencia, se confirmará el fallo condenatorio proferido por el Juzgado 19 Penal del Circuito de Conocimiento, teniendo en cuenta que se cimentó sobre una apreciación acertada de la prueba aportada, según la cual se demostró más allá de toda duda razonable que:

(i) El 21 de octubre de 2009 se produjo la muerte de GGG GGGG, HHH HHHH, III IIII, JJJ JJJJ, KKK KKKK, LLL LLLL, MMM MMMM y NNN NNNN, quienes se transportaban como pasajeros del bus de placas ####, afiliado a la empresa AAAA S.A., cuyo conductor era el señor XXX XXXX.

(ii) Esas muertes se produjeron debido a la avería del sistema de frenos del vehículo de servicio público, hecho este que no se produjo de manera súbita sino gradual y previsible, lo cual permitió que el conductor XXX XXXX se percatara de ella con anterioridad al accidente cuando aún podía detener la marcha de la máquina que conducía y así haber evitado el trágico resultado. No obstante, decidió seguir con el recorrido de la ruta hasta que un tramo en bajada de un sector de la carretera OOO-PPP, después del kilómetro ##, le hizo perder el control del bus con el fatal desenlace.

(iii) En síntesis, XXX XXXX desatendió los deberes de protección de la vida de los pasajeros incrementando el riesgo tolerable de la actividad de conducción de vehículos, lo cual se tradujo en la concreción de la muerte de 8 de las personas que con él se transportaban.

IX. Consideración final

Por último, debe aclararse que la pena de “privación del derecho a conducir vehículos automotores y motocicletas” imponible al delito de Homicidio culposo cometido mediante medios motorizados, tal y como ocurrió en el caso bajo examen, es de carácter principal y no accesorio. Ello por cuanto el artículo 109 del Código Penal que tipifica la conducta punible contra la vida prevé dicha sanción expresamente y tal situación le imprime la naturaleza de “principal”, según lo previsto en el artículo 34 ibídem. En ese orden, se equivocó la sentencia condenatoria al tratar dicha sanción como accesoria, por lo que oficiosamente se procede a corregir el numeral tercero de su parte resolutiva en el sentido ya expuesto.

Decisión

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de ley,

Resuelve

1: Casar la sentencia absolutoria impugnada. En consecuencia, se confirma la proferida, en primera instancia, por el Juzgado 19 Penal del Circuito de Cali mediante la cual condenó a XXX XXXX como autor del delito de Homicidio culposo en concurso homogéneo.

2: Corregir, de oficio, el numeral tercero de la sentencia condenatoria en el sentido de que la pena de “privación del derecho a conducir vehículos automotores y motocicletas” impuesta es principal y no accesoria.

3: Ordenar al Juzgado 19 Penal del Circuito de Cali que dé cumplimiento inmediato a las medidas que sean necesarias para hacer efectiva la pena sustitutiva de prisión domiciliaria impuesta al condenado.

Cópiese, notifíquese y cúmplase».

3 Página 8.

4 Páginas 20-21.

5 Página 8.

6 Así se expresó en la página 9 de la referida sentencia.

7 Página 8.