Tendencias actuales del análisis financiero

Revista Nº 16 Oct.-Dic. 2003

César A. León Valdés 

(Colombia) 

Economista de la Universidad de América 

Profesor de la Universidad Externado de Colombia 

Autor de varios libros sobre temas financieros y contables. 

Introducción

De manera tradicional, la disciplina que aborda el tema del análisis financiero, como instrumento de gestión gerencial y administrativa, se ha basado en el cálculo e interpretación de algunos indicadores o razones obtenidas a través de la relación entre dos o más variables registradas en la contabilidad del ente económico que está procediendo a dicha evaluación.

Si alguien se tomase el tiempo necesario para consultar los programas temáticos de la materia “Análisis Financiero” ofrecida por las universidades, para sus estudiantes de pregrado e inclusive de posgrado, se encontraría con contenidos similares a los siguientes: análisis cualitativo y cuantitativo; análisis vertical y horizontal; razones financieras, que incorpora indicadores de liquidez, endeudamiento, actividad, rentabilidad y, en algunos casos, de mercado; fuentes y usos; estado de cambios en la posición financiera; estado de flujos de efectivo y, eventualmente, flujo de caja libre.

En ocasiones, se confunde el análisis propiamente dicho con otros instrumentos de gestión y gerencia financiera, como ocurre en aquellos programas que involucran en sus contenidos temas relacionados con sistemas de costos (estándar, procesos, ABC), administración del capital de trabajo (incluyendo modelos de efectivo, cartera e inventarios), presupuesto de caja, evaluación de proyectos de inversión, gestión de riesgos, valoración de portafolios de inversión y matemáticas financieras, entre las más comunes. Otras veces, la interpretación de resultados no va más allá de explicar que por cada peso invertido o poseído en “algo”, se cuenta con cierta cantidad de dinero para respaldar o cubrir otra variable financiera o económica.

Todo ello avalado por las mismas empresas generadoras de la información que origina el análisis financiero, por cuanto limitan su uso e interpretación a quince o veinte indicadores cuyos resultados se obtienen como el producto de dividir, entre sí, datos diferentes tomados de los estados contables proporcionados por la propia entidad.

Vale la pena, entonces, volver a definir el concepto de análisis financiero y su importancia para la toma de decisiones económicas y estratégicas dentro de cualquier clase de organización. De acuerdo a Bernstein(1) “El análisis de estados financieros es el proceso crítico dirigido a evaluar la posición financiera, presente y pasada, y los resultados de las operaciones de una empresa, con el objetivo primario de establecer las mejores estimaciones y predicciones posibles sobre las condiciones y resultados futuros”. Y más adelante agrega: “La disciplina del análisis de estados financieros descansa en dos bases principales de conocimiento: La primera se refiere al conocimiento profundo del modelo contable, así como del lenguaje, sentido, significación y limitaciones de las comunicaciones financieras, tal como se reflejan habitualmente en los estados publicados... La segunda base, que inevitablemente se apoya sobre la primera, es el dominio de las herramientas de análisis financiero que permiten identificar y analizar las relaciones y factores financieros y operativos más importantes, para llegar a conclusiones fundamentadas”.

Por su parte, Besley y Brigham(2) señalan que “El análisis de estados financieros implica una comparación del desempeño de la empresa con el de otras compañías que participan en el mismo sector de negocios, el cual, por lo general, se identifica con base en la clasificación industrial de la compañía. Por lo común, el análisis se utiliza para determinar la posición financiera de la empresa con el objetivo de identificar sus puntos fuertes y débiles actuales y sugerir acciones para que la empresa aproveche los primeros y corrija las áreas problemáticas en el futuro”.

Así las cosas, en el presente ensayo se propone redefinir el concepto de análisis financiero, con el objetivo de actualizarlo a los requerimientos modernos de información gerencial, de tal forma que se incorporen a él aspectos que, o no son tenidos en cuenta o la medición de su impacto e importancia es muy marginal y limitada.

Para tal propósito se abordarán cinco grandes temas, todos ellos inherentes a un proceso de análisis financiero de alta calidad que, en verdad, sirva de soporte para la evaluación pasada, presente y futura de la gestión económica de cualquier clase de entidad. Dichos temas son: inflación y su impacto en las variables financieras; complementación con nuevas categorías de indicadores que conduzcan a una mejor lectura de resultados; clasificación suplementaria del estado de situación; modernización, mediante el empleo de actuales herramientas de evaluación; y armonización, de acuerdo a tendencias internacionales.

1. Inflación y su impacto en las variables financieras(3) 

Aún con niveles de inflación aparentemente controlados, el fenómeno produce que los precios de los bienes y servicios ofrecidos en la economía se dupliquen en el término de los siguientes lapsos de tiempo:

• Inflación anual del 20 por ciento cada cuatro años

• Inflación anual del 15 por ciento cada cinco años

• Inflación anual del 12 por ciento cada seis años

• Inflación anual del 10 por ciento cada siete años

• Inflación anual del 9 por ciento cada ocho años

• Inflación anual del 8 por ciento cada nueve años

• Inflación anual del 7 por ciento cada diez años y medio

• Inflación anual del 6 por ciento cada doce años

• Inflación anual del 5 por ciento cada catorce años y medio, aproximadamente

En consecuencia, los valores registrados en la contabilidad, como producto de las transacciones realizadas por un ente económico a través del tiempo, se ven afectados por el fenómeno inflacionario, en el sentido de mostrar precios de diferente poder adquisitivo.

La pérdida de poder adquisitivo de la moneda hace que, a su vez, las cifras de los estados financieros no sean comparables y, por lo tanto, a que su análisis conduzca a conclusiones erradas que —muy posiblemente— también generarán distorsiones en la toma de decisiones, sobreestimación de utilidades y altos niveles de endeudamiento, porque se distribuyen utilidades ficticias y el gravamen que se cancela constituye una manera de pagar anticipadamente los impuestos a cargo del ente, con el correspondiente efecto negativo sobre la liquidez de la empresa.

Una forma de solucionar el problema se encuentra en el denominado “sistema integral de ajustes por inflación” que, por lo menos, actualiza las partidas no monetarias de los estados financieros y separa (en una cuenta especial de “corrección por reexpresión”, que, en algunas ocasiones, es tratada como perteneciente al estado de resultados y en otras como una cuenta del patrimonio) las utilidades que no son de operación, facilitando una interpretación más racional de los resultados propios de la organización.

Normas y principios internacionales de contabilidad sugieren —en algunos casos— y obligan —en otros— a practicar, no solo los ajustes por inflación sino la actualización de cifras de un año a otro, después de que han sido ajustadas. Este hecho se presenta para efectos de consolidación de grupos económicos, en sus informes al exterior y, además, para poder inscribir acciones, títulos y bonos de deuda privada en los mercados internacionales, mecanismo que empieza a ser importante como elemento de financiación de las empresas, debido a la tendencia de globalización de los mercados.

Las principales normas internacionales que rigen esta materia son:

Financial Accounting Standards Board (FASB): Declaración Nº 89 “informes financieros y precios cambiantes”, de carácter voluntario y no obligatorio para estados financieros que se emitan con fecha posterior al 2 de diciembre de 1986.

Canadá: Boletín 4510 que regula la presentación de los efectos de la inflación en forma conjunta con los estados financieros anuales; es de obligatoria aplicación para empresas que coticen en mercados públicos de valores y que además posean unos activos totales superiores a ciertos límites definidos en la norma.

International Accounting Standard: IAS 15 e IAS 29, información que refleja los efectos de los precios cambiantes e información financiera en economías hiperinflacionarias, respectivamente. Al respecto, vale la pena aclarar que no es estrictamente necesario alcanzar una inflación acumulada del ciento por ciento en un período consecutivo de tres años para estar en la obligación de acudir a los procedimientos enunciados en dicha normatividad, de acuerdo con lo expresado en el párrafo 3 del IAS 29: “Este pronunciamiento no establece una tasa absoluta para considerar que al sobrepasarla, surge el estado de hiperinflación. Es por el contrario, un problema de criterio juzgar cuándo es necesario reexpresar los estados financieros de acuerdo a la presente norma”.

The Institute of Chartered Accountants in England and Wales: Declaración provisional de la IAS 7, Contabilidad para cambios en el poder adquisitivo de la moneda, publicada en mayo de 1974 para ser aplicada en los países del Reino Unido.

Ley 56 de Régimen tributario interno: Promulga normas en Ecuador respecto a la obligación de aplicar un sistema integral de ajustes por inflación a partir de 1991. Esta obligación, junto con las demás normas del impuesto sobre la renta, fue reemplazada desde el año de 1999 por un impuesto único y general sobre las transacciones bancarias.

Ley del impuesto sobre la renta (LIR) de 1991: Regula el sistema de ajustes por inflación en Venezuela.

Instituto Mexicano de Contadores Públicos: El Boletín B-10, actualmente vigente, regula los procedimientos aplicables para el reconocimiento de los efectos de la inflación en la información financiera. Dicho boletín ha sido modificado con la expedición de cinco documentos de adecuación.

Federación Argentina de Consejos Profesionales de Ciencias Económicas: Por medio de la Resolución MD 3/2002 se establece que la Resolución Técnica 6 (Reconocimiento de los cambios en el poder adquisitivo de la moneda), con las modificaciones introducidas por la Resolución Técnica 19, adoptada por este Consejo en su Resolución CD 262/2001, tendrá vigencia para los ejercicios o períodos intermedios cerrados a partir del 31 de marzo de 2002 inclusive. La razón para acudir nuevamente a un mecanismo de esta clase, después de haberlo abandonado por casi tres años es el de “superar el concepto aritmético formal del balance del ejercicio o los correspondientes a períodos intermedios dentro de un mismo ejercicio basados en el criterio del costo histórico...” y para que “exista uniformidad respecto de la forma de presentación de los estados contables”.

La mencionada Resolución 6/1984 afirma “que en períodos inflacionarios los estados contables, no ajustados para contemplar los efectos de la inflación sobre los valores de las cuentas que los integran, presentan información que puede considerarse —en términos generales— totalmente distorsionada”; y “que esa información distorsionada sobre la posición y la actividad económico-financiera de un ente, sirve de base para la toma de decisiones importantes que hacen a su vida como tal (distribución de ganancias, análisis de situación patrimonial y de resultados, determinación de costos y precios de venta y otras)”.

Otros países: Naciones como Chile, Brasil, Alemania, Checoeslovaquia, España, Holanda, Japón, Paraguay, Perú, Portugal y Turquía, entre otros, tuvieron o mantienen alguna legislación bien sea basada en ajustes parciales o integrales o en costos específicos o por índices generales de precios.

Por lo anterior, el diseño de indicadores y la interpretación de la información que de ellos se desprende se ven afectados por el impacto de la inflación, sobre todo en aquellas razones cuya conformación o formulación incorpora una o más variables sensibles a la exposición inflacionaria, tales como activos no monetarios o rubros de costos o gastos.

Específicamente, la inflación distorsiona los siguientes indicadores, comúnmente utilizados en el análisis financiero:

Número de veces que se gana el interés: El resultado por utilidad antes de intereses e impuestos, que constituye el numerador de esta razón de solvencia y cuyo resultado pretende señalar la capacidad de generación de liquidez con que cuenta la empresa para atender sus compromisos por concepto de gastos financieros y reembolso de capital se encuentra subvaluado, por cuanto los costos y gastos que afectan los ingresos corrientes del ente económico corresponden a valores históricos y no a precios de reposición.

Rotación de inventarios: Independientemente que se tome como variable el costo de ventas o las compras realizadas, este indicador de actividad arrojará un resultado falso por el mismo motivo expresado para la razón “Número de veces que se gana el interés” en cuanto a la antigüedad de los costos y gastos que se toman para su medición.

La parte de la inflación que se incorpora a los inventarios no consumidos o vendidos podría causar alguna distorsión en la interpretación del resultado, transmitiendo un falso mensaje de mejoría en los días de rotación calculados, motivo por el cual es recomendable, o bien excluir este efecto o bien modificar su interpretación.

Rotación de proveedores: Tampoco el resultado de este indicador es confiable cuando se toman las compras sobre valores históricos y no a precios actuales.

Ciclo neto de comercialización: Por ser consecuencia de la comparación de la rotación de inventarios y cartera con la rotación de proveedores, el dato conocido como ciclo neto de comercialización no es adecuado para la toma de decisiones relacionadas con la determinación del capital de trabajo de un ente económico, si no se han introducido los ajustes correspondientes.

Capitalización a largo plazo: El denominador de esta razón está conformado por el patrimonio de la empresa, el cual se ve afectado por el impacto de la inflación, motivo que conduce a pensar en la necesidad de reexpresar los diferentes componentes que representan la inversión de los propietarios de la empresa.

Nivel de endeudamiento: Aunque el ajuste por inflación a los activos no monetarios disminuye el resultado de la razón, la acción a seguir en este caso es fijar un nuevo estándar de evaluación para determinar los niveles de riesgo de cualquier empresa.

De la misma forma como ocurriría con el índice de rotación de inventarios, no sería correcto interpretar que los niveles de endeudamiento mejoran por efecto de la inflación (el impacto del fenómeno sobre los activos no monetarios haría que estos incrementen su valor, mientras que los pasivos, por tratarse de partidas monetarias, conservarían su valor nominal).

Cobertura de efectivo: Por emplear la utilidad antes de depreciación, intereses e impuestos como numerador del cuociente de cálculo, la razón “cobertura de efectivo” se encuentra subvaluada pues no toma los demás costos y gastos (diferentes a depreciación, cuando los activos fijos han sido ajustados por inflación y se permite que dicha depreciación se calcule sobre el costo ajustado) a precios constantes o actuales, sino a valores históricos.

Rendimiento sobre la inversión: El resultado del indicador más importante de la actividad empresarial siempre estará sobrevaluado si no se toma la decisión de recalcular la utilidad generada en la operación, debidamente corregida por inflación; es decir, actualizando por inflación los costos y gastos incurridos durante el período, pero manteniendo el mismo valor nominal de los ingresos, con lo cual la utilidad, necesariamente, será menor a la registrada contablemente (más real).

Y si el resultado de ajustar las partidas no monetarias del balance ha sido registrado —como contrapartida— en una cuenta del estado de ganancias y pérdidas, tal valor también debe ser eliminado de la utilidad contable (en este caso dicha utilidad puede aumentar o disminuir, según los activos no monetarios sean menores o mayores que el patrimonio, respectivamente).

Margen de ganancias: Por el mismo motivo expuesto en el párrafo anterior, el índice denominado “margen de ganancias” estará, también, sobrevaluado conduciendo, por lo tanto, a interpretaciones erradas y toma de decisiones sobre bases falsas.

Rendimiento del patrimonio: Los efectos de la inflación sobre este indicador son dobles, pues dicho fenómeno afecta tanto a la utilidad (numerador) como al patrimonio (denominador) produciendo una gran distorsión en el resultado obtenido.

De la misma manera, el fenómeno económico de la inflación produce impacto de alguna magnitud en indicadores tales como rotación de activos totales, razón de precio-utilidades, margen de ganancias y razón de valor de mercado a valor en libros, entre los más comunes. Únicamente no causa ninguna distorsión en aquellos índices financieros cuyas variables están conformadas por partidas típicamente monetarias, como es el caso de la razón rápida o prueba ácida.

Finalmente, debe advertirse que la actualización de cifras para fines comparativos, entre diferentes períodos, solo estará técnicamente completada si previamente se han reexpresado los rubros no monetarios del balance para que queden registrados en moneda de poder adquisitivo del 31 de diciembre. De otra manera, dicha actualización —de un período a otro o a otros— solo será parcial y los resultados obtenidos no estarán conduciendo a una interpretación real y fidedigna del comportamiento financiero de un ente económico respecto a otros períodos o a otras empresas del mismo sector.

2. Complementación (nuevas categorías de indicadores)

Por su naturaleza, el diagnóstico de empresas a partir de indicadores y razones es estático y se le conoce bajo el nombre de análisis patrimonial pues se basa en el supuesto de que la entidad económica objeto de análisis tendrá que ser liquidada, para cancelar deudas y pasivos que estaban garantizadas por el activo, valorizado como aparece en los registros contables.

Sin embargo, este supuesto no es válido. Por el contrario, el análisis financiero de una organización debe ser emprendido bajo la premisa del principio contable de “continuidad”, que señala que la empresa seguirá en funcionamiento, en forma indefinida, hacia el futuro. Por lo tanto, sin desechar el uso de razones tradicionales, debería dinamizarse el proceso de evaluación añadiendo otra clase de indicadores que, aunque basados también en estados financieros cortados a una fecha determinada, permitan inferir el comportamiento futuro del ente.

Dentro de las herramientas que permitirían alcanzar este propósito se encuentran los indicadores de flujos de efectivo, gestión y valor, además de algunas técnicas modernas de evaluación financiera. En primera instancia, se plantearán las relaciones entre variables dinámicas y estáticas para lograr el objetivo planteado y más adelante, en otra sección de este mismo documento, se explicarán los nuevos instrumentos de análisis gerencial, que han venido surgiendo con los avances tecnológicos de los últimos años.

2.1. Indicadores de flujos de efectivo(4) 

El uso de indicadores de flujo de efectivo, también denominados razones de tesorería, convierte en dinámico un resultado que tradicionalmente ha sido interpretado desde un punto de vista estático. En efecto, para el estudio de otorgamiento de créditos siempre se ha considerado a los índices de capital de trabajo, básicamente la razón corriente y la prueba rápida o ácida, como las mejores medidas para determinar la capacidad de pago de una empresa. Sin embargo, estas razones solo señalan el efectivo disponible en una fecha pasada y no aseguran que dicha disponibilidad continúe hacia el futuro.

En cambio, la introducción de indicadores de flujos de efectivo podrá señalar, con mejores posibilidades de acierto, los volúmenes de dinero generados durante un período, con el propósito de que sean comparados contra el total de pasivos corrientes registrados por el ente económico, para reflejar las disponibilidades con que se atenderán las obligaciones de corto y largo plazo. Por tal motivo, se presentan a continuación los indicadores sugeridos por Mills y Yamamura y que facilitarán una mejor lectura de las proyecciones de liquidez y solvencia de una empresa.

Razón del flujo de efectivo operacional 

Flujo de efectivo proveniente de operaciones
Pasivo corriente

El numerador del indicador se obtiene del estado financiero denominado “estado de flujos de efectivo” en la parte donde se determina el efectivo provisto o usado por actividades de operación, en tanto que el pasivo corriente se tomará del estado de situación o balance.

El resultado señala la capacidad de la empresa para generar recursos propios, destinados a cubrir sus obligaciones corrientes.

Razón de cobertura de flujos de fondos 

EBITDA
Intereses, abonos a deuda y pago dividendos preferenciales

En este caso, el numerador de la razón estará constituido por el concepto EBITDA (Earnings before interests, taxes and depreciation and amortization) es decir por el resultado obtenido como utilidad antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones.

El denominador estará compuesto por el monto de los intereses pagados, las cuotas de capital canceladas durante el período y los dividendos pagados sobre acciones preferenciales que constituyen —los tres conceptos— obligaciones prioritarias para cualquier empresa.

El resultado permitirá identificar el riesgo de que, eventualmente, se deje de atender las obligaciones de carácter financiero, adquiridas por una empresa. Por lo tanto, esta razón debería ser igual o superior a uno y entre más alejada esté de la unidad, existirían mayores probabilidades de cancelar oportunamente esta clase de deudas. Por el contrario, si el resultado es menor a uno, la empresa requerirá fondos adicionales, no solo para cumplir con los pagos inherentes a la financiación sino, también, para continuar normalmente con su operación.

Razón de cobertura de intereses en efectivo 

Flujo de efectivo proveniente de operaciones + Intereses e impuestos pagados
Intereses pagados

Este indicador es similar a la razón conocida bajo el nombre de “Número de veces que se gana el interés” o “Cobertura de intereses”. La diferencia radica en que, en tanto este último utiliza como numerador el resultado de la utilidad contable obtenida, la razón de cobertura de intereses en efectivo emplea el flujo de efectivo proveniente de actividades de operación; en ambos casos se depura dicha base en los intereses e impuestos pagados.

El denominador estará constituido por el monto de los intereses pagados, para lo cual habrá que conciliar aquellos gastos pagados por anticipado, al inicio y al final del período, con la causación respectiva.

Un resultado alto en este indicador será producto de un bajo apalancamiento y si llegase a ser menor que uno, ello significará un riesgo inminente de incumplimiento en las obligaciones inherentes a la financiación y la necesidad de obtener nuevos fondos.

Razón de cobertura de deuda 

Flujo de caja operativoenos dividendos pagados
Pasivo corriente

Conformado por el flujo de efectivo proveniente de actividades de operación debidamente afectado por los dividendos pagados durante el período, en el numerador, y por el total de los pasivos exigibles en el corto plazo, en el denominador, este indicador involucra la política de distribución de utilidades trazada por la empresa y su impacto en la generación de liquidez para atender las obligaciones surgidas en el desarrollo de las operaciones sociales, las cuales se asocian con la deuda corriente o de corto plazo.

El resultado obtenido, como ya se explicó, señala la capacidad para generar efectivo disponible para el pago de pasivos con vencimiento menor a un año, por lo que un cuociente elevado confirmará dicha capacidad y, por el contrario, un cuociente que tienda a cero será un determinante para pensar en la posibilidad de obtener nueva financiación.

Pero, adicional al estudio de la capacidad para atender obligaciones de corto plazo, también debería ser costumbre complementar las razones de solvencia —que provienen de variables tomadas de los estados de situación y de resultados— con indicadores cuyos determinantes se puedan combinar con resultados de los estados de efectivo o de caja y que ayuden a evaluar la situación financiera a largo plazo.

Razón de desembolsos de capital 

Flujo de caja operativo
Desembolsos de capital

El resultado pronostica la capacidad del ente económico para generar capital adicional, proveniente de las actividades normales, destinado a reinversión y a la atención de las obligaciones adquiridas. Si la razón de desembolsos de capital es mayor a uno se podrá afirmar que se cuenta con la capacidad suficiente para estos fines. Por el contrario, si es menor señalará la necesidad de obtener nuevo capital, bien sea a través de emisión de acciones o logrando préstamos a largo plazo.

Razón de deuda total (flujo de caja a deuda total) 

Flujo de caja operativo
Total pasivos (corto y largo plazo)

Esta razón es un indicador de la capacidad para generar fondos suficientes para cubrir oportunamente la totalidad de las obligaciones contraídas, bien sea a corto o a largo plazo. Cuanto más tienda a cero el resultado, menores serán también las posibilidades para atender sus pasivos, señalando una posibilidad de insolvencia o incapacidad futura, desde el punto de vista financiero o, por lo menos, un riesgo en potencia.

Razón de caja libre total 

Utilidad neta + intereses (capitalizados y causados) + depreciaciones y amortizaciones + canon arrendamiento operativo - dividendos decretados y desembolsos de capital
Intereses (capitalizados y causados) + canon arrendamiento operativo + porción corriente de pasivos a largo plazo + porción corriente canon arrendamiento operativo

Se toma como numerador la utilidad contable, determinada después de la provisión para el pago de impuestos sobre la renta, y se depura sumándole el total de intereses pagados (causados y pendientes de amortizar), los cargos por depreciación, amortizaciones y cuotas de arrendamiento operativo. Al total así obtenido, se resta los pagos por concepto de dividendos decretados y los desembolsos por amortización de préstamos financieros.

Por su parte, el denominador será la suma de los intereses pagados, las cuotas de arrendamiento operativo, la porción corriente de las obligaciones a largo plazo y de arrendamiento de equipo, también a largo plazo.

El resultado señala la capacidad de la empresa para generar recursos propios que le permitan atender los pasivos relacionados con la financiación de las actividades propias del negocio.

Razón de suficiencia de flujo de caja 

EBITDA menos desembolsos de capital
Promedio vencimiento obligaciones cinco años siguientes

El numerador de la razón estará constituido por EBITDA (utilidad antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones) menos intereses e impuestos pagados (no solo los causados contra resultados del ejercicio) y menos los desembolsos por concepto de amortización de obligaciones.

El denominador estará compuesto por el promedio de los vencimientos de deudas anuales, durante los siguientes cinco años. Si el resultado del indicador es alto, entonces se podrá asumir que la compañía evaluada tiene un mejor riesgo de crédito que aquellas que no generan un buen volumen de recursos propios y, por lo tanto, deben acudir a fuentes externas de financiación.

2.2. Indicadores de gestión(5) 

De la metodología de análisis conocida bajo el nombre de Camel, adoptada, en principio, por las entidades de crédito de los Estados Unidos con el propósito de medir y determinar la real solidez financiera de las grandes empresas de dicho país a través de evaluar su desarrollo gerencial junto con el análisis de algunos indicadores financieros y de riesgo corporativo, se toman los principales elementos para el planteamiento propuesto de complementar el estudio financiero de las empresas con variables no financieras, también conocidas como razones de gestión.

Camel es la sigla en inglés de: Capital, asset, management, earning and liquidity, que traducida al español podría significar algo así como calidad o idoneidad en capital, activos, manejo gerencial, utilidades y liquidez. Son, pues, cinco las áreas sobre las cuales concentra su estudio la metodología Camel requiriendo, a su vez, de información proveniente de siete fuentes: estados financieros, proyecciones y presupuestos de flujos de caja, tablas de amortización de cartera, origen de la financiación, junta directiva, operaciones de personal y entorno macro económico.

Con base en estas cinco áreas y siete fuentes de información, Camel analiza y califica 21 indicadores, con diferente peso relativo dentro de la evaluación. Ocho índices son cuantitativos y representan el 47 por ciento de la calificación y los trece restantes tienen características cualitativas, representando el 53 por ciento de complemento en el análisis. La calificación compuesta definitiva, que se obtiene a través del análisis Camel, es un número comprendido entre la escala de cero a cinco, siendo este último equivalente a la excelencia. A su vez, esta escala numérica tiene un equivalente alfabético denominado en las siguientes letras: AAA, AA, A, BBB, BB, B, DD, D y no calificada. En algunos casos, como en los análisis efectuados por la Reserva Federal de los Estados Unidos, dicha calificación toma una escala de 1 a cinco, donde 1 es la nota más alta.

Los estados financieros requeridos para adelantar el análisis Camel deben corresponder a los últimos tres períodos y ellos estarán debidamente auditados. Así mismo, se pide estados interinos (intermedios) para el último período de doce meses e información relativa a la planificación de operaciones (proyecciones y presupuestos), en cuanto a los créditos otorgados y a la financiación obtenida, y a la actuación de la administración del ente (junta directiva). Con esta información se pretende conocer el nivel y la estructura de las diferentes operaciones de crédito (tanto activas como pasivas) así como la calidad de infraestructura y personal, relativa al ente que está siendo sometido a la metodología Camel.

Sin embargo, dichos estados financieros son sometidos a seis categorías de ajustes, con el objetivo de hacerlos comparables con otras empresas del mismo sector y de homogenizar la medición del desempeño financiero de la entidad dentro de un contexto o punto de vista del intermediario crediticio. Los ajustes que se introducen a los estados financieros tienen que ver con aspectos tales como alcance de la actividad financiera, previsión de pérdidas de cartera (cuentas incobrables), anulaciones, subsidios tácitos y expresos, efecto de la inflación e ingresos por intereses devengados.

Así las cosas, los criterios determinantes para otorgar la respectiva calificación a cada uno de los 21 indicadores son orientados bajo parámetros previamente establecidos y enmarcados, como ya se mencionó, en cinco grandes áreas que comprenden idoneidad del capital, calidad de los activos, eficiencia de la gerencia, utilidades y manejo de la liquidez.

Idoneidad del capital 

El objetivo en este caso es evaluar la solvencia financiera de la entidad para medir si los riesgos asumidos están adecuadamente cubiertos con capital y reservas, de tal manera que se puedan absorber posibles pérdidas provenientes de operaciones de crédito. Esta área incorpora seis indicadores como apalancamiento, capacidad para obtener liquidez, fortaleza de las reservas, calidad de los activos, cartera riesgosa y política de castigo deudas malas o manifiestamente perdidas.

La calificación de la idoneidad del capital toma en cuenta, entre otras cosas:

• El nivel y calidad del capital, medido por la condición financiera de la institución;

• La habilidad de la gerencia para obtener nuevos recursos, si así se llegare a requerir;

• La naturaleza y volumen de los activos, así como su comportamiento y asignación de provisiones contingentes;

• La composición del balance y, en especial, la naturaleza y volumen de los activos intangibles, el grado de concentración del riesgo y las contingencias asociadas al desarrollo de actividades no tradicionales;

• Actividades no registradas en el balance y su exposición al riesgo;

• Calidad, nivel y regularidad de las utilidades y consistencia en la política de dividendos;

• Proyecciones y planes de expansión o crecimiento; y

• Posibilidades de acceso al mercado de capitales o a otras fuentes de financiación a largo plazo.

En resumen, es importante mantener un capital equilibrado, de acuerdo con la naturaleza y profundidad del riesgo asumido por el ente, así como la habilidad de la gerencia para identificar tales riesgos, medirlos y controlarlos, para lo cual se evalúa la clase de crédito que se otorga, el monto y los procedimientos internos que se siguen para su otorgamiento.

Calidad de los activos 

Como su nombre lo indica, esta área pretende medir los activos de la empresa así como su capacidad operativa y la eficiencia con la cual son utilizados. Incluye indicadores como productividad de los activos a largo plazo e infraestructura.

Los factores que intervienen, en este caso, son:

• Existencia de políticas y estándares para la administración del crédito e identificación de riesgos;

• El riesgo de crédito que surge de transacciones fuera de balance, como futuros, cartas de crédito o líneas especiales de financiación;

• Diversificación y calidad de préstamos y portafolios de inversión;

• La política y procedimientos para el otorgamiento de préstamos (o créditos, en sectores diferentes al financiero);

• Concentración de activos;

• Existencia de controles internos y eficientes sistemas de información;

• Naturaleza y volumen de la excepción documentaria en el otorgamiento de créditos;

• Nivel, distribución y problemas de transacciones realizadas fuera de balance;

• Realización de reservas.

Esta área debe reflejar la habilidad de la gerencia para identificar, cuantificar y controlar los riesgos crediticios asociados con el otorgamiento de préstamos o créditos y cartera de inversión.

Eficiencia de la gerencia 

También cinco índices ayudan a medir la administración de la empresa, bajo el criterio de la eficiencia: administración; recursos humanos; procesos, controles y auditoría; tecnología informática; y planeación estratégica y presupuestos.

En el área de calificación de la eficiencia administrativa se toman variables tales como:

• Nivel y calidad de respaldo de las directivas y de la gerencia a las actividades desarrolladas por el ente;

• Habilidad de directivas y administradores para tomar decisiones, planear y responder ante cambios y riesgos imprevistos, así como para desarrollar oportunamente nuevos productos o planes de negocios;

• Políticas internas adecuadas para identificar y controlar las operaciones de riesgo;

• Oportunidad en el manejo de la información e implantación de sistemas de control de riesgos, de acuerdo al tamaño de la organización y a las actividades desarrolladas;

• Cumplimiento de leyes, normas y reglamentos;

• Respuesta oportuna a recomendaciones presentadas por auditores o autoridades externas;

• Concentración de autoridad en pocas manos.

Normalmente se consideran en esta área, riesgos inherentes a las actividades crediticias, de mercado, operacionales, de imagen, legales y de liquidez, dependiendo de la naturaleza y alcance de las actividades desarrolladas por el ente.

Utilidades 

Mediante tres índices cuantitativos y uno cualitativo, la metodología Camel evalúa el comportamiento y la eficiencia de las utilidades. Recurre aquí, a tres razones financieras ampliamente conocidas en el análisis de rentabilidad: rendimiento sobre la inversión (RSI) o return on equity (ROE); eficiencia operativa o margen de ganancias; y rotación de activos o return on actives (ROA). Finalmente, el indicador cualitativo mide la política aplicada a tasas de interés.

Los anteriores indicadores identificarán factores tales como:

• Nivel de utilidades, incluyendo el análisis de su tendencia y su estabilidad;

• Política de retención de utilidades;

• Calidad y origen de las ganancias obtenidas;

• Volumen de costos y gastos, en relación con la operación;

• Existencia de sistemas de presupuestos, proyecciones y pronóstico, así como de eficientes sistemas de información;

• Creación y registro de provisiones adecuadas;

• Grado de exposición de las utilidades a riesgos de mercado, tales como fluctuaciones en las tasas de interés o de cambio.

Esta parte del análisis pretende no solo cuantificar el nivel de utilidades y su retorno, sino también calificar la calidad y los diversos factores que la determinan.

Manejo de la liquidez 

Analiza la capacidad para maniobrar en condiciones de disminución en las fuentes de fondos o en situación de aumento de activos, así como para atender costos y gastos de operación a tasas razonables de financiación. En consecuencia, los cinco últimos indicadores, para completar los 21 de que consta la estructura Camel, son: estructura de pasivos; disponibilidad de fondos para satisfacer la demanda de crédito; proyecciones de efectivo; y productividad de otros activos corrientes.

En consecuencia, son variables importantes en el estudio de la liquidez:

• Adecuado nivel, de acuerdo con sus necesidades y expectativas presentes y futuras;

• Razonabilidad y facilidad de convertir activos en efectivo;

• Facilidad de acceso al mercado de dinero y a otras fuentes de financiación a corto plazo;

• Grado de volatilidad de las fuentes de recursos de corto plazo para financiar activos no corrientes;

• Tendencia y estabilidad de los depósitos (sobre todo para entidades financieras);

• Posibilidad de realizar rápidamente un grupo de activos, en caso de llegarse a necesitar;

• Capacidad de identificar, medir y controlar la posición de liquidez;

• Habilidad para desarrollar e implementar planes de contingencia y de captar las señales emitidas por el entorno.

Desde hace algún tiempo, se incluye una sexta área relacionada con los riesgos de mercado y la exposición que pueda tener una organización a ellos.

Riesgos de mercado 

Hace referencia a la sensibilidad a riesgos derivados de variables económicas tales como fluctuaciones en las tasas de interés o variaciones en la tasa de cambio, así como en las oscilaciones de las acciones o la variabilidad de otros factores del entorno como los precios o la inflación, en general.

La exposición a los riesgos de mercado evalúa aspectos tales como los siguientes:

• Sensibilidad de las utilidades a variaciones en las tasas de interés, moneda extranjera, precios o bursatilidad;

• Habilidad de la gerencia para identificar, medir y controlar la exposición a esta clase riesgos;

• Naturaleza y complejidad del riesgo inherente a la clase de actividad desarrollada.

La combinación de los resultados calculados mediante la aplicación de la metodología de análisis Camel o Camels, si se añade la sexta categoría referente a los riesgos de mercado, se obtiene una evaluación cualitativa basada en la calificación cuantitativa del rango comprendido entre uno y cinco, de las diferentes categorías de análisis.

2.3. Indicadores de valor

Aunque desde hace algunos años ya se habla con alguna propiedad de los indicadores de valor como medida de generación de riqueza, las variables que intervienen en su formulación no son apropiadamente definidas y ello conduce a resultados que no reflejan la realidad del ente económico y, en consecuencia, conducen a decisiones muchas veces equivocadas.

Tal vez la medida más popular de valor es el EVA (Economic Value Added, por sus siglas en inglés) concepto propuesto originalmente, en su aspecto empresarial y financiero, por Stern Stewart Co. y que también ha sido denominado Economit Profit (EP) por la firma de consultoría McKinsey & Co., pues la sigla EVA se encuentra debidamente registrada y patentada. En este documento emplearemos la abreviatura VAE (Valor Agregado Económico) para manejar este indicador gerencial.

VAE, entonces, se puede definir como una medida que señala el monto del valor creado por un ente económico en el ejercicio de una actividad mercantil, estimado después de descontar el costo de obtener los recursos necesarios para ejercer tal actividad. De acuerdo con esta definición, en su cálculo intervienen las siguientes variables: utilidad de operación después de impuestos (UODI), capital invertido que, a su vez, está conformado por el capital neto de trabajo y el total invertido en activos fijos, también netos; por último, debe identificarse el costo de capital.

Utilidad de operación después de impuestos 

En congruencia con la necesidad de medir el impacto de la inflación en los estados financieros el concepto de utilidad de operación después de impuestos debería corresponder al resultado obtenido de comparar los ingresos operacionales con los costos y gastos, debidamente actualizados por inflación. Este cálculo arrojaría, naturalmente, una utilidad menor a la registrada contablemente, pero mucho más cercana a la realidad económica de la empresa en cuestión. Al resultado así obtenido se resta el monto de los impuestos directos reconocidos por el período gravable correspondiente, para arribar así a la variable UODI.

Capital invertido 

Para propósitos de este indicador el capital invertido estará conformado por el total estimado como capital de trabajo, adicionado con el valor neto de la propiedad, planta y equipo registrado en los libros de contabilidad de la organización. El capital de trabajo es, por definición, la diferencia entre el activo corriente y el pasivo, también a corto plazo. Como en ambas variables se incorporan partidas no monetarias (inventarios, en el capital de trabajo y todos los activos fijos) el concepto de capital invertido debería estar reexpresado por inflación. Sin embargo, como el objetivo del indicador VAE es determinar el valor que se añade a la inversión de los propietarios de la empresa, parece viable pensar que dicho capital invertido debería estimarse sin ajustes por inflación, pues la inversión real fue la realizada en su momento (valores históricos) y no la que se esperaría realizar hoy día (a precios actuales).

Costo de capital 

Básicamente existen dos formas de calcular el costo de capital en que incurre una empresa para financiar la inversión en activos y poder desarrollar su actividad. Ellas son: el CPPC o costo promedio ponderado de capital (en inglés WACC o Weighted Average Cost of Capital) y el modelo CAPM (Capital Asset Pricing Model).

Costo promedio ponderado de capital 

Este concepto hace referencia al costo de los recursos que emplea un ente económico para su crecimiento e inversión, y se desprende de la estructura de capital de la organización. El costo promedio del capital incorpora el costo explícito de cada una de las diferentes categorías de recursos utilizados, según su origen, su exposición al riesgo, tasa de impuestos y participación relativa en el capital total.

Como normalmente los fondos disponibles para las empresas son limitados es importante identificar el costo de los mismos, cuyo resultado equivale al costo de oportunidad o tasa de retorno esperada y, en consecuencia, permitirá conocer la verdadera rentabilidad de un proyecto o de una actividad.

El componente más importante del costo de capital es el riesgo, el cual se define como el grado de incertidumbre que los accionistas aceptan por las inversiones que efectúan.

Cada rubro que integra la estructura de capital de la empresa, tiene un costo particular de capital y su mezcla conforma el costo promedio ponderado de capital del ente económico que se está analizando. Dichos rubros son:

• Costo de las obligaciones financieras

• Costo de las acciones

• Costo de las ganancias retenidas

• Costo por financiación de proveedores

Capital Asset Pricing Model 

El método CAPM, desarrollado por William Sharpe, para determinar el costo de capital de un ente económico se basa en la combinación de tres factores: la tasa libre de riesgo para la economía, la prima de mercado que se obtiene por invertir en papeles de riesgo y un beta (o grado) de riesgo sistemático en el sector económico que se esté evaluando.

La tasa libre de riesgo y la prima de mercado son iguales para todas las empresas pero, en cambio, el beta o grado de riesgo varía dependiendo de la clase de empresa y de la industria a la cual pertenezca.

CAPM = Rf + ß (Rm - Rf)

Donde:

Rf: Rentabilidad de un activo que no ofrece riesgo

Rm: Rentabilidad del mercado

(Rm-Rf): Prima de riesgo del mercado

ß: Coeficiente de variabilidad del rendimiento de los recursos propios de la empresa respecto al rendimiento de los recursos propios del mercado. Cuanto mayor sea ß, mayor será el riesgo que tiene la empresa.

Si ß>1: La rentabilidad esperada de los fondos propios será mayor a la rentabilidad del mercado (Rm).

Si ß<1: La rentabilidad esperada de los fondos propios será menor a la rentabilidad del mercado (Rm).

Si ß=0: La rentabilidad esperada de los fondos propios será la rentabilidad de un activo sin riesgo (Rf).

Si ß=1: La rentabilidad esperada de los fondos propios será la rentabilidad del mercado (Rm).

Con las variables así definidas, se formula ecuación de VAE en los siguientes términos:

VAE = UODI – (CI X Cc)

Donde:

VAE= Valor agregado económico

UODI= Utilidad de operación después de impuestos

CI= Capital invertido, de acuerdo con la definición explicada en párrafos anteriores. En algunos casos se emplea, para esta variable, el resultado de sumar el pasivo más el patrimonio o, lo que es igual, el total del activo.

Cc= Costo de capital, bien sea hallado por la metodología del costo promedio ponderado de capital (CPPC) o con la técnica de CAPM.

De acuerdo a Dezerega Cáceres(6)“Uno de los mejores atributos del EVA es la facilidad con que permite disgregar la contribución al valor económico de una corporación, en sus partes componentes. El EVA puede calcularse a nivel de una división, de una empresa y/o una función, y así determinar qué unidad es la que está contribuyendo en mayor proporción a la creación de valor corporativo: de allí el extendido uso que se está haciendo del EVA, al ligarlo a los incentivos gerenciales periódicos que premian un mejor desempeño (compensación variable): mirando hacia delante y hacia atrás”.

2.4. Indicadores de tecnología

Ante el avance de la tecnología de internet, la forma de hacer negocios está cambiando de manera radical. La posibilidad de implementar un sitio web que facilite la comunicación entre la empresa y sus clientes y proveedores, está optimizando la estructura de costos de las organizaciones y, en consecuencia, afectando favorablemente las utilidades provenientes de las operaciones así como los volúmenes de inversión en planta fija y en el desarrollo de nuevos productos y servicios.

Por tal motivo, parece inevitable —y, de hecho, muy necesario— establecer alguna forma de medir el impacto de las nuevas tecnologías sobre las variables anteriormente mencionadas y otras conexas, tales como niveles de mercado, segmentación de ventas (tradicional y por internet), calidad del servicio, visitantes de la página y monto de operaciones por internet, entre otras. Y la mejor manera de adelantar dicha tarea de medición es a través de indicadores financieros y económicos, como los que más adelante se proponen, después de analizar brevemente los negocios de tipo B2B y B2C.

Business to Business (B2B) 

Se le denomina así al comercio entre empresas (la nuestra y otra u otras) modalidad que ha venido creciendo en los cinco últimos años, debido a la reducción del tiempo de respuesta en las transacciones comerciales y a un significativo crecimiento en el número de clientes debido, en parte, a la eliminación de barreras geográficas y de intermediarios en la cadena de distribución y a la posibilidad de cerrar negocios las 24 horas, todos los días del año.

Business to Costumer (B2C) 

Al igual que B2B, se trata de una clase de comercio transaccional que apoya la gestión empresarial, pues la organización se desplaza hasta la residencia de los consumidores o clientes finales, eliminando la necesidad de establecer puntos de venta o locales comerciales (menos costos transferibles al cliente) e incidiendo en otros aspectos como el transporte, almacenamiento, seguros y vigilancia, entre los más comunes.

Además de las anteriores modalidades de negocios existen otras como E - Procurement, o sea aprovisionamiento electrónico y C2C que significa conocimiento a conocimiento y que busca crear lugares, como especies de supermercados, en donde alguien ofrece productos y servicios y otras personas o empresas buscan aquello que se está ofreciendo, realizando las transacciones de manera virtual.

De tal manera que, tomando en consideración estas nuevas alternativas de negocios, se hace necesario medir su impacto y efectividad por medio, como ya se mencionó, de indicadores tales como:

• Total de ventas B2B (volumen) respecto de las ventas totales de la compañía;

• Total de ventas B2C (volumen) respecto de las ventas totales;

• Número de transacciones realizadas a través del comercio electrónico;

• Promedio de ventas efectuadas a través de internet;

• Total de ingresos generados por los servicios de infraestructura internet;

• Total de gastos causados por la infraestructura de comercio electrónico;

• Inversión en tecnología frente a la inversión total;

• Número de clientes de la infraestructura electrónica respecto del total de clientes;

• Velocidad de crecimiento del mercado captado a través de internet;

• Número de visitantes de la página web de la empresa.

Tanto la formulación de los indicadores como su diseño final y su interrelación con otros indicadores económicos o de gestión son tareas que esperan a los analistas financieros para el futuro inmediato.

3. Clasificación suplementaria del estado de situación

Tradicionalmente, los estados financieros, y básicamente el balance o estado de situación, han sido clasificados en grupos tales como activo corriente y activo no corriente o de largo plazo, para el caso de la inversión y en pasivo corriente, no corriente y patrimonio, cuando se trata de agrupar las deudas del ente económico.

Vale la pena reconsiderar la anterior clasificación, lógicamente sin abandonarla, para incorporar otras formas de agrupar las variables que serán utilizadas en el análisis del desempeño financiero de las empresas. Dentro de estas formas, las que más podrían afectar dicha evaluación son las siguientes: a) por su convertibilidad, en monetarias o no monetarias y b) por su funcionalidad, en financieras y operativas.

3.1. Por su convertibilidad

Ante la inevitable presencia de inflación o deflación, como está ocurriendo hoy día en países industrializados e inclusive en algunos en proceso de desarrollo, no puede desconocerse que el impacto de esta variable económica produce ganancias o pérdidas, de acuerdo con la estructura de capital presentado por las distintas empresas que se ven afectadas por dicha variación en los precios que, a su vez, conduce a una disminución o a un aumento en el poder adquisitivo del dinero.

La medición de la ganancia o pérdida proveniente de la inflación se realiza a través de la aplicación de un sistema integral de ajustes o mediante la actualización de algunos de los rubros que conforman los estados financieros de la entidad. Para ello es necesario clasificar las cuentas en monetarias y no monetarias, de acuerdo con las características de cada una de ellas.

Partidas monetarias 

De acuerdo con la definición contenida en la Declaración 89 de FASB(7)“Se denomina partidas monetarias a los activos y pasivos cuyos montos, por contrato u otra razón, representan un número fijo de unidades monetarias. El efectivo y las partidas a cobrar o a pagar en efectivo, son ejemplos de partidas monetarias”.

En el análisis del mismo principio de contabilidad agrega luego la Guía Miller que “Las partidas monetarias pierden o ganan poder adquisitivo general al existir inflación o deflación, respectivamente. Por ejemplo, el tenedor de un pagaré por $ 10.000 que vence hoy y que fue emitido hace 10 años, solo recibirá esa misma suma a pesar de que el poder adquisitivo de $10.000 es considerablemente menor que era hace 10 años”.

Lo cual significa que, en caso de inflación, si se poseen más activos monetarios que pasivos de la misma naturaleza se producirá una pérdida y solo habrá ganancia por inflación cuando ocurre lo contrario, es decir mayores pasivos que activos monetarios. En caso de deflación, el comportamiento observado en las dos situaciones anteriormente expuestas se invierte.

La definición de partidas monetarias puede ampliarse con el siguiente concepto emitido por la Contaduría General de la Nación de Colombia(8): “Se refieren (las partidas monetarias) a aquellas cuyo valor nominal no varía por la pérdida de poder adquisitivo de la moneda y representan una cantidad fija en moneda corriente. Corresponde a los activos y pasivos que indican disponibilidades líquidas y exigibilidades inmediatas, expresados en sumas fijas en moneda de curso legal, como es el caso de los saldos en caja, importes por cobrar o pagar en moneda nacional y los pasivos a cancelar mediante una suma fija de dinero, entre otros”.

Partidas no monetarias 

Siguiendo la definición de FASB 89 “Se denominan partidas no monetarias a las que no representan un número fijo de unidades monetarias. Los inventarios, las inversiones en acciones comunes, la propiedad, la planta, el equipo son partidas no monetarias”.

A continuación la norma explica que “Si los valores de las partidas no monetarias no suben o bajan proporcionalmente, los tenedores de esas partidas pueden perder o ganar al subir o bajar el nivel general de precios. La partida no monetaria se ve afectada (1) por el alza o baja del nivel general de precios y (2) por el aumento o la disminución de su valor razonable específico”.

En consecuencia, si la suma de los activos no monetarios excede la suma de los pasivos no monetarios habrá una ganancia por inflación o una pérdida en caso contrario.

La Contaduría General de la Nación de Colombia(9) complementa la definición de partidas no monetarias así: “Corresponde a aquellas que manteniendo su valor económico, adquieren un mayor valor nominal por efecto de la pérdida de poder adquisitivo de la moneda. Estas partidas deben ser ajustadas para reconocer el efecto de las variaciones en el poder adquisitivo de la moneda entre la fecha del estado contable y la fecha en que los activos fueron adquiridos e incurridos los pasivos”.

Inventarios y activos fijos son dos claros exponentes de esta clase de partidas, pues mantienen el valor económico para la empresa (o valor de uso) pero adquieren cada día mayor valor nominal (el precio aumenta en la medida en que la inflación se incrementa, o viceversa).

Partidas mixtas 

Ante el intensivo comercio internacional y el avance en los instrumentos de financiación ofrecidos por el mercado existe una clase especial de partidas, denominadas mixtas y cuya característica especial es su convertibilidad mediante el empleo de índices especiales de ajuste. También FASB 89 define esta clase de rubros de la siguiente manera(10): “Algunos activos y pasivos tienen características monetarias y no monetarias al mismo tiempo. Por ejemplo, la deuda convertible es monetaria en cuanto a la obligación fija que representa, pero no monetaria en su derecho de conversión”.

Para propósitos del presente ensayo las partidas mixtas se considerarán dentro de los rubros no monetarios, porque generan —de todas maneras— alguna clase de ajustes con cargo a los resultados del período, aunque normalmente dicho efecto en los resultados se considera de naturaleza financiera y no económica como sí lo es el efecto de la inflación.

Ganancia o pérdida por inflación 

Por tratarse de un balance (cuya ecuación representa una igualdad matemática, donde el total de activos es idéntico a la suma del pasivo y del patrimonio), las anteriores definiciones demuestran que estimar la pérdida o ganancia por inflación o deflación bien puede realizarse a través de las partidas monetarias o de las no monetarias, pues el resultado debería ser idéntico. Sin embargo, por razones de orden práctico, dicho cálculo es mucho más fácil de adelantar a través de los rubros no monetarios, pues se pueden obtener registros cronológicos de las respectivas transacciones que les dan origen, lo que no ocurre con las cuentas monetarias, en especial con el rubro del disponible.

Para efectos de análisis e interpretación de estados financieros, debería exigirse la presentación de un informe suplementario, más o menos con las siguientes características:

Activo
Activos monetarios (A)
Activos mixtos (B)
Activos no monetarios (C)
Total activos no monetarios (B+C=D)
Total activo (A+D)
Pasivo
Pasivos monetarios (E)
Pasivos mixtos (F)
Patrimonio (G)
Total pasivos no monetarios (F+G=H)
Total pasivo y patrimonio (E+H)

Obsérvese que, de acuerdo con la anterior sugerencia de presentación, se está aceptando que, en realidad, no existen pasivos que puedan ser considerados como no monetarios, sino deudas u obligaciones mixtas, es decir que deban se ajustadas por diferencia en cambio o por otro indicador de reajuste pactado, diferente al índice de inflación.

De esta manera, se estaría siendo coherente con los puntos de vista expresados en la primera parte del presente ensayo, que trata sobre el efecto del fenómeno inflacionario en el cálculo de algunas razones financieras y, además, se dotaría al analista externo de importantes elementos de juicio acerca de la ganancia o pérdida por exposición a la inflación sufrida por un ente económico y que podría estar distorsionando los verdaderos resultados de operación.

3.2. Por su funcionalidad(11) 

Otra forma de presentación de estados financieros —que puede ayudar a una mejor comprensión e interpretación de indicadores— se basa en las funciones atribuibles a cada uno de los componentes del balance, en la determinación de la capacidad para obtener fondos a través del ciclo de operación para atender oportunamente sus obligaciones.

Se trata, en palabras del autor, “...de estudiar si una empresa en funcionamiento —que necesita de sus activos para la consecución de su objeto social, y por tanto no cabe realización de aquellos para el pago de pasivos— es capaz de obtener fondos suficientes —vía venta del producto o servicio que constituye su razón de ser— para atender con puntualidad sus exigencias financieras” (Becerra, sf).

Para ello, se descompone el estado de situación o balance en las siguientes categorías:

Activo líquido (AL): Hace referencia al disponible o tesorería y a otros activos de fácil realización o liquidez inmediata, excluyendo los que cumplan con una finalidad de control.

Activo comercial (ACo): Conformado por inversiones que rotan como consecuencia de la actividad principal o activos operacionales y que suponen inmovilización de recursos financieros, presentando además una característica de permanencia debido a la necesidad de ser mantenidos durante la vida de la empresa. Corresponden a los rubros denominados inventarios o existencias y cuentas por cobrar o cartera comercial.

Pasivo comercial (PCo): Se caracteriza por registrar las obligaciones que surgen como consecuencia del desarrollo de la actividad operacional de la empresa y, consecuentemente, están relacionados con proveedores y se caracterizan por ser fuente de financiación permanente mientras dure la actividad del ente.

Pasivo financiero de corto plazo (PFC): Constituido por pasivos diferentes a proveedores de bienes y servicios que no se renuevan de forma espontánea, en armonía con el ciclo operacional de la empresa, sino que requieren un nuevo acuerdo con el acreedor para cualquier extensión o prórroga. Esta clase de financiación está representada por las obligaciones con el sector financiero, incluyendo los vencimientos corrientes de la financiación a largo plazo y demás acreedores que no guardan relación con el ciclo operacional.

En segundo lugar, los activos y pasivos no corrientes también son categorizados de una manera especial, de acuerdo con las funciones aportadas al desarrollo del objeto social de la empresa:

Activos a largo plazo cíclicos (ACL): Se les debe otorgar una valoración económica y una funcional. La primera tiende a disminuir a lo largo de su vida útil, y se representa a través de las depreciaciones y amortizaciones, pero la funcional, en cambio, permite que se mantenga en el tiempo que dura su vida útil, pues se supone que durante dicho lapso, los activos así caracterizados aportarán a la producción y comercialización de bienes y servicios. Esto facilita, contrario a lo que ocurre en el activo comercial, la no reinversión inmediata en activos de largo plazo en la parte en que tales recursos son recuperados a través del proceso de producción, pudiendo utilizar tales fondos generados en otros fines, como la amortización del endeudamiento financiero, de donde se deduce que estos activos de ciclo largo poseen como, característica, cierta capacidad de autofinanciación.

Activos a largo plazo no cíclicos (ANC): Se clasifican en esta categoría aquellos activos de largo plazo que, por su naturaleza, no están en capacidad de autogenerar recursos, aunque pueden contar con un mercado secundario, como es el caso de los terrenos y algunas inversiones financieras.

Pasivo no cíclico o recursos propios (RP): Corresponde a la financiación no cíclica o permanente del ente económico pues su característica principal es la permanencia. Son fondos sobre los cuales no se espera una devolución en el futuro, como es el caso del capital social, las reservas y demás partidas que conforman el patrimonio, en una fecha determinada.

Pasivos financieros de largo plazo (PFL): La financiación de ciclo largo se caracteriza por su carácter no permanente, estando sometida, tal y como ocurre con el activo de ciclo largo, a su extinción en el tiempo, y está representada por las diferentes clases de endeudamiento financiero que ofrece el mercado. La extinción a que se hace referencia en esta definición tiene que ver con la amortización del capital y no con los intereses y demás gastos financieros que se derivan de una operación de esta naturaleza, por cuanto ellos afectan directamente las utilidades.

En la siguiente tabla se resume la clasificación funcional de los estados financieros:

Activo
Activo líquido (AL)
Activo comercial (ACo)
Activo de ciclo largo (ACL)
Activo no cíclico (ANC)
 
Pasivo
Pasivo a corto plazo no comercial (PFC)
Pasivo comercial (PCo)
Pasivo de ciclo largo (PFL)
Pasivo no cíclico (RP)

Una vez clasificado el balance de la manera sugerida se puede realizar una categoría especial de análisis financiero, tanto en el corto como en el largo plazo.

Análisis de corto plazo 

La diferencia entre los activos comerciales (ACo) y los pasivos comerciales (PCo) conforma el concepto de necesidades de financiación (NF). De otra parte el valor que se obtenga de comparar los pasivos financieros de corto plazo (PFC) y el total del activo líquido (AL) constituye la liquidez neta (LN), es decir la medida de valor que expresa la existencia de disponible para cubrir obligaciones financieras corrientes.

El fondo de maniobra (FM) o capital neto de trabajo estará dado por la diferencia entre activos a corto plazo (suma de activo líquido, AL, y activo comercial, ACo) y pasivos a corto plazo (suma entre pasivo a corto plazo no comercial o pasivo financiero a corto plazo, PFC, y el pasivo comercial, PCo) o, lo que es igual, dicho fondo de maniobra (FM) será igual a la suma de la liquidez neta (LN) y las necesidades de financiación (NF).

Así las cosas, la interpretación de resultados señalará que si el resultado obtenido en la variable necesidades de financiación (NF) es menor o igual al valor determinado en el fondo de maniobra (FM) la empresa se encontrará líquida o de solvencia a corto plazo y, en consecuencia, el resultado de liquidez neta (LN) será positivo. Por el contrario, si NF es mayor que FM podría preverse una situación de insolvencia técnica o iliquidez.

Análisis de largo plazo 

Esta clase de evaluación, en parte, se relaciona con la estructura de capital o solvencia de una empresa, es decir con la liquidez a largo plazo. Las variables que intervienen en la interpretación de resultados son los activos y pasivos de ciclo largo (ACL y PFL) por su naturaleza de extinguibles que conduce a presumir que la amortización causada por los primeros (ACL) será suficiente para atender las amortizaciones de capital de los segundos (PFL). Funcionalmente la anterior afirmación se representaría así:

 

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Ecuación que señala una situación de equilibrio a largo plazo, porque con las cuotas de amortización, como ya se dijo, se podrán amortizar los pagos de las obligaciones financieras no corrientes, lo que, en otras palabras significará que los recursos propios o permanentes (RP) están financiando los activos permanentes (ANC) o sea aquellos que no se extinguen y, en consecuencia, no cuentan con la capacidad de autogenerar sus propios fondos.

4. Modernización (nuevas herramientas de evaluación)

El análisis de los estados financieros ha evolucionado de tal manera que la simple interpretación de uno o más indicadores, aunque facilita la toma decisiones en el corto plazo, no es suficiente para estimar el comportamiento del ente económico en períodos mayores a un año. Por tal circunstancia, se han diseñado algunos instrumentos matemáticos y financieros que, mediante la combinación estadística de los resultados obtenidos en diferentes razones o indicadores, permiten predecir el comportamiento económico de la empresa en un horizonte de tiempo superior a dos años.

Dichas herramientas son conocidas bajo la denominación genérica de predictores de quiebra o insolvencia financiera e iniciaron con los estudios realizados por Edward Altman en la década de los años sesenta, evolucionando hasta las actuales redes neuronales.

4.1. Z-score(12) 

El predictor de quiebra conocido como Z-Score combina varios de los indicadores financieros más significativos dentro de una derivación estadística que fue publicada inicialmente por Edward I. Altman en 1968 y desarrollada en una muestra de empresas industriales. Desde entonces, el algoritmo se ha perfeccionado hasta lograr un 95% de confiabilidad en la exactitud de la predicción de quiebra, con dos años de anterioridad a la situación de insolvencia, también en empresas no industriales y que no coticen en bolsa. Las variables del Z-Score de Altman que determinan la fortaleza financiera de una firma son:

InglésSignificadoEspañolSignificado
CACurrents assetsACActivos corrientes
TATotal assetsATActivos totales
SLNet salesVNVentas netas
ENInterestINGastos financieros
TLTotal liabilityPTPasivos totales
CLCurrent liabilitiesPCPasivos corrientes
VEMarket value of equityVMValor de mercado
ETEarnings before taxesUAIUtilidad antes de impuestos
RERetained earningsURUtilidades retenidas

Con base en estas variables, Altman derivó las siguientes ecuaciones que, posteriormente, fueron utilizadas para la determinación del indicador Z-Score (entre paréntesis el equivalente en inglés):

X1 = AC - PC (CA - CL) se divide por AT (TA)

Para Altman, este es el menos significativo de los factores al ser una medida de los activos líquidos netos de la firma con respecto a sus activos totales. AC - PC (CA - CL) se conoce como fondo de operaciones o capital neto de trabajo.

X2 = UR (RE) dividido por AT (TA)

Un factor más representativo, porque es una medida en un plazo más largo referente a la política de retención de utilidades, aunque esta cuenta puede ser manipulada, de alguna manera, y podría crearse algún sesgo en sus resultados.

X3 = UAI (ET) + IN (EN) se divide por AT (TA)

El factor más importante, pues la utilidad es el objetivo principal de cualquier actividad económica y de su volumen depende la fortaleza financiera de la firma. Los gastos financieros se agregan a las utilidades pues este costo no detrae de la rentabilidad de la firma.

X4 = VM (VE) se divide por PT (TL)

Un indicador más significativo que el anterior. Señala la capacidad de la firma de sufrir una declinación en el valor de los activos. En algunas ocasiones, VE puede ser substituido por el resultado de AT - PT (TA - TL), es decir por el patrimonio contable registrado; sin embargo, se sostiene que no siempre el valor patrimonial es cercanamente equivalente al valor comercial.

X5 = VN (SL) se divide por AT (TA)

Este es uno de los indicadores más significativos, porque ilustra las ventas que son generadas por la inversión total de la compañía representada por sus activos.

Con estos resultados se formula una ecuación que permita obtener un valor numérico que es el Z-Score de Altman:

Z = 1.2(X1) + 1.4(X2) + 3.3(X3) + 0.6(X4) + 1.0(X5)

En términos generales los resultados obtenidos pueden interpretarse así:

3.00 o más: probablemente la empresa no tendrá problemas de solvencia en el corto y mediano plazo, aunque factores tales como mala gestión, fraude, desaceleración económica, y otros pueden causar una cambio inesperado.

2.70 a 2.99: señala alguna seguridad relativa, pero se sitúa dentro de un área de observación (área gris) y está debajo del umbral de más alta seguridad.

1.82 a 2.70: probablemente la empresa tendrá problemas financieros en un lapso de dos años. Este es el intervalo más bajo del área gris y exige tomar medidas drásticas para evitar la quiebra o insolvencia total.

Menos de 1.81: indica que la empresa incurrirá en quiebra. Normalmente una firma no recuperará su nivel de solvencia si obtiene este resultado.

Este indicador fue obtenido de una muestra de 66 empresas, la mitad de las cuales habían quebrado durante los 20 años anteriores y la otra mitad seguía operando a la fecha del estudio (1966). A los estados financieros de las empresas se les calculó un total de 22 razones financieras, de acuerdo con las categorías estándar de análisis: liquidez, rentabilidad, apalancamiento, solvencia y actividad.

Posteriormente, fueron seleccionadas cinco variables que parecían arrojar los mejores resultados de acuerdo con los siguientes criterios:

1. Observación estadística de varias variables y la contribución relativa de cada una de ellas;

2. Evaluación de correlación entre las variables relevantes;

3. Estimación de la precisión en la predicción; y

4. Aplicación de juicio y criterio del analista.

El resultado sirvió para encontrar la función discriminante final que se transcribió anteriormente. Sin embargo, como la muestra tomada por Altman solo incluía empresas manufactureras cuyas acciones cotizaban en bolsa de valores, pronto se detectó la limitación de dicha función al no cubrir ni las empresas no inscritas en el mercado de valores ni empresas comerciales o de servicios.

Por tal motivo, se desarrollaron los modelos conocidos como Altman Z1 y Altman Z2, que pretendían corregir los vacíos comentados.

4.2. Altman Z1

Esta versión del modelo original se desarrolló para que fuera aplicable a cualquier clase de empresa y no solo a aquellas industrias manufactureras inscritas en bolsa. Para poder cumplir tal propósito se trabajó básicamente con los factores integrantes de la variable X4, sustituyendo el valor de mercado por el valor patrimonial en libros o valor del capital contable. Esta sustitución condujo a que también se modificara la ponderación de cada índice dentro de la ecuación final, quedando esta de la siguiente manera:

Z1 = 0.717(X1) + 0.847(X2) + 3.107(X3) + 0.420(X4) + 0.998(X5)

De donde puede observarse que, aún después de estas modificaciones, el volumen de utilidades operativas continúa siendo el factor más importante en la determinación del indicador. Debe recordarse que la variable X3 está dada por la fórmula UAI (utilidad antes de impuestos) + IN (gastos financieros) dividido por AT (activos totales).

Bajo esta nueva formulación, el indicador se interpretará de acuerdo con la siguiente escala:

2.90 o más: probablemente no habrá problemas de solvencia en el corto y mediano plazo.

1.24 a 2.89: corresponde a la zona gris definida por Altman, donde existe alguna probabilidad de quiebra, más evidente entre más cercano esté el resultado al límite inferior determinado en la función.

1.23 o menos: existe alta posibilidad de incurrir en quiebra.

Sin embargo, como el factor X5 otorga un peso relativo importante a la rotación de activos y es en las empresas manufactureras donde dicho rubro mantiene grandes volúmenes, en cierta forma se estaría distorsionando el resultado para empresas comerciales y de servicios con menos inversión en activos fijos. Este hecho condujo a un nuevo replanteamiento del modelo, tal y como se explica a continuación.

4.3. Altman Z2

La nueva versión del modelo, con el propósito de corregir la distorsión que podría presentarse según se explicó en el párrafo anterior, elimina la razón de rotación de activos (X5) y otorga un peso relativo aún más importante al factor de generación de utilidades en relación al activo (X3):

Z2 = 6.56(X1) + 3.26(X2) + 6.72(X3) + 1.05(X4)

Sus resultados se interpretan así:

2.60 o más: probablemente no habrá problemas de solvencia en el corto y mediano plazo.

1.11 a 2.59: es la zona gris definida por Altman, en la cual se presenta alguna probabilidad de quiebra, más evidente en la medida en que el resultado se encuentre más cerca del límite inferior calculado en la ecuación.

1.10 o menos: existe alta posibilidad de incurrir en quiebra.

En conclusión, puede afirmarse que hoy día los modelos de predicción de quiebra e insolvencia financiera son ampliamente utilizados en los Estados Unidos por auditores internos y externos, revisores fiscales y entidades gubernamentales así como por empresas de estudio y evaluación de crédito, especialmente por las siguientes razones:

1. Los resultados de los modelos de predicción de quiebra son más precisos y conducen a evaluaciones más concisas que aquellas producto de una gran cantidad de razones e indicadores.

2. Se puede medir la magnitud de la incertidumbre.

3. Son uniformes y dejan menos espacio para inexactitudes y aplicación de juicios o criterios particulares que pueden desdibujar la situación real de una empresa.

4. El grado de confianza de los resultados puede ser evaluado estadísticamente, pues su información básica proviene de resultados determinados con anterioridad.

5. Son más fáciles de usar e interpretar que las herramientas tradicionales de análisis.

6. En particular el modelo Altman Z Score en sus tres versiones permite conocer un área especial de riesgo (área gris) para tomar las medidas necesarias para corregir los problemas financieros y operativos del ente económico.

Aunque esta clase de análisis es prácticamente desconocida en los países latinoamericanos, bien vale la pena iniciar su divulgación en los medios empresariales como una herramienta adicional para la toma de decisiones oportunas y que conduzcan a una mejor y más eficiente administración financiera.

5. Armonización internacional

En procura de la coherencia entre la aplicación de estándares internacionales para el registro contable y la elaboración de estados financieros, que tanto se predica hoy día, como mecanismo imprescindible para la globalización de mercados y la integración económica mundial, parece apenas lógico buscar también normas comunes de cálculo e interpretación para las razones e indicadores que se estiman a partir de dichos estados normalizados y que serán usados por potenciales inversionistas y proveedores de bienes, servicios y de capital para los intercambios comerciales, a nivel transnacional, que empezarán a intensificarse en desarrollo de los mencionados acuerdos económicos. La idea es encontrar un lenguaje común, no solo para las normas contables, propiamente dichas, sino también para la información que de ellas se deriva y que constituyen la base para la toma de decisiones empresariales y de negocios.

En este sentido, España ha sido el primer país en proponer un bosquejo de lo que podría convertirse en estándares internacionales para el cálculo de indicadores e interpretación de resultados provenientes de estados financieros elaborados bajo normas comunes.

En efecto, recientemente, el libro blanco para la reforma de la contabilidad en España(13) presentó, dentro de sus recomendaciones generales, una sugerencia respecto a la necesidad de producir un estándar sobre la forma como deben ser presentados los indicadores financieros y las variables que deben ser consideradas en él.

La parte correspondiente a dicha recomendación inicia con la ratificación de que el análisis financiero es “una herramienta de manifestación de los principales hitos de la empresa, a la vez que una base de comparación de la misma en el tiempo y con otras empresas”. Y continúa destacando tres motivos para el uso de indicadores, por parte de los directivos de la empresas, y que se transcriben a continuación porque contienen la esencia de la inquietud que se quiere dar a conocer en el presente ensayo:

1. Expresan relaciones funcionales entre determinadas variables financieras, que estén unidas o enfrentadas entre sí por algún tipo de vinculación económica, de forma que la variación de una puede explicar, total o parcialmente, la variación de la otra.

2. Constituyen una forma de agregación y resumen de información relevante para los usuarios de los estados contables empresariales, de forma que permite realizar fácilmente un seguimiento de su evolución tanto temporal como entre empresas diferentes.

3. Cumplen una función de tipo comparativo, porque al tener la forma de proporciones o porcentajes neutralizan el efecto tamaño y hacen que las diferentes cifras puedan ser equiparables entre una entidad y otra de diferente dimensión, o entre la empresa y la media del sector al que pertenece. Por otra parte, las ratios hacen que se pueda comparar también una empresa consigo misma, al contemplar su evolución en el tiempo.

También se acepta en el informe que las razones financieras son útiles “al determinar el nivel de riesgo y rentabilidad de la entidad y, si cotiza en bolsa, predecir la evolución de la cotización del título. También sirven para sacar conclusiones sobre la capacidad de crecimiento de la compañía y para proyectar los estados financieros, en función de su trayectoria histórica y de las hipótesis de comportamiento futuro que se mantengan respecto a la misma”.

Pero se reconoce que “la cantidad de ratios que se utilizan en la práctica es de tal magnitud, y la falta de una doctrina uniforme para su definición y medida es tan palpable”, que “para preservar el poder de información y de comparación que puedan tener las ratios publicadas, en los que radica toda su validez y utilidad, es aconsejable que el órgano emisor de normas contables proceda a la emisión de reglas obligatorias que deban observar las empresas que decidan, de forma voluntaria, incluir en su información financiera estadísticas basadas en la presentación de ratios. Esto implicaría que las denominaciones y las fórmulas de cálculo, que debieran ser lo más normalizadas posibles, se corresponderían de forma biunívoca, e identificarían un conjunto de ratios comúnmente aceptadas para todas las empresas. En la información financiera se podrían incluir adicionalmente otros indicadores distintos, que no tendrían el respaldo de la homogeneidad ni la comparabilidad atribuida al conjunto de los que estuvieran normalizados”.

Determinar la necesidad de publicar indicadores normalizados o estandarizados —por iniciativa del Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas “ICAC”— parte del principio de que se debe facilitar su elaboración, de tal forma que se logre una adecuada comparación, tanto espacial como temporal, y que su lectura e interpretación resulte más simple y cómoda.

Por tal motivo se sugiere, en el libro blanco, las siguientes reglas básicas en la publicación de indicadores financieros:

• Los índices publicados deben ser, en número, por lo menos iguales a los períodos de información financiera presentada y conservar, para todos ellos, la forma de cálculo utilizada;

• En caso de que haya modificado de manera importante el tamaño de la entidad a que se refieren las índices por causa, por ejemplo de fusiones o escisiones, se recomienda estudiar la posibilidad de utilizar información financiera que resulte comparable, para no distorsionar la interpretación de la serie temporal correspondiente; y

• Si se publican razones financieras sobre diferentes segmentos de la empresa, o cuando se ofrezcan comparaciones con un sector económico de referencia, todos los indicadores deben responder a los mismos criterios de elaboración.

Los criterios que sirvieron para la muestra de indicadores que se transcribe en la parte final de esta sección fueron los siguientes:

“1. Ofrecen información relevante para el usuario que no puede ser obtenida de la consideración directa de la información publicada en los estados contables o en las notas, porque el cálculo exige conocer datos desagregados que no estén disponibles en ellos. 

2. Son indicadores de tipo financiero, distintos de otros que pudieran haberse seleccionado relativos a la gestión interna de la entidad, que miden facetas o dimensiones muy diferentes entre sí, de manera que resumen los logros y la posición de la empresa de la manera más completa posible. 

3. Pueden resultar familiares a muchos usuarios porque se usan en bases de datos muy conocidas (por ejemplo en la central de balances del Banco de España) estén explicados en libros de texto habituales o son frecuentes en los estudios de los analistas financieros”. 

Además de las anteriores consideraciones el ICAC incluyó el indicador “ganancias por acción” teniendo en cuenta la obligatoriedad que la NIC 33 le otorga, al ser el único índice que se encuentra normalizado a nivel mundial, aunque solo es obligatorio para empresas que coticen en bolsa.

Para esta última clase de empresas se proponen, adicionalmente, dos indicadores que normalmente se dan a conocer junto con el de “ganancias por acción”: la razón precio-ganancia (Price Earnings Ratio o PER) y la relación entre el valor contable y la capitalización bursátil de la entidad (Book to Market Ratio).

Hechas estas aclaraciones, en seguida se ofrece la selección de indicadores propuesta en España y que bien puede servir de punto de partida para elaborar un estándar internacional, tal y como se recomienda en el capítulo de conclusiones del presente ensayo.

DenominaciónCálculoSignificado e importancia
Ganancias por acción (básicas)Ganancias o pérdidas netas del período atribuibles a los accionistas ordinarios
_________________________________________
Número medio de acciones en circulación durante el período, corregidas en su caso por el hecho de tener diferentes valores nominales o porcentaje de desembolso
Fuente: Párrafo 10 de la NIC 33. Este índice debe hacerse obligatorio para las empresas cuyos títulos coticen en bolsa. Podría pensarse en ofrecer dos versiones, una sin los resultados extraordinarios y otra con ellos.
Ganancias por acción (diluidas)Ganancias o pérdidas netas del período atribuibles a los accionistas ordinarios más los dividendos, intereses y otras retribuciones, ajustadas por el efecto impositivo, que correspondan a los títulos en circulación que pueden convertirse en acciones ordinarias
_________________________________________
Número medio de acciones en circulación en el período, más el número de acciones que resultarían si todos los títulos en circulación que pueden convertirse fueran efectivamente convertidos
Fuente: Párrafos 26 y 29 de la NIC 33. Este índice debe hacerse obligatorio para las empresas cuyos títulos coticen en bolsa.
Ratio precio gananciaCotización última del título en el mercado
_________________________________________
Ganancias por acción diluidas
Indica la cotización del título en términos de caa unidad de beneficio obtenido por la empresa en el período.
Ratio de valor contable sobre capitalizaciónImporte de los fondos propios en el balance de situación final
_________________________________________
Capitalización bursátil de la entidad
Proporción que representa el valor en libros de la empresa con relación al valor de mercado de la misma.
Valor añadido por empleadoCotización última del título en el mercado
_________________________________________
Ganancias por acción diluidas
Indica la cotización del título en términos de cada unidad de beneficio obtenido por la empresa en el período.
Margen bruto de explotaciónResultado económico bruto de la empresa, diferencia entre el valor añadido bruto y los gastos de personal
_________________________________________
Importe neto de la cifra de negocios más, en su caso, otros ingresos ordinarios de la explotación
Indica la capacidad de generación de resultados que tienen los ingresos de la explotación de la empresa.
Período medio de cobro a clientesDeuda media de clientes
_________________________________________
Importe neto de la cifra de negocios, incluyendo el IVA repercutido, dividido por el número de días considerado en el ejercicio
Expresa, para las empresas industriales y comerciales, el número de días que se tarda en cobrar a los clientes las ventas efectuadas.
Período medio de pago a proveedoresDeuda media con los suministradores de aprovisionamiento
_________________________________________
Importe neto de los aprovisionamientos del período, incluyendo el IVA soportado, dividido por el número de días que se consideren en el ejercicio
Expresa, para las empresas industriales y comerciales, el número de días que se tarda en pagar a los suministradores de aprovisionamientos.
Rentabilidad ordinaria del activo netoGanancias o pérdidas netas derivadas de las actividades ordinarias de la empresa, más intereses de la financiación recibida y gastos asimilados, corregidos por el efecto impositivo
_________________________________________
Volumen medio de los activos netos de la empresa en el período
Indica el poder de generación de resultados que tiene el activo neto de la empresa, que serán destinados posteriormente a la remuneración de las diferentes fuentes de financiación manejadas.
Rentabilidad financieraGanancias o pérdidas netas del ejercicio
_________________________________________
Cifra promedio de recursos propios utilizados en el ejercicio
Indica el rendimiento de cada unidad monetaria de recursos propios.
Apalancamiento financieroSuma de recursos ajenos remunerados que aparecen en el balance final
_________________________________________
Recursos propios que aparecen en el balance final
Es uno de los índices que miden el endeudamiento y, por ende, el riesgo financiero de la empresa.
Reinversión de los recursos obtenidos en el períodoRecursos procedentes de las operaciones en el ejercicio
_________________________________________
Inversiones en inmovilizado material e inmaterial en el ejercicio
Expresa la cobertura de las inversiones efectuadas en el período con recursos internos de la empresa. Puede calcularse también con la tesorería procedente de las operaciones.
Poder de cancelación de deudasRecursos procedentes de las operaciones
_________________________________________
Endeudamiento total (excluido el de carácter comercial)
Mide las posibilidades para cancelar deudas que tiene la empresa con los recursos que genera. Puede calcularse también con la tesorería proveniente de las operaciones. El inverso de esta ratio indicará el número de años que la empresa puede tardar en reembolsar las deudas de carácter financiero.

Puede observarse en la formulación y descripción de los indicadores sugeridos por ICAC, para la estandarización de las razones utilizadas en el análisis financiero, que otra tarea importante a emprender es buscar denominaciones comunes, tanto para los indicadores propiamente dichos como para las variables que en su cálculo intervienen, así como acordar definiciones únicas para dichas variables y para la interpretación de resultados, mediante estándares numéricos internacionales.

Conclusiones

La disciplina relacionada con el análisis financiero del ente económico, para que pueda conservar su naturaleza de instrumento de apoyo en la evaluación y diagnóstico para la toma de decisiones, debe incorporar a su metodología tradicional de cálculo e interpretación algunos elementos nuevos, cuya importancia deviene de los avances tecnológicos, la globalización empresarial y la armonización contable, entre otros aspectos. Dichos elementos se pueden categorizar en cinco grupos independientes, aunque estrechamente relacionados entre sí.

Primero, el impacto que la inflación produce sobre los resultados registrados en los estados financieros debe ser medido y, si es el caso, contabilizado oportunamente; sin embargo, si se llegase a registrar tal efecto, también deberían tomarse precauciones en la lectura de aquellos indicadores cuyas variables incorporan el impacto de la inflación, bien sea modificando su interpretación o diseñando nuevos estándares de evaluación.

Segundo, el abanico de razones e indicadores financieros debe ser ampliado para incorporar a los conocidos índices de balance y estado de resultados, no solo otros que provengan de la capacidad de generación de efectivo o flujos de caja, sino también aquellos que surgen de la gestión financiera y gerencial propiamente dicha y los que son inherentes a las actuales formas de hacer negocios, tales como e-business, B2B, B2C, C2C, y E-procurement y cuya importancia, al interior de las organizaciones, crece día a día. Dichos indicadores hacen referencia a aspectos tales como volumen de ventas generadas a través del comercio electrónico, ampliación del mercado, costos y gastos inherentes al uso de nueva tecnología e inversión en infraestructura de negocios virtuales.

Tercero, el simple cálculo y análisis del resultado obtenido por la relación de dos o más variables no es suficiente para diagnosticar la situación pasada y presente de una entidad y proyectar su situación futura, básicamente por la falta de dinamismo de algunos de los factores considerados, como es el caso específico de la utilización de datos a una fecha determinada y cuyo comportamiento inmediato es totalmente incierto. Por tal motivo, es recomendable el uso de técnicas modernas de análisis, fundamentadas casi todas en la ciencia de las matemáticas y en técnicas basadas en análisis multivariante o discriminatorio, como lo son los enfoques recogidos en Altman Z-Score y sus variantes, así como en los modelos de redes neuronales, el análisis logit y probit, perceptrón simple, perceptrón multicapa y árboles de decisión, áreas estas cuyo desarrollo temático amerita una investigación independiente, dado su especial interés y complejidad.

Cuarto, una adecuada clasificación de los diferentes rubros que conforman los estados financieros facilita una mejor interpretación de resultados y una visión en perspectiva que permite elementos de juicio más racionales para la toma de decisiones. Dicha adecuación no pretende desbordar la tradicional división entre el corto y el largo plazo, sino complementarla de tal manera que se identifique la inversión representada en activos fijos y su financiación de acuerdo, también, a su funcionalidad y a su convertibilidad o naturaleza económica.

Quinto, la globalización de los mercados y del comercio internacional conducen, a su vez, al fenómeno conocido como armonización contable y este produce, simultáneamente, la necesidad de emplear un lenguaje común para el nombre de los indicadores y para la estandarización de las variables que se toman en su cálculo.

De otra parte, las universidades y demás centros educativos, aún aquellos que imparten capacitación no formal, deberían adecuar sus pensum y programas con el propósito de preparar mejores analistas financieros, que cuenten con elementos actuales, tanto cualitativos como cuantitativos, que coadyuven a una mejor toma de decisiones y, en consecuencia, contribuyan a un mejoramiento en la eficiencia y productividad de las organizaciones, quienes, a su vez, también deberán actualizarse en este campo bien sea a través de capacitación interna o mediante la adquisición de programas de computador que soporten las tendencias de análisis financiero que han sido planteadas en la presente investigación.

Por las razones anteriormente expuestas, desde estas páginas se invita a la comunidad académica y empresarial del continente para unir esfuerzos e iniciar el estudio y confección de un modelo estandarizado de indicadores y razones financieras, económicas y de gestión que incluya, además, directrices de interpretación para los resultados obtenidos mediante dichos estándares y un lenguaje común, tanto para denominación de conceptos como para la definición de cada uno de ellos. Así mismo, con la participación de los estados que se interesen en la propuesta, podría crearse una gran base de datos que recopile, clasifique y organice las razones de desempeño obtenidas por los diferentes entes económicos, mediante la aplicación normalizada de estándares, de tal forma que pueda contarse siempre con resultados de referencia o comparables, como se le denomina en este artículo.

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(1) Bernstein, Leopold A. Análisis de estados financieros. Teoría, aplicación e interpretación. Richard D. Irwin, Inc, España, segunda reimpresión, 1996, pp. 27-28

(2) Besley Scott y Brigham, Eugene F. Fundamentos de administración financiera. McGraw Hill Interamericana Editores S.A. de C.V., México, duodécima edición, p. 95.

(3) Esta parte del análisis fue adaptada del artículo que bajo el título “El verdadero efecto de la inflación en las finanzas empresariales” publicó el autor en el blog “Temas de clase” que mantiene en internet (http://temasdeclase. blogspot.com)

(4) La idea básica de la incorporación de los indicadores de liquidez, explicados en esta sección, al análisis financiero surgió del trabajo de Mills John R. y Yamamura Jeanne H., colaboradores de la publicación Journal of Accountancy, publicado En: http://www.offixfiscal.com.mx. bajo el título “Importancia de las razones de flujos de caja”

(5) Esta parte del análisis fue adaptada del artículo que bajo el título “Metodología Camel de análisis empresarial” publicó el autor en la Revista Sum@toria de la Facultad de Contaduría Pública de la Universidad Externado de Colombia y en el Newsletter “Temas de clase” que se distribuye por correo electrónico.

(6) Dezerega C. Víctor. Valor económico agregado EVA: correcta medición del desempeño global. En: http://gestiopolis.com/canales/financiera/articulos/49/evavictor.htm

(7) Guía Miller de PCGA, un análisis de todos los principios de contabilidad generalmente aceptados. Harcourt Bracer International, Inc., 4ª edición, 1995.

(8) Contaduría General de la Nación. Circular Externa 16 de 1996.

(9) Ibídem

(10) Guía Miller de PCGA, un análisis de todos los principios de contabilidad generalmente aceptados. Harcourt Bracer International, Inc., 4ª edición, 1995, p. 5.06.

(11) Becerra Vicario, Rafael. El análisis financiero como instrumento para la predicción de la insolvencia: Una aplicación a la empresa turística española. Departamento de Finanzas y Contabilidad, Escuela Universitaria de Turismo, Universidad de Málaga. www.turismo.uma.es/turitec/turitec99/pdf/ep3.pdf

(12) Esta parte del análisis fue adaptada del artículo que bajo el título “Altman Z-Score Bankruptcy Prediction” publicó el autor en las Revistas Sum@toria y Apuntes Contables de la Facultad de Contaduría Pública de la Universidad Externado de Colombia y en el Newsletter “Temas de clase” que se distribuye por correo electrónico.

(13) Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas. Informe sobre la situación actual de la contabilidad y líneas básicas para abordar sus reformas. Ministerio de Economía. España, 2003.