Sentencia SP14174 de octubre 14 de 2015 

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA 

SALA DE CASACIÓN PENAL

Magistrado Ponente

Dr. Eyder Patiño Cabrera 

SP14174-2015

Radicación N° 34467

(Aprobado Acta 366)

Bogotá, D.C., catorce de octubre de dos mil quince.

Nota: (Legis considera conveniente que los datos de las partes y terceros, sean suprimidos por las iniciales del nombres y apellidos, con el propósito de proteger los derechos contemplados en el artículo 15 de la Constitución Política).

EXTRACTOS: « CONSIDERACIONES

1. Aun cuando, en este momento lo procedente es pronunciarse de fondo acerca de la censura postulada contra la sentencia del Tribunal, es preciso señalar que la Sala admitió la demanda formulada a nombre del sentenciado, porque de su contenido es posible entender el alcance de la pretensión, pese al desatino técnico en que incurrió el censor, al enmarcar como error de derecho por falso juicio de convicción, la errada valoración de la prueba testimonial que soporta la decisión del ad quem y la omisión de valorar las pruebas en su conjunto.

Además, pretendió enderezar el reproche acudiendo indebidamente a la causal de casación prevista en la Ley 906 de 2004, que contempla el manifiesto desconocimiento de las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado la sentencia, sin atender que dicha legislación solo aplica a procesos reglados por ella.

2. El aspecto medular de la discusión propuesta por el demandante, gira en torno a la credibilidad que el tribunal le asignó al relato de quien resultó víctima de los delitos de secuestro simple y homicidio agravado tentado, y la falta de apreciación de todo el acervo probatorio que se allegó al proceso, en desconocimiento de lo previsto en los artículos 238 y 277 del Código de Procedimiento Penal, lo cual condujo a la condena de su representado J. W. A. P., a quien el fallador de primera instancia había absuelto por duda.

3. Ante todo importa hacer una genérica referencia de los juicios del tribunal, en orden a ilustrar la base probatoria de la determinación condenatoria.

Sobre el particular, puntualizó:

i) El ciudadano G. C. G., alias “Ñ.”, mencionó a J. desde su primera versión, cuando explicó que él, en compañía de W., con un arma de fuego, lo amenazaron y lo entraron al garaje donde empezaron a golpearlo; que J. lo golpeaba con un palo.

Así lo reafirmó en la diligencia de reconocimiento fotográfico.

Agregó que, en ocasiones, recuerda que J. lo golpeaba con un palo de los que cuñan las planchas, con un revólver y le daba puñaladas.

ii) En reconocimiento fotográfico del 26 de septiembre de 2007, señaló a J., quien responde al nombre de J. W. A. P., y dijo que fue el que lo entró desde la calle, le dio con un palo en la cabeza, luego con un revólver y le pegó varias puñaladas que tiene bajo la axila y en el tórax al lado derecho.

iii) En indagatoria del 1º de julio de 2008, A. P. expresó que conoce a W. como miembro de un bloque de las autodefensas y que no conoce a G. C. G. “Ñ.”.

En ampliación de indagatoria del 13 de agosto del mismo año, reiteró que conocía a W. por razón de su trabajo en una fotocopiadora y que el 12 de agosto de 2005, le prestó unas sillas para la primera comunión de su hijo; que eso fue entre dos y media y tres de la tarde; que ese día pasaron por el vestido de la esposa, compraron una camisa y artículos de decoración en el sector de “XXX” donde estuvo hasta las siete o siete y media de la noche; que esto no lo había dicho en su indagatoria «porque hace tres años era muy difícil saber para (sic) qué estaba haciendo, pero mi esposa se puso a mirar e investigar a ver si había algo que pudiéramos recordar de esa ocasión y encontramos que era un día antes de la primera comunión de mi hijo y entonces ahora sí recuerdo perfectamente qué hice ese día, pues uno fácilmente no recuerda qué hizo hace tanto tiempo».

iv) La esposa del implicado, L. T. C. F., en declaración del 26 de agosto de 2008, señaló que el día de los hechos, sin precisar cuál, J. W. estuvo con ella todo el tiempo, comprando las cosas para la primera comunión de su hijo, a celebrarse el día siguiente.

Anexó documentos que demuestran ese evento.

v) La versión de la primera comunión es corroborada por M. del P. P. P. y S. J. M. J.

vi) No es creíble esa manifestación porque: i) no es posible que un detalle tan importante en la vida del encartado no se mencione en diligencia de indagatoria del 1 de julio de 2008; ii) es sospechoso que recuerde con mayor precisión exactamente lo que hizo el día 12 de agosto de 2005, luego de pasados tres (3) años; y, iii) el evento de la primera comunión puede ser cierto, pero en ninguna de las fotos aparece el implicado «a eso de las siete de la noche (7:00 p.m.)» en la reunión.

En conclusión, la celebración religiosa es un desesperado recurso de última hora para eludir la acción de la justicia.

vii) En declaración del 14 de julio de 2008, el leso G. C. G. dijo que W. y J. lo entraron a la casa, que el primero le dio cacha y J., sin mediar palabra, «cogió un palo con los que se cuñan las planchas y me empezó a golpear en la cabeza»; que se privó y cuando despertó lo entregaron a “C.” y a “K.” quienes se encargaron de amarrarlo; que J. era uno de los duros del combo y ese día «se agarró de mí y me dio sin misericordia y no sé por qué».

Que le dio tan fuerte en la cabeza, que lo privó y «me pegó estas tres puñaladas que tengo en el tórax, lado derecho».

viii) La versión del filiado es constante y unívoca, y no se observa en él que quiera perjudicar con su declaración a terceras personas ajenas a los hechos; al contrario, ha relatado la verdad la cual es lineal en contra de J. W. A. P. y, por esa razón, se ha de revocar la absolución de primera instancia y proferir condena.

4. Al respecto, asegura el demandante que el testimonio de la víctima estuvo lleno de «inconsistencias, contradicciones y fantasías», y que el juez plural no tuvo en cuenta todo el acervo probatorio que se allegó al proceso, en transgresión al mandato genérico de apreciar las pruebas en conjunto, de acuerdo a las reglas de la sana crítica, conforme a lo estipulado en el artículo 238 del Código de Procedimiento Penal.

4.1. La Sala constata, contrario a la opinión del censor y del señor Procurador Delegado, que ningún yerro se le puede atribuir al ad quem, en punto del mérito suasorio que le mereció la versión del ofendido G. C. G. porque, en realidad, a lo largo de la actuación presentó un relato uniforme y consistente, dando cuenta del momento desde el cual fue abordado por dos sujetos que identificó plenamente, W. y J., y de la serie de agresiones que recibió de ellos, entre otros de sus victimarios.

Obsérvese:

En su primera declaración, ocurrida el 30 de noviembre de 2005, manifestó que el día de los hechos se encontraba afuera, en un taller de motos, donde el dueño es conocido suyo, cuando,

[d]e pronto salieron W. y J. del garaje y W. me puso un arma de fuego, apuntándome que quieto, me cogió y me jaló para el garaje,…me empezaron a dar golpes, J. con un palo me daba por la cabeza y W. con la cacha del fierro en la cabeza también (…). Y en la medida que me iban dando me iban bajando hacia una pieza hay (sic) debajo del garaje y ahí ya estaban K., C., P. y L., ahí mismo apenas me vieron me cogieron a golpes todos, patadas (…). Otra cosa, cuando a mí me iban entrando al garaje W. y J., salía del garaje XXX y don C. y P., salían ellos tres de ahí (…) W. era del Cacique Nutibara y fue el que vino a dañarnos el corazón y a proponernos que nos reinsertáramos y que iban a ver (sic) muchas cosas buenas muchos beneficios. Nosotros éramos delincuencia común, o sea, L., C., K., P., W. J. no era de nosotros, sino que venía de Cali de visita, era muy amigo de ellos de crianza, de W., de P. (…). J. dicen que está en Bogotá, no sé en dónde, él tiene un Clío blanco (…); de J. sólo se eso; (…) J., F., alto blanco, con el pelo con el honguito. Ninguno tiene defectos físicos aparentes(18).

Luego, en reconocimiento fotográfico del 5 de septiembre de 2007, el lesionado señaló a los alias “La F.”, “N. ” y “W.”, y mencionó recordar, en ocasiones, que J. lo golpeaba «con un palo, con un revólver, pero con un palo de esos que cuñan las planchas, también me dio puñaladas»(19).

Igual diligencia se llevó a cabo el 23 de octubre siguiente, y en ella reconoció a J. F. L. S. como el individuo que le hizo el disparo que lo dejó inválido, y a C. M. L. S., alias “D. C.” de quien dijo había sido «prácticamente el autor intelectual que me hizo hacer eso». También refirió que faltaba por reconocer a J., K., C. y P. Luego agregó:

J. tiene un apartamento en el rompoy (sic) de la 30 por XXX por XXX, tiene un carro blindado, trabaja para el señor que en estos días atraparon D. D. , uno que cogieron en una finca, yo vi por las noticias, es un señor que extraditaron, no fue en Medellín donde lo cogieron; J. tiene también un negocio por la Universidad de Antioquia de Internet y Fotocopias(20).

El 26 de diciembre posterior, G. C. G. hizo reconocimiento fotográfico de J. y de P., dejando constancia, el despacho fiscal, que se tratan, respectivamente, de J. W. A. P. y J. A. R. G.

Sobre la actuación del primero, manifestó:

J. me entró desde la calle, me dio con un palo en la cabeza, luego me dio con un revólver en la cabeza también y me pegó varias puñaladas (…). PREGUNTADO: Manifiéstele al despacho si este joven al que usted reconoce lo ha vuelto a ver después de los hechos, caso afirmativo, en dónde. RESPONDE: Si, por mi casa en un carro blindado, de placas CFI no sé si es 148 o 841, es un Mazda millenium azul, sé que es blindado porque me han comentado que es blindado, he visto el carro, incluso el carro hace como un mes tenía un vidrio totiado (sic), por eso deduzco que es blindado. PREGUNTADO: Sabe de quién es ese carro. RESPONDE: Es de él. PREGUNTADO: Manifiéstele al despacho si usted ha observado a J. en compañía de alguno o algunos de los que participaron en su atentado. RESPONDE: Si, lo he visto con J. F. L. S., ya que mi hermana vive por la misma cuadra que ellos mantienen(21).

La anterior referencia pone de presente que el ofendido es consistente en señalar que el procesado, a quien conoce como J., lo golpeó con un palo en la cabeza, también le pegó con un revólver y le propinó varias puñaladas. De donde no surge motivo razonable para considerar que su dicho es mendaz, toda vez que no se verifica el ánimo de querer perjudicar al enjuiciado porque, sin incurrir en serias contradicciones, se mantiene en su relato, sin aumentar o variar la especie de lesiones que le atribuye y, de esa manera, agravar su situación.

4.2. Razón le asiste al recurrente, cuando afirma que ninguno de los que denunciaron los hechos suministró el nombre de su defendido. Así, en el preliminar informe policivo del 12 de agosto de ese año, el Comandante de la Tercera Sección de Vigilancia, Estación Manrique, señaló que, según versión suministrada por Á. D. G. C., los reinsertados que en esa fecha día ingresaron a una residencia con G. C. G., son C. M. L. S., L., G., alias “L.F.” y W.(22).

Y, en la denuncia formulada al día siguiente de los hechos, 13 de agosto de 2005, ante la Unidad de Reacción Inmediata de Medellín por B. O. G., madre del lesionado, manifestó que, en esos momentos, se encontraba en cuidados intensivos, muy mal herido, y que se enteró de lo ocurrido porque se lo contó el aludido G. C., amigo de su hijo. Conforme a ello, mencionó que quienes lo hirieron y torturaron son reinsertados del Bloque Nutibara.

Esa inicial omisión, no obstante, se explica porque Á. D G. , quien dio aviso a la Policía, una vez se enteró que en el inmueble donde escuchó unos disparos se encontraba C. G., dijo no conocer a J.(23) y, entonces, mal podía esperarse que desde el informe y la denuncia lo hubiesen mencionado.

Los señalamientos contra A. P., se producen, justamente, cuando el ofendido inicia su recuperación y cuenta lo ocurrido a su progenitora, quien acude en ampliación de su queja el 29 de noviembre del mismo año. En esa oportunidad, da cuenta del estado de salud de su hijo, aduciendo que había quedado parapléjico, y que éste le contó que en la fecha de autos llegó W., lo amenazó con un revólver, lo llevó para un garaje, lo golpeó en la cabeza y que un muchacho llamado J. le daba palo; después lo amarraron a una silla, lo chuzaron por todas partes y cuando lo creyeron muerto lo dejaron solo, momento que aprovechó para escapar por un balcón, pero le dispararon y cayó en otra casa, donde pidió que llamaran a la Policía. La deponente dijo no conocer a J., pero que andaba en un Clío blanco(24).

Entonces, si en los primeros datos suministrados a las autoridades no se aludió al procesado, ello pudo obedecer a que, justamente, en ese momento, C. G. no podía comunicar quiénes habían sido sus agresores, dada la gravedad de las lesiones que lo mantuvieron en cuidados intensivos, con respirador y sólo hasta cuando salió de allí pudo contarle a su señora madre lo ocurrido. Así discurrió esta exponente en posterior diligencia de ampliación:

Ya eso fue en mi casa que me dijo qué le había hecho J. y me dijo que sí conocía a J. y me dijo que era un amigo de W. y vive en Cali, decía yo que no lo conocí y me dijo que lo había entrado con W. y le había dado bate a diestra y siniestra con un palo que lo privaba cada rato, que le sacó una pistola o un revólver negro, no sé qué será, eso fue lo que él me dijo nada más (…). PREGUNTADO: Si usted estando en el hospital con su hijo le informó de las personas que lo agredieron y usted tomó nota en un papel, por qué cuando usted amplió la denuncia por primera vez, no mencionó al señor J.. CONTESTÓ; Porque yo no sabía quién era J. y G. lo tenía bien guardado porque decía que el que más duro le daba era J., mis hermanos son abogados, no sé por qué lo tendría guardado, yo por respeto a mi hijo lo que menos trato de preguntarle (sic) que fue lo que le hicieron o no a él (…)(25).

Si bien es cierto que B. O. G. no suministra mayores detalles del íter críminis, sí concuerda con las versiones de su hijo, situación que impide considerar el relato de éste alejado de la realidad de los acontecimientos que directamente percibió. En esa dirección, tampoco hay lugar a afirmar, tajantemente, que la víctima ocultó el nombre de J. y que esa posición cambiante conduce a desestimar su testimonio, como lo sugiere el casacionista, pues, según se vio, desde su primera salida lo señaló y de ahí en adelante le atribuyó las mismas lesiones, en iguales circunstancias de tiempo, modo y lugar.

Si incurrió en inexactitudes, no lo fue en aquellos datos relevantes que ilustran sus propias vivencias a manos de sus agresores.

Surge oportuno recordar, una vez más, que en nuestro sistema penal impera el principio de la libertad probatoria, que faculta al juzgador a llegar al conocimiento medular de lo acontecido o de algún otro aspecto sustancial, por cualquier medio probatorio, pudiendo suceder que, no obstante la pluralidad de medios de convicción, termine por apoyarse en una sola prueba dada la contundencia demostrativa de la misma, en virtud del contexto en que se percibieron los hechos.

4.3. También afirma el casacionista que la restante prueba testimonial no fue valorada por el Tribunal, aspecto que no comporta per se un error de apreciación, porque el deber del juzgador, de apreciar el conjunto probatorio, no le impide desechar aquello que considere innecesario o que no le brinde certeza del asunto que pretende probar. En ese sentido, bien puede soportar su decisión en aquellos aspectos que estime trascendentes, con la única limitante de no transgredir los postulados de la sana crítica

Al respecto, el Ad quem señaló que consideraba innecesario aludir a las versiones suministradas por Á. D. G. C., A. G. L. —a quien confunde con G. J. H. L., como el que acudió a declarar en el juicio—, y J. E. R. H. por tratarse de testigos de oídas.

La Sala debe precisar, al igual que lo hace el representante de la Procuraduría en su concepto, cómo de tiempo atrás se tiene dicho por la jurisprudencia que si bien el testigo ex auditu o de oídas solo puede dar cuenta de unos hechos que otra persona le relató, ello no quiere decir que debe ser rechazado, en cuanto se trata de un mecanismo de verificación que, por sus particularidades, debe ser examinado atendiendo a las calidades personales y sociales del deponente, con miras a establecer su capacidad suasoria.

En CSJ SP, del 26 de enero de 2006, Rad. 21791, esta Corporación evocó ese criterio en los siguientes términos:

‘Si bien es cierto ‘el testigo de oídas, lo único que puede acreditar es la existencia de un relato que otra persona le hace sobre unos hechos (…) y que generalmente ese concreto elemento de convicción no responde al ideal de que en el proceso se pueda contar con pruebas caracterizadas por su originalidad, que son las inmediatas’, tampoco ‘implica lo anterior que dicho mecanismo de verificación deba ser rechazado; lo que ocurre es que frente a las especiales características en precedencia señaladas, es necesario estudiar cada caso particular, analizando de manera razonable su credibilidad de acuerdo con las circunstancias personales y sociales del deponente, así como las de la fuente de su conocimiento, si se ha de tener en cuenta que el testigo de oídas no fue el que presenció el desarrollo de los sucesos y que por ende no existe un real acercamiento al hecho que se pretende verificar’ (Sentencia de segunda instancia, 29 de abril de 1999. M. P. Carlos E. Mejía Escobar)” (M.P. Dr. Jorge Aníbal Gómez Gallego Cas. 10615).

Bajo esa directriz, que se mantiene invariable, la única testigo de oídas sería la denunciante porque su conocimiento acerca de los hechos proviene de aquello que le fue contando su hijo.

Si bien, a los demás no se les puede ubicar en esa categoría porque de alguna manera, por encontrarse cerca del lugar y hora de los hechos, pudieron referir algunos detalles previos, lo cierto es que a ninguno le constan directamente los daños físicos causados al “Ñ.”, como se conocía al ofendido, ni quiénes lo hicieron, pues de este concreto aspecto se enteraron posteriormente, algunos al día siguiente, por comentarios de la gente del barrio.

Un repaso al contenido de esos relatos permite afirmar que, ciertamente, no exhiben una base objetiva acerca del número de individuos que ingresaron al inmueble donde se perpetró el ataque a C. G., como tampoco sus identidades, pues, sobre ese particular, apenas emerge una relativa uniformidad que no desecha la posibilidad de que se encontraran más personas, sin que, entonces, tengan la capacidad de desvirtuar los señalamientos del ofendido contra A. P.

4.4. No viene al caso entrar a cuestionar la celebración de la primera comunión del hijo de J., porque así lo certificó el director de la institución educativa donde aquél estudiaba. Empero, la prueba de descargo, conformada por las declaraciones de L. T. C. F., S. J. M. J. y M. del P. P., no tiene la entidad de enervar el raciocinio del ad quem, en cuanto que, se trató de una excusa de última hora para eludir la acción de la justicia, porque sus referencias apenas genéricas acerca de los lugares a donde —dicen— acudieron en compañía del procesado, así como los artículos que compraron y el tiempo que demoraron haciendo la decoración para la fiesta del día siguiente, no sustraen, indefectiblemente, la presencia de A. P. del lugar y hora en que se perpetró el atentado contra la vida y la libertad del ofendido.

5. Lo anterior es suficiente para concluir en la improsperidad de la censura.

En mérito de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,

RESUELVE:

NO CASAR la sentencia recurrida

Contra esta decisión no procede ningún recurso.

Notifíquese y Cúmplase».

18 Folios 29 a 37 Cuaderno 1.

19 Folios 39 y 40 Cuaderno 2.

20 Folio 62 Ib.

21 Folio 113 Ib.

22 Folio 11 Ib.

23 CD Juicio récord 01:09:01.

24 Folios 26 a 28 Ib.

25 Folios 68 y 69 Cuaderno 3.