“Si se recupera el crecimiento económico, se crearán buenos empleos”

Revista Nº 132 Nov.-Dic. 2005

Ante la crisis económica, la reacción del sector privado en particular fue disminuir la cantidad de gente ocupada. Eso trajo la necesidad de flexibilizar la legislación laboral, lo que facilitó los despidos 

Carlos Ignacio Delgado 

Especial para la Revista Actualidad Laboral 

“Ante la crisis económica, la reacción del sector privado en particular fue disminuir la cantidad de gente ocupada. Eso trajo la necesidad de flexibilizar la legislación laboral, lo que facilitó los despidos”.

Así piensa el asesor presidencial de Chile para asuntos de empleo y ex director regional para América Latina y el Caribe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Víctor Tokman, quien, en entrevista con ACTUALIDAD LABORAL, aseguró que la revigorización de las economías de la región contribuirá a mitigar el problema, aunque insiste en que se deben replantear los sistemas de protección del trabajador, en aras de garantizar su sostenibilidad financiera.

ACTUALIDAD LABORAL: ¿Cómo ve la situación del empleo en América Latina?

Víctor Tokman: Hay un desempleo alto frente a los patrones históricos y, más que esto, percibo un empleo muy fluctuante, debido a la inestabilidad de la economía. Por otro lado, lo que tenemos es un cambio en la estructura del empleo. El sector público, que era uno de los empleadores más importantes, ha dejado de ser un empleador de última instancia, y la responsabilidad del empleo se ha trasladado al sector privado.

A. L.: ¿A qué ha conducido tal responsabilidad?

V. T.: En el sector privado, lo que observamos es un movimiento hacia ocupaciones informales, en algunos casos; en otros, a situaciones bajo contrato con menor protección y, en general, se ve una estructura que hace tiempo viene privilegiando la expansión de los servicios, lo que no es malo en sí, porque hay servicios de muy alta productividad, pero lo que hemos notado es que existe una concentración en servicios de baja productividad. Todo esto configura un cuadro preocupante, porque faltan empleos. Los que se ofrecen no siempre tienen buenas remuneraciones y protección.

A. L.: ¿Conoce las políticas de empleo en Colombia?

V. T.: Colombia, con todos los vaivenes y los grandes problemas que tiene, se ha manejado bastante bien, de manera muy pragmática en materia de políticas económicas. No ha habido grandes reformas laborales, excepto algunas al comienzo, con lo cual no sucede lo que ocurre en otros países como Perú, por ejemplo, donde introdujeron una flexibilización de derecho. Hay una flexibilidad de hecho, que es la existencia de un sector informal bastante amplio.

A. L.: ¿Qué sabe del mercado laboral colombiano?

V. T.: Lo que ha caracterizado a Colombia es un alto desempleo comparado con el de los países latinoamericanos, quizá por la particularidad de que existen unas concentraciones urbanas importantes. No existe una ciudad capital y el resto, sino que tiene centros, polos de desarrollo que han mostrado un marcado dinamismo, pero, al mismo tiempo, una capacidad de atracción de mano de obra y, por lo tanto, alto desempleo, porque el crecimiento no ha sido suficientemente grande. Ello sin contar la violencia, que también ha tenido sus implicaciones sobre la actividad económica y el empleo.

A. L.: ¿Qué opina del debilitamiento de los sindicatos en Latinoamérica?

V. T.: No hay que exagerar sobre el debilitamiento de los sindicatos. Cuando uno los mira, es muy usual preguntar cuántos son los afiliados al sindicato, para comparar ese dato con la población económicamente activa. Hoy, el porcentaje aumenta. Pero también debemos tener en cuenta el porcentaje de la población que elige los presidentes, las autoridades, los políticos y con cuántos votos se eligen los candidatos dentro de los partidos políticos, con lo cual, el tema de los porcentajes hay que manejarlo con bastante cuidado, porque los sindicalizados no dejan de ser un grupo relevante en muchos países.

A. L.: ¿Por qué las reformas económicas se traducen en crecimiento de la economía y no en generación de empleo?

V. T.: Porque las reformas han tenido como resultado, en primera instancia, un aumento de la productividad. También es importante rescatar los puntos de partida, pues había desequilibrios, tanto macroeconómicos como de cuentas fiscales y de balanzas de pagos, que tomó su tiempo corregir con un período de ajustes muy violento. Estos siempre van acompañados, en la mayor parte de los casos, de una contracción económica.

A. L.: ¿Con qué consecuencias?

V. T.: Ante la crisis económica, la reacción del sector privado en particular fue disminuir la cantidad de gente ocupada. Eso trajo la necesidad de flexibilizar la legislación laboral, lo que facilitó los despidos. En la recuperación, lo que estamos viendo es una figura diferente: la recomposición de la estructura donde los trabajos de tipo permanente con contratos protegidos crecen menos y se ha ampliado la descentralización de las relaciones laborales por la vía de la subcontratación, de contratos temporales, algunos de estos perfectamente legítimos y útiles para ser funcionales a aumentos de productividad y otros, claramente, en situación de precarización de los trabajadores.

A. L.: ¿Es posible conducir al sector informal a la formalidad?

V. T.: Creo que sí. Pero, en la medida en que no seamos capaces de tener una estrategia va a ser muy difícil tratar con la informalidad. La estrategia debe superar la etapa que fluctúa entre perseguir a los informales o convivir con ellos como si fuera un fenómeno natural. Los requisitos de la formalidad se deben adaptar a las capacidades de los informales. Se habla mucho de legalizar a los informales, de que sus establecimientos sean reconocidos, de que las relaciones laborales sean contractuales, de que paguen impuestos. Pero lo que sabemos es que la capacidad de pago, si empezamos por ahí, va a ser muy difícil, porque para que cumplan con eso van a tener que desaparecer muchos.

A. L.: ¿Qué opciones se pueden plantear?

V. T.: Debemos reconocer que no hay muchas alternativas de corto plazo. Absorberlos legítimamente en puestos de trabajo en empresas formales sigue siendo la estrategia más importante que se debe seguir en el futuro. Tenemos que cambiar un poco la orientación y tratar de ver por qué no pueden entrar y empezar a construir puentes que permitan incorporarlos progresivamente. Tendríamos que cambiar la orientación de las políticas hacia la informalidad, sin excluir el apoyo, la promoción en crédito, su capacitación. Pero, fundamentalmente, hay que ver a los informales desde el punto de vista de tratar de incorporarlos al sistema en beneficio de ellos y no pensando en querer evitar que compitan deslealmente con los actuales formales.

A. L.: ¿Cuál sería la estrategia de empleo para los desmovilizados de los grupos armados en Colombia?

V. T.: Colombia tiene programas especiales para grupos armados desmovilizados. Es muy difícil absorber grupos que entran masivamente a la búsqueda de trabajo, sobre todo cuando partimos de una situación según la cual lo que no nos falta en Colombia, ni en los otros países, es mano de obra y, más aún, cuando tienen cierto grado de calificación y entrenamiento no necesariamente compatibles con las demandas del país. Por eso, hay una mezcla de políticas activas de mano de obra, fundamentalmente una combinación de subsidios de reentrenamiento y de reinserción.

A. L.: ¿Qué diferencia a Latinoamérica del manejo del empleo con Europa?

V. T.: Europa, juzgada por los patrones mundiales, tiene un sistema de relaciones laborales, de empleo y protección muy propio del continente, construido en torno a un ámbito de economía del bienestar, en donde lo importante es asegurar no solo el empleo, sino la protección de todos. Por eso, tiene un sistema muy generoso en materia de seguros de desempleo, cuyo cambio principal es pasar a la activación de la política de empleo, que no debe ser el pago de tantos subsidios, porque tienden a perpetuarse y a desanimar a los trabajadores a reinsertarse, sino a facilitar con la recalificación su reingreso al sistema. No hay duda de que la mejor protección es el empleo.

A. L.: ¿Cuál es el contraste con Latinoamérica?

V. T.: En América Latina, los desempleados son los que no tienen protección. O sea que allí hay un tema fundamental. Los informales son importantes, pero mientras desarrollan sus estrategias de supervivencia, tenemos más tiempo para actuar, porque son políticas que requieren un período más largo de maduración. En el fondo, en la medida en que la región recupere el ritmo de crecimiento, se van a crear buenos empleos y también se va a aliviar un poco el problema. No obstante, hay mucho por hacer en racionalizar los sistemas de protección, adecuándolos a la capacidad financiera que tienen los países, pues ese ha sido otro de nuestros problemas: tratar de imitar a los europeos. Luego, empiezan los déficit fiscales que no se pueden financiar, por lo cual no solo no creamos empleo, sino que no tenemos crecimiento y sí déficit en las cuentas fiscales, que significan más inflación.