Tratamiento contable de la información sobre activos intangibles

Revista Nº 28 Oct.-Dic. 2006

Ricard Monclús Guitart  

M. Araceli Rodríguez Merayo  

Teresa Torres Coronas  

M. Arántzazu Vidal Blasco  

(España) 

Departamento de Gestión de Empresas Universidad Rovira i Virgili 

Introducción

Diversos trabajos han puesto de relieve la pérdida de relevancia de la información económico-financiera publicada por las empresas, dado que una parte importante del valor que el mercado otorga a las compañías que cotizan en Bolsa no está contemplado en las cuentas anuales. Este mayor valor para la empresa viene dado por la existencia de los denominados intangibles. Por tal razón, es importante analizar una serie de aspectos de los intangibles relacionados con la contabilidad.

Por un lado, por qué el actual sistema de información contable no ofrece respuesta a muchas de las cuestiones que se le demandan, analizando las posibles soluciones que se concretan, principalmente, en cambiar el sistema de información o en completarlo con nuevos informes.

Por otro lado, tratar de determinar si cuando se hace referencia a intangibles, hay que hablar de recursos, de activos o bien resulta indistinto el término empleado. A su vez, también se confrontan las actuaciones contables ante los activos materiales y respecto a los activos intangibles, con especial referencia a su tratamiento en la normativa contable española vigente, en particular, en el Plan General de Contabilidad (PGC) español y en la Asociación Española de Contabilidad y Administración de Empresas (AECA), así como en el International Accounting Standard Board (IASB) y, en menor medida, en el Financial Accounting Standards Board (FASB).

Este trabajo concluye con la inclusión de distintos aspectos relacionados con los activos intangibles, como su reconocimiento y valoración —con adquisición independiente, formando parte de una combinación de negocios, activos obtenidos mediante subvención oficial incorporados con permuta o generados internamente–, y la información que sobre este particular se ha de revelar en las cuentas anuales.

Por último, se busca determinar cómo las entidades proporcionan información sobre sus intangibles. En este orden de ideas, se analiza desde los estados financieros que las compañías deben presentar de forma obligatoria hasta los informes que, de forma obligada unos, como las prácticas de gobierno corporativo de cada sociedad, y de forma voluntaria otros, como los ambientales y de sostenibilidad, presentan las empresas. También se trata la forma en que esta información se presenta a través de Internet.

1. Viabilidad del sistema de información contable actual

Cuando en el marco de la llamada, en su momento, burbuja tecnológica se vio que el valor que el mercado asignaba a determinadas sociedades estaba muy por encima del valor que los libros contables reflejaban, se empezó a tener conciencia de que esta discrepancia era provocada por la insuficiencia de la contabilidad para registrar adecuadamente la valoración de los activos intangibles (Rivero, 2003: 23).

Esta situación, incluso antes del auge de las compañías tecnológicas, se ponía claramente de manifiesto en procesos de fusiones y adquisiciones, cuando el precio desembolsado se situaba claramente por encima del valor de los elementos que figuraban en la información contable, lo que hacía pensar muchas veces en que se estaba obteniendo algo que no se encontraba reflejado en el balance de la compañía adquirida.

Inmediatamente, se hicieron inevitables preguntas como: ¿a qué puede deberse el que una empresa valga varias veces el valor de sus activos? ¿Por qué hay acciones que disponen de un valor bursátil muy por encima del valor que para las mismas determina la contabilidad? ¿Con qué activos están formadas estas empresas para que sus acciones tengan tal valoración? (Sveiby, 2000: 25).

Los intentos de dar respuesta a las preguntas anteriores tampoco se hicieron esperar. Los primeros estudios constatan la validez de alguna de aquellas preguntas y ponen de manifiesto que el promedio del valor de las empresas en las bolsas mundiales llega a duplicar el valor en libros. Así, por ejemplo, Lev (1999: 8-9) recurre a una muestra de 300 empresas en las que analiza la fluctuación de la ratio capitalización bursátil/valor contable (M/B: market to book) en el período 1973-92, comprobando cómo se incrementa desde el 0,811 en el inicio del intervalo, hasta el 1,692, al término del mismo. También constata que en 1992, un 40% del valor de mercado de la empresa media no figura en el balance. El mismo autor (Lev, 2003: 22), tras el estudio realizado en el 2001 de la ratio precio/valor contable en 500 empresas incluidas en el índice Standard and Poor (S&P), sugiere que “de cada seis dólares de valor de mercado de una empresa, solo un dólar aparece en el balance, mientras que los restantes cinco representan activos intangibles”.

En nuestro país se tiene conciencia de que la situación descrita en el párrafo anterior también se produce y, para constatar su evidencia, Cañibano y Sánchez (1997: 286-308) calculan la ratio M/B en un total de 100 empresas para el período 1990-95, llegando a la conclusión de que el mercado de valores está considerando elementos que no están recogidos en la información contable tradicional.

En la misma línea, Stalberg (1998) señala que en 1985, el 25% de las variaciones en los precios de las acciones se debían a decisiones tomadas con base en los informes financieros. Diez años más tarde, el porcentaje desciende al 3%, con lo que un 97% de las fluctuaciones tienen su origen en el uso de información no financiera para valorar las empresas.

Frente a estos trabajos, también hay estudios como los de Ryan y Zarowin (2003) y Beaver et al. (1980), entre otros, que reflejan que la información sobre la empresa es recogida con mucha más puntualidad por el mercado que por la contabilidad, y señalan a esta asincronía informativa como la causante de que el resultado contable no coincida con el valor de las acciones.

Collins et al. (1997), aún considerando que parte de la pérdida de asociación entre información contable y valor de mercado se debe a la mayor importancia de los intangibles en la empresa, también señalan como responsable al incremento de los resultados negativos y al cambio de tamaño de las empresas utilizadas como muestra de los estudios. Esta tesis también es apoyada por Hayn (1995) y Elliot y Hanna (1996).

Sin poner ningún tipo de reparo a los estudios señalados, se debe tener en cuenta que en la determinación del valor de las acciones influyen factores tan diversos como la rentabilidad de las inversiones, el tipo de interés, la evolución de la compañía, etc. Son los denominados value drivers, muchos de ellos de carácter no financiero y cuya información no se obtiene de la lectura de los estados financieros que las sociedades publican y registran (García-Meca, 2005: 140).

Se debe tener en cuenta que la explicación clásica al por qué el valor contable está por debajo del valor bursátil se encuentra en que el mercado está detectando (o descontando) un potencial de beneficios futuros.

La economía industrial de gran parte del siglo XX está dando paso a una economía basada en la información y el conocimiento, o lo que es lo mismo, la creación de valor a partir de recursos materiales está siendo substituida por la explotación de recursos intangibles, razón por la cual aquella contabilidad que durante quinientos años ha descrito a la perfección las operaciones de las empresas se ve incapaz, en estos momentos, de seguir haciéndolo con la misma eficacia. Con anterioridad, gran parte del valor generado por las empresas procedía de las transferencias de los derechos de propiedad, mientras que actualmente la creación o destrucción de valor puede darse mucho tiempo antes que la transacción (Lev, 2003: 151).

Stewart (1998: 43) pone de manifiesto que en las compañías actuales se está produciendo una desmaterialización importante y señala que en 1982 el valor que el inmovilizado material representaba sobre el total de los activos de la empresa superaba el 62%, mientras que diez años después no llega al 40%. Y ello es así como consecuencia de que una cantidad cada vez más relevante de las actividades económicas que realiza la empresa están representadas por intercambios de ideas, de información y de experiencias, lo que tiene como consecuencia que gran parte de la rentabilidad que obtiene esté generada por los intangibles.

Este cambio de entorno se produce en unos momentos en que los sistemas contables tienen como máxima preocupación el cálculo del patrimonio y del resultado empresarial en unidades monetarias, lo que genera grandes dificultades cuando se trata de determinar el valor de cuestiones tales como la formación de los empleados, una marca, una base de datos de los clientes, o cualquier otro intangible (García Parra, et al., 2004: 33). Efectivamente existe un cambio en el origen de la riqueza, y lo material está siendo desplazado por el conocimiento aplicado al trabajo como generador de valor. Los recursos intangibles, cada vez más, se consideran los activos más valiosos en las empresas actuales.

El modelo contable que se utiliza en la actualidad se fundamenta en los costes históricos y en la información sobre las transacciones, lo que provoca mayores inexactitudes en el mapa actual de creación de valor (Edvinsson y Kivikas, 2005: 54). Los aspectos cuantificables y monetarios dejan de lado el cariz cualitativo e intangible, que en estos momentos son la base de muchas organizaciones empresariales (Stahel, 2005: 62). Como señala Guasch (2005: 78), la contabilidad clásica nos acerca a la realidad económica a través de la codificación, y ofrece a los órganos de dirección una visión sintética de la misma, para que conozcan el lugar donde están, la situación en la que se desenvuelven y los resultados obtenidos.

La situación descrita y las consecuencias que de ella se derivan, no son en absoluto baladí, puesto que los usuarios contables pueden ser víctimas de importantes pérdidas económicas, al no disponer de la información necesaria y adecuada, tanto en las predicciones de resultados futuros como en las estimaciones de riesgos (Dizy y Cervera, 2004: 226). En este sentido, los inversores necesitan tener conocimiento, lo más exacto posible, del valor real de las acciones para calcular sus riesgos. Si en la información que proporcionan las empresas no figuran los activos intangibles puede existir una infravaloración de las mismas, con el consecuente aumento de la incertidumbre y la posibilidad de que aparezcan errores en las previsiones de los analistas (Cañibano y Sánchez, 2005: 103).

Además, los gestores de las empresas pueden dejar de adquirir o producir intangibles a pesar de las ventajas competitivas que conllevan, ante el hecho de incurrir en unas inversiones que no son reflejadas como activos del balance al tiempo que, por su consideración de gastos, estas reducen sus resultados periódicos, al estar los costes de producción sobreestimados como consecuencia de que las inversiones no se reparten en varios ejercicios (Nevado y López, 2002).

A todo ello, habría que añadir (Cañibano, et al., 1999: 27) las dificultades que esta falta de transparencia en relación con los intangibles produce en las políticas económicas dirigidas a la potenciación de la innovación.

No obstante, y como pone de manifiesto Martínez Ochoa (1997), esta necesidad de proceder a valorar los intangibles y registrarlos en los libros contables, que demandan los inversores como sustento del valor y seguridad de sus futuros beneficios, no es experimentada por todo el mundo de la misma forma, ya que existe un colectivo que considera que no hay que informar respecto de los intangibles en los estados financieros debido, entre otras razones, a que para su valoración deberían estimarse los flujos de caja futuros y entiende que esto no es un cometido de los contables sino de los propios usuarios. Quizás otros considerarán, como apunta Brooking (1997), que los activos intangibles son una ventaja competitiva que debe mantenerse en secreto. En este sentido, Aboody y Lev (1998) señalan que los analistas financieros consideran que la capitalización de los intangibles no refleja adecuadamente su valor económico y proporciona nuevas oportunidades a la contabilidad creativa para la manipulación de los resultados, lo que dificulta su labor de predicción y de determinación de riesgos.

En principio, se podrá estar de acuerdo o no con que la información de los intangibles figure en los estados financieros, pero sobre lo que no existen dudas es de que este tipo de recurso es un factor clave en la obtención de ventajas competitivas, razón por la cual su identificación e inversión resulta de vital importancia, por el hecho fundamental de que el valor de las empresas depende de estos (Nevado y López, 2005).

2. Necesidad de adaptar el sistema de información contable

La contabilidad es un sistema de información diseñado para el control y dirección de la empresa, y como tal debemos preguntarnos si cumple adecuadamente su propósito o debe ser complementado con otro sistema adicional, en caso de que no satisfaga a sus usuarios (Rojo, 2000).

Bernstein (1993: 29) señala la existencia de múltiples imperfecciones, deficiencias y limitaciones por parte de la contabilidad, como consecuencia de su carácter social. Esto produce una impaciencia en los usuarios de datos contables, hasta el punto de llegar a proponer sistemas sustitutivos que, según el autor, son inexistentes ya que la contabilidad por partida doble seguirá siendo el único sistema viable para “el registro, clasificación y resumen sistemático de miríadas de actividades mercantiles”.

Sí, como se ha puesto de manifiesto con anterioridad, el valor en libros no coincide con el valor del mercado, ello no implica necesariamente que el sistema contable no sirve. Quizás se le pide algo para lo que no fue pensado en su momento (poder explicativo), o simplemente existe falta de coincidencia porque las valoraciones se realizan atendiendo a formatos distintos (inclusión de expectativas).

La información empresarial que recoge la contabilidad, de forma tradicional, se sustenta en los costes históricos, mientras que la valoración de los activos intangibles, al ser de lenta y costosa acumulación, deberá realizarse con base en las expectativas. Por tanto, el modelo contable actual, eficaz en resolver todo aquello para lo que fue concebido (mano de obra, tierra y capital como factores productivos), resulta inservible para dar respuesta a las nuevas preguntas derivadas de un concepto de producción basado en el conocimiento.

Es por ello que los sistemas contables han rechazado la posible activación de los intangibles que la propia empresa genera, y han aceptado, con mucha cautela y severidad, los adquiridos a terceros (García y Mora, 2004).

Es entendible que esta situación no debe generar ningún tipo de alarma, sino que únicamente se debe plantear si se desea un nuevo sistema contable que incorpore datos sobre las expectativas, o es preferible continuar con el que se ha venido utilizando, que apenas las considera.

Tal como señalan Lev y Zarowin (1999), el sistema contable actual fracasa en su objetivo de reflejar el valor y la actuación de la empresa como consecuencia de la contabilización de los intangibles, por lo difícil que muchas veces resulta identificarlos y por lo inciertos que son sus beneficios económicos futuros.

En este orden de cosas, entendemos que deberán ser los propios usuarios los que muestren su conformidad o disconformidad con la situación actual. Si, por ejemplo, resulta que los activos intangibles van a servir como garantía de los créditos que la empresa va a obtener, es indudable que los acreedores considerarán necesaria esta nueva información. Al no considerar las inversiones en intangibles como gastos, va a suponer un incremento en los beneficios. Por ejemplo, al admitir que los empleados tienen participación en los mismos a través de una paga de beneficios(1), entonces, ya existe otro colectivo favorable a la ampliación de la información. Si, por otro lado, los analistas bursátiles consideran las expectativas futuras como variables en sus modelos de predicción de riesgos, también se mostrarán favorables a la inclusión de los activos intangibles en la información contable. Y así se podría ir ampliando el colectivo que demanda a la contabilidad que incluya la información sobre los intangibles, añadiendo a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), que ha de velar por la máxima transparencia informativa, y a las asociaciones de contabilidad y de profesiones contables, necesitados todos ellos del conocimiento de la imagen fiel de la empresa.

Una vez determinada la necesidad de ampliar la información contable de las empresas, el siguiente paso es determinar si procede modificar el modelo actual e incluir los activos intangibles, o se opta por incorporar al modelo financiero actual un informe adicional sobre los activos intangibles.

3. Los activos intangibles de la empresa. Especial referencia a la normativa española y del IASB

Cuando una empresa adquiere activos materiales, los registra en su balance. En este caso, se ha producido una disminución en sus disponibilidades pero no se ha incurrido en un gasto, ya que este acontecerá, mediante la amortización, a medida que aquellos activos se vayan depreciando. Cuando esta misma empresa lo que adquiere o produce son unos elementos intangibles, el proceder, la mayoría de las veces, difiere notablemente del descrito para los activos materiales, y ello es así porque estos elementos no podrán anotarse en el balance (no tendrán la consideración de activo). La inversión, que también produce una disminución de la tesorería, será registrada como un gasto.

Surge entonces el interrogante de dónde radica la diferencia entre ambas inversiones, si tienen la misma motivación, esto es, incrementar la rentabilidad empresarial. Posiblemente, la respuesta está en intentar valorar algo nuevo con instrumentos viejos. Se pretende que la contabilidad valore, en términos monetarios, unos activos básicamente no financieros (Sveiby, 2000).

¿A qué se debe esta diferencia en el tratamiento contable? Los recursos tangibles están formados por los activos físicos (edificios, mobiliario, etc.) y los activos financieros (saldo de clientes, derechos de cobro, etc.). Estos recursos tienen una concreción material que les permite ser fácilmente identificados y valorados (Navas, 2000). En cambio, los recursos intangibles no se encuentran valorados en los documentos contables debido, entre otros motivos, a que se trata de recursos heterogéneos difíciles de ser mesurados (Solé, 2003). Estos recursos carecen de entidad material y consisten, fundamentalmente, en información y conocimiento (Fernández et al., 1998), permaneciendo invisibles a la información contable debido a las dificultades en su identificación y cuantificación (Benavides y Quintana, 2003).

Según el párrafo 49 del marco conceptual del International Accounting Standard Comittee —en adelante IASB(2)—, un activo se define como “un recurso controlado por la empresa como resultado de sucesos pasados, del que la empresa espera obtener, en el futuro, beneficios económicos”. En este documento se considera que una entidad controla un determinado activo siempre que tenga el poder de obtener los beneficios económicos futuros que procedan de los recursos que subyacen en el mismo y, además, pueda restringir el acceso de terceras personas a tales beneficios. En cuanto a los beneficios económicos, la entidad los puede recibir de varias formas, como se señala a continuación:

— En la producción de bienes y servicios generados por la entidad, al utilizarlo en combinación con otros activos.

— En el intercambio con otros activos.

— Si se utiliza para cancelar un pasivo.

— Al distribuirlo a los propietarios de la entidad.

Un activo debe proceder de transacciones u otros sucesos acontecidos en el pasado, es decir, las empresas los obtendrán a partir de su adquisición o producción. Su reconocimiento en el balance se encuentra vinculado a la probabilidad de que se obtengan beneficios económicos futuros para la empresa y que estos sean controlables por la entidad.

La definición de activo que la Asociación Española de Contabilidad y Administración de Empresas —en adelante AECA— (1999, 69) proporciona es prácticamente la misma que la que plantea el IASB, señalando que “es un recurso controlado económicamente por la entidad como resultado de sucesos pasados, del cual resulta probable la obtención, en el futuro, de rendimientos por la entidad”. Por control económico se entiende que la entidad podrá disponer de los rendimientos producidos.

Teniendo en cuenta que para que un recurso tenga la consideración de activo requiere de una capacidad para producir beneficios económicos futuros y que estos puedan ser controlados por la empresa, se considerarán tanto las definiciones que de activo intangible proporciona el IASB, a través de sus normas internacionales de contabilidad (NIC) y normas internacionales de información financiera (NIIF), como AECA, en sus principios contables. También se hará una breve referencia a la normativa existente en Estados Unidos, emitida por el Financial Accounting Standards Board (FASB).

La NIC 38(3), en su párrafo 8, considera al activo intangible como “un activo identificable, de carácter no monetario y sin apariencia física”.

A continuación, se analizarán las tres características que presenta el activo intangible según la definición anterior. Primero, la “identificabilidad”, que es necesaria para que un activo pueda ser reconocido separadamente del fondo de comercio cuando se produce una combinación de negocios(4).

Para que un activo sea identificable, según la NIC 38 (pár. 12) y la NIIF 3 (pár. 46), ha de cumplir alguna de las dos circunstancias siguientes:

— Que se pueda separar, es decir, ha de ser susceptible de ser separado o escindido de la entidad y vendido, cedido, dado en explotación, arrendado o intercambiado, ya sea individualmente o junto con el contrato, activo o pasivo con los que guarde relación.

— Que surja de derechos contractuales o de otros derechos legales, con independencia de que esos derechos sean transferibles o separables de la entidad o de otros derechos u obligaciones.

Al no encontrar una definición de “activo no monetario”, es importante recurrir a la que el párrafo 8 de la NIC 38 ofrece de activo monetario, donde incluye “tanto el dinero en efectivo como otros activos, por los que se van a recibir unas cantidades fijas o determinables de dinero”.

En cuanto a la falta de “apariencia física”, el párrafo 56 del marco conceptual señala que “la forma física no es esencial para la existencia de un activo; de hecho, las patentes y derechos de autor, por ejemplo, son activos si se espera que los beneficios económicos generados por ellos sean percibidos por la entidad y si son controlados por la entidad”.

Tanto el plan general de contabilidad (PGC) español, como la Resolución de 21 de enero de 1992 del Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC), que dicta normas de valoración del inmovilizado inmaterial, no contemplan definición alguna de activo inmaterial, ni por supuesto de activo intangible, sino que optan por relacionar las partidas que lo componen (gastos de investigación y desarrollo, propiedad industrial, fondo de comercio, derechos de traspaso, aplicaciones informáticas y derechos sobre bienes en régimen de arrendamiento financiero).

El FASB establece que los activos intangibles que se pueden identificar, como las marcas, franquicias y patentes deben capitalizarse por su coste y amortizarse a lo largo de su vida útil, mientras que los activos intangibles que la empresa genera internamente deberán registrarse como gasto del ejercicio. A pesar de esta consideración general existente en el SFAS número 2, el SFAS número 86 particulariza la capitalización de los costes de desarrollo del software, como excepción al tratamiento general.

3.1. Reconocimiento y valoración de los activos intangibles

Existirá reconocimiento de un activo intangible cuando se pueda demostrar que el elemento está incluido en la definición de activo intangible, que sea probable que los beneficios económicos futuros que se han atribuido al mismo fluyan a la entidad y que el coste del activo se pueda valorar de forma fiable.

La NIC 38, en su párrafo 22, señala que para realizar la evaluación de la probabilidad de obtener beneficios económicos futuros se utilizarán “hipótesis razonables y fundadas, que representen las mejores estimaciones de la dirección respecto al conjunto de condiciones económicas que existirán durante la vida útil del activo”.

Para realizar el análisis del reconocimiento y valoración de los activos intangibles se tendrá en consideración la forma en que se incorporan al seno de la empresa, pudiendo distinguir las siguientes:

a) Adquisición independiente. En este caso, el elemento se valorará a su coste de adquisición, que comprenderá el precio de adquisición, incluidos los aranceles de importación y los impuestos no recuperables, y todos los costes necesarios para la preparación del activo.

Si en la compra del activo intangible se produjera un aplazamiento del pago por período superior al considerado normal en las transacciones a crédito, su coste será el precio equivalente al contado y la diferencia entre este importe y el total de pagos a efectuar se reconocerá como un gasto financiero durante el período del aplazamiento, salvo que este se capitalice, según lo permitido en la NIC 23 Costes por intereses.

El criterio recogido en el PGC español es totalmente coincidente con el establecido en las normas internacionales de contabilidad.

b) Adquisición como parte de una combinación de negocios. La NIIF 3 Combinaciones de negocios(5), establece como criterio de valoración inicial el valor razonable, señalando en el párrafo 37 las condiciones necesarias para que la entidad adquirente pueda reconocer por separado los activos, pasivos y pasivos contingentes identificables de la adquirida. En el caso de los activos intangibles, estas condiciones se reducirán a que su valor razonable pueda ser medido de forma fiable. Si esta condición no se satisface, los activos intangibles se incluirán en el importe del fondo de comercio.

La entidad adquirente reconocerá como activo separado del fondo de comercio los proyectos de investigación y desarrollo en curso de la adquirida, siempre que cumplan la definición de activo intangible (NIC 38) y su valor razonable se pueda medir de forma fiable.

El valor razonable aplicable a los activos adquiridos como parte de una combinación de negocios se estimará a partir de los precios de cotización en el mercado activo del bien o, a falta de este, el importe que la entidad habría pagado por el activo, en la fecha de adquisición, en una transacción entre un comprador y un vendedor interesados y debidamente informados, que se realice en condiciones de independencia mutua, teniendo en cuenta la mejor información disponible.

La Resolución del 21 de enero de 1992 del ICAC establece que los activos adquiridos mediante una combinación de negocios serán reconocidos por un valor que no puede ser superior al del mercado.

c) Adquisición mediante una subvención oficial. Si las administraciones públicas transfieren o asignan a una entidad activos intangibles, tales como derechos sobre terrenos de un aeropuerto, licencias para explotar emisoras de radio o televisión, licencias de importación, o bien, cuotas o derechos de acceso a otros recursos de carácter restringido, de manera gratuita o mediante una subvención oficial, según lo establecido en la NIC 20 Contabilización de las subvenciones oficiales e información a revelar sobre ayudas públicas, tanto el activo intangible como la subvención se podrán reconocer por sus valores razonables. En el caso que la compañía no se acoja al tratamiento contable descrito, reconocerá el activo por un valor simbólico añadiendo cualquier eventual desembolso que sea directamente atribuible a las operaciones de preparación del activo para el uso al que va destinado.

El PGC español contempla las donaciones de activos y no la adquisición mediante la subvención oficial, pero ambas tienen la característica de no suponer desembolso para la entidad. La normativa española establece que el bien donado debe reconocerse por su valor venal, es decir, el valor que estaría de acuerdo en pagar un posible comprador, en función del estado del bien en cuestión.

d) Permuta de activos. El activo intangible recibido se reconocerá por su valor razonable, salvo que la transacción de intercambio no tenga carácter comercial o no pueda medirse con fiabilidad el valor razonable del activo recibido ni el del activo entregado.

La permuta tendrá carácter comercial si se satisfacen las siguientes condiciones:

— La configuración de los flujos de efectivo del activo recibido difiere de la configuración de los flujos de efectivo del activo cedido.

— El valor específico para la entidad de la parte de sus actividades afectadas por la permuta se ve modificado como consecuencia del intercambio.

— La diferencia identificada en las dos condiciones anteriores es significativa al compararla con el valor razonable de los activos intercambiados.

Las condiciones para que exista fiabilidad en la medición del valor razonable del activo recibido o del entregado son las siguientes:

• La variabilidad en el rango de las estimaciones del valor razonable no es significativa.

• Las probabilidades de las diferentes estimaciones pueden ser evaluadas razonablemente y utilizadas en la estimación del valor razonable.

El PGC español establece que cuando los activos intercambiados tengan una naturaleza similar, la valoración del activo adquirido se realizará de acuerdo al valor neto contable del bien cedido, importe este que nunca podrá estar por encima del valor de mercado del bien adquirido.

e) Activos intangibles generados internamente. La dificultad para determinar si un activo intangible generado en el seno de la empresa cumple los criterios para ser reconocido como activo se debe a la problemática a la hora de determinar si surge un activo identificable del que se puedan derivar, con cierta probabilidad, beneficios económicos futuros y al establecimiento del coste del activo de forma fiable.

En aras de facilitar la evaluación del activo intangible generado de forma interna por la empresa, se distinguirá su fase de investigación y la de desarrollo.

La NIC 38 (par. 8) define la fase de investigación como “todo aquel estudio original y planificado, emprendido con la finalidad de obtener nuevos conocimientos científicos o tecnológicos” y establece que no habrá reconocimiento de activos intangibles surgidos en esta fase ante la dificultad de la compañía en demostrar la existencia de un activo intangible que pueda generar probables beneficios económicos en el futuro.

Por ello, todos aquellos desembolsos que la entidad haya realizado en la fase de investigación de un proyecto interno serán reconocidos como gastos en el momento en que se produzcan.

Como actividades de investigación se recogen las siguientes:

— Actividades dirigidas a obtener nuevos conocimientos.

— Búsqueda, evaluación y selección de aplicaciones de resultados de investigación.

— Búsqueda de alternativas para materiales, aparatos, productos y procesos.

— Formulación, diseño, evaluación y selección de alternativas para materiales, productos, sistemas, etc.

La fase de desarrollo se produce cuando se aplican los resultados de la investigación o de un conocimiento científico a un plan o diseño particular para la producción de materiales, productos, métodos, etc.

El activo intangible surgido de la fase de desarrollo será reconocido como tal, si y solo sí, la empresa puede demostrar:

• Que técnicamente es posible completar la producción del activo intangible de forma que pueda estar disponible para su utilización o su venta.

• Que la intención de la compañía sea completar el activo intangible para usarlo o venderlo.

• La capacidad para utilizar o vender el activo intangible.

• La forma en que el activo intangible genere probables beneficios económicos en el futuro.

• La disponibilidad de recursos técnicos y financieros adecuados para culminar el desarrollo y poder utilizar o vender el activo intangible.

• La capacidad de la entidad para poder valorar, de forma fiable, el desembolso atribuible al activo intangible durante su desarrollo.

Como actividades de desarrollo se pueden señalar las siguientes:

• El diseño, construcción y prueba de modelos y prototipos, anterior a la producción o utilización.

• El diseño de herramientas y plantillas que impliquen nueva tecnología.

• El diseño, construcción y prueba de una planta piloto que no tenga una escala económicamente rentable para la producción comercial.

• El diseño, construcción y prueba de una alternativa elegida para materiales, dispositivos, productos, procesos, sistemas o servicios que sean nuevos o se hayan mejorado.

En el párrafo 63 de la NIC 38 se establece que “no se reconocerán como activos intangibles las marcas, las cabeceras de periódicos o revistas, los sellos o denominaciones editoriales, las listas de clientes u otras partidas similares que se hayan generado internamente”. Esto se justifica porque los desembolsos incurridos en su generación no se pueden distinguir del coste de desarrollar la actividad empresarial en su conjunto.

El coste de un activo generado internamente comprenderá la suma de los desembolsos necesarios para crear, producir y preparar el activo para que pueda operar de la forma prevista (coste de materiales, mano de obra, amortización de patentes y licencias, registro de derechos legales, etc.). Los gastos de formación de los empleados, los gastos administrativos, así como las pérdidas operativas incurridas antes de que el activo tenga el rendimiento esperado no integrarán el coste de los activos intangibles generados internamente por la entidad.

El PGC español permite (no obliga) activar los gastos de investigación y los de desarrollo siempre que se cumplan todas y cada una de las siguientes condiciones:

— Existencia de un proyecto específico e individualizado para cada actividad de investigación y desarrollo.

— La asignación, imputación y distribución temporal de los costes de cada proyecto deben estar claramente establecidas.

— En todo momento deben existir motivos fundados de éxito técnico en la realización del proyecto de investigación y desarrollo, tanto para el caso en que la empresa tenga la intención de su explotación directa, como para el de la venta a un tercero del resultado del proyecto una vez concluido.

— La rentabilidad económico-comercial del proyecto debe estar razonablemente asegurada.

— La financiación de los distintos proyectos de investigación y desarrollo debe estar razonablemente asegurada para completar la realización de los mismos.

3.2. Valoración posterior al reconocimiento inicial

La NIC 38 permite la aplicación de dos métodos de valoración alternativos: el modelo del coste, que establece que con posterioridad a su reconocimiento inicial, el activo intangible deberá contabilizarse según su coste menos la amortización acumulada y las pérdidas por deterioro; y el modelo de revalorización, según el cual tras el reconocimiento inicial, un activo intangible se contabilizará por su valor revalorizado, entendiendo por este el valor razonable en el momento de la revalorización, menos la amortización acumulada y las pérdidas acumuladas por deterioro.

3.2.1. Revalorización de los activos intangibles

Para poder aplicar el modelo de revalorización es preceptivo que exista un mercado activo para el elemento intangible, entendiendo por mercado activo aquel en que los elementos intercambiados son homogéneos, existen compradores o vendedores para el bien en cuestión y los precios están a disposición de los participantes en el mercado.

La propia NIC 38, en su párrafo 78, expresa las dificultades existentes para encontrar un mercado activo para determinados intangibles, así como la imposibilidad en el caso de las marcas, cabeceras de periódicos o revistas, derechos sobre películas o partituras musicales, patentes o marcas registradas, al tener cada uno de ellos unas particularidades que los hacen únicos.

Las revalorizaciones deben realizarse cuando el valor razonable difiera de forma importante del que figura en los libros. El incremento del activo revalorizado será trasladado a una cuenta de reservas o de resultados, si la revalorización va a compensar una pérdida de valor anterior cargada a resultados.

El PGC español establece que los activos intangibles estén valorados a coste histórico menos la amortización acumulada. Las posibles pérdidas de valor reversibles deberán figurar en una cuenta de provisiones.

3.2.2. Vida útil

La NIC 38 establece que la vida útil de un activo intangible puede ser finita o indefinida (no infinita). En el primer caso, la compañía debe evaluar la duración o el número de unidades productivas u otras similares que constituyan su vida útil.

Por otro lado, la entidad considerará que un activo intangible tiene una vida indefinida “cuando, sobre la base de un análisis de los factores relevantes, no exista un límite previsible al período a lo largo del cual se espera que el activo genere entradas de flujos netos de efectivo para la entidad”.

Los activos intangibles que tienen una vida útil finita se amortizarán y los que tienen una vida útil indefinida no lo harán. A su vez, se analizarán las pérdidas por deterioro de estos activos, como mínimo anualmente, de acuerdo a lo establecido en la NIC 36 Deterioro del valor de los activos.

Así, un activo intangible con vida definida figurará en el balance por su coste de adquisición menos la amortización y el deterioro mientras que, si la vida del activo intangible es indefinida, el valor en libros será el coste menos el deterioro.

En la determinación de la vida útil de un activo intangible deberán considerarse bastantes factores, entre los cuales destacamos:

— La utilización esperada del activo por parte de la entidad, así como la posibilidad de que el elemento pudiera ser gestionado de forma eficiente por otro equipo directivo distinto.

— Los ciclos típicos de vida del producto, así como la información pública disponible sobre estimaciones de la vida útil para tipos similares de activos que tengan una utilización parecida.

— La incidencia de la obsolescencia técnica, tecnológica, comercial o de otro tipo.

— La estabilidad de la industria en la que opere el activo, así como los cambios en la demanda de mercado para los productos o servicios fabricados con el activo en cuestión.

— Las actuaciones esperadas de los competidores, ya sean actuales o potenciales.

— El nivel de los desembolsos por mantenimiento necesarios para conseguir los beneficios económicos esperados del activo, así como la capacidad y voluntad de la entidad para alcanzar ese nivel.

— El período en que se controle el activo, si estuviera limitado, así como los límites, ya sean legales o de otro tipo, sobre el uso del elemento, tales como las fechas de caducidad de los arrendamientos relacionados con él.

— Si la vida útil del activo depende de las vidas útiles de otros activos poseídos por la entidad.

La Resolución del 21 de enero de 1992 del ICAC no hace referencia a límite alguno en la vida útil de los activos intangibles, salvo en el fondo de comercio, que se establece un plazo máximo de cinco años, ampliable a veinte si se justifica tal medida en la memoria (L. 37/98, nov. 16, del Mercado de Valores, disposición adicional decimoquinta).

El SFAS número 142 permite que los activos intangibles que tengan una vida útil indefinida, al igual que el fondo de comercio, no sean amortizados, si bien, deberán ser revisados de forma periódica.

Para el Accounting Standars Board (ASB), los activos intangibles incorporados a la empresa mediante adquisición, incluyendo el fondo de comercio, han de ser registrados como activos y deberán amortizarse a lo largo de su vida útil. El coste de los intangibles que la empresa genera internamente será registrado como gasto cuando se incurra en él.

3.2.3. Valor residual

La NIC 38 considera que el valor residual de un activo intangible es inexistente salvo que:

— Haya un compromiso de adquisición para la compra del activo al término de su vida útil.

— Exista un mercado activo para el elemento intangible. Esta condición deberá ir acompañada del hecho de que pueda determinarse el valor residual con referencia a este mercado y que sea probable que el mismo siga existiendo al término de la vida útil del bien.

La determinación del valor residual se hará de acuerdo al importe recuperable mediante enajenación, utilizando los precios existentes en la fecha estimada de venta para un activo similar que haya alcanzado el término de su vida útil y haya operado en condiciones similares.

En los activos intangibles con vida útil finita, para calcular el importe amortizable se deducirá el valor residual del valor de adquisición.

Ni el PGC español ni la Resolución del 21 de enero de 1992 del ICAC hacen referencia al valor residual de los activos intangibles.

3.2.4. Retiros y enajenaciones de activos intangibles

Cuando de un activo intangible no se espere obtener beneficios económicos futuros por utilización, enajenación o disposición por otra vía, la NIC 38 señala que debe darse de baja del balance.

La pérdida o ganancia de la enajenación de un activo intangible se determinará como diferencia entre el importe de la venta y el importe contable del elemento. Las ganancias no se considerarán ingresos ordinarios. El PGC español coincide con lo establecido por la NIC 38.

3.3. Información a revelar en las cuentas anuales

La NIC 38 establece la necesidad de revelar la siguiente información por cada clase de activo intangible —con distinción entre los que se han generado internamente y los demás—:

• Si las vidas útiles son indefinidas o finitas y, en este caso, las vidas útiles o los porcentajes de amortización utilizados.

• Los métodos de amortización utilizados para los activos intangibles con vidas útiles finitas.

• El importe bruto en libros y la amortización acumulada (junto con el importe recolectado de las pérdidas por deterioro del valor), tanto al principio como al final de cada ejercicio.

• La partida o partidas de la cuenta de resultados, en las que está incluida la amortización de los activos intangibles.

• La conciliación entre los valores en libros al principio y al final del ejercicio, mostrando:

—Los incrementos, indicando separadamente los que procedan de desarrollos internos, aquellos adquiridos por aparte y los obtenidos en combinaciones de negocios.

—Los activos clasificados como mantenidos para la venta o incluidos en un grupo enajenable de elementos, así como las enajenaciones o disposiciones por otra vía.

—Los incrementos y decrementos, durante el ejercicio, procedentes de revalorizaciones así como de pérdidas por deterioro del valor reconocidas o revertidas, llevadas directamente al patrimonio neto siguiendo las reglas de la NIC 36 Deterioro del valor de los activos.

—Las pérdidas por deterioro del valor reconocidas en el resultado del ejercicio luego de aplicar la NIC 36 Deterioro del valor de los activos.

—Las reversiones de anteriores pérdidas por deterioro del valor, a lo largo del ejercicio, que se hayan llevado a resultados.

—El importe de la amortización reconocida durante el ejercicio.

—Las diferencias netas de cambio derivadas de la conversión de estados financieros a la moneda de presentación, y de la conversión de un negocio en el extranjero a la moneda de presentación de la entidad.

—Otros cambios habidos en el importe en libros durante el ejercicio.

La normativa española no detalla la información a revelar con la minuciosidad que lo hace la NIC 38. Así, en lo referente a información sobre intangibles, en el apartado 6 Inmovilizado inmaterial de la memoria se demanda información sobre las siguientes cuestiones:

• El saldo inicial.

• Las entradas o dotaciones.

• El incremento por transferencias o traspaso de otra cuenta.

• Las salidas, bajas o reducciones.

• Las disminuciones por transferencias o traspaso a otra cuenta.

• El saldo final.

4. Los activos intangibles en los estados financieros de las empresas

Como ha quedado manifiesto en las referencias normativas que se han analizado en los apartados anteriores, la empresa incurre en una serie de inversiones que no pueden ser reconocidas en su balance, bien porque es incapaz de proceder a su identificación, bien porque tiene dificultades en llevar a cabo su medición, o bien porque hay una fuerte incertidumbre a la hora de determinar los beneficios económicos futuros que va a generar.

Por ello, la compañía que se encuentra sujeta a normativas como el PGC español, las NIC/NIIF, el FASB o el ASB, puede encontrarse con unos intangibles que estén reconocidos en sus balances y otros que deberá registrarlos como gastos, al no tener la consideración de activos, y que solo podrán activarse si media una transmisión y se produce una adquisición de los mismos (fondo de comercio/goodwill).

Aunque la financiera sea el ‘núcleo duro’ de la información que presentan las empresas, el balance, la cuenta de resultados y la memoria representan solo una parte de la información de la empresa (García y Martínez, 2004), y, de acuerdo con los distintos estudios realizados al respecto, estos análisis contribuyen cada vez menos en la confección de las hipótesis de futuro, donde es necesario conocer, entre otras cuestiones, estrategias, recursos humanos y políticas de inversiones.

A continuación, se hace una breve referencia a la información económica y financiera que presentan las compañías, de forma obligada y de forma voluntaria, constatando que, si bien la financiera es la que está sujeta a un máximo de regulación y tradición informativa, van surgiendo nuevos informes que las empresas deben o pueden suministrar. Se hace referencia al informe anual de gobierno corporativo, a los informes de sostenibilidad, a la información sobre externalidades y a las exposiciones sobre activos intangibles.

Por el interés que suscita, es importante centrar la atención en la información empresarial suministrada en las páginas web y transmitida a través de Internet.

4.1. Información financiera a presentar por las empresas

Por información financiera se entiende, la que preparan las compañías públicas y privadas con finalidad lucrativa para atender las necesidades que tienen los usuarios externos para su toma de decisiones. Se incluirá tanto la que se debe confeccionar en cumplimiento de preceptos legales, como la que se proporciona de forma voluntaria.

Por todo ello, la información financiera conformará, por una parte, las cuentas anuales (balance, cuenta de pérdidas y ganancias y memoria) y, por otra, el informe de gestión y los comunicados en los que exista una investigación económico-financiera orientada a la toma de decisiones (AECA, 1999).

Esta información tiene que ser relevante, es decir, que gracias a ella se puedan adoptar decisiones, predicciones y corregir expectativas previas. Además, ha de ser fiable, o lo que es lo mismo, ha de ser capaz de reflejar con un máximo rigor las características y condiciones de los hechos expresados (AECA, 1999).

Según la normativa española (PGC, Código de Comercio y Texto Refundido de la Ley de Sociedades Anónimas) las cuentas anuales comprenden el balance, la cuenta de pérdidas y ganancias y la memoria, que forman una unidad y deben mostrar la imagen fiel del patrimonio, la situación financiera y los resultados de la empresa. El cuadro de financiación, que recoge los recursos obtenidos en el ejercicio y sus diferentes orígenes, así como la aplicación o el empleo de los mismos en inmovilizado o en circulante formará parte de la memoria.

El IASB ha regulado la formulación de los estados financieros a través de la NIC 1 Presentación de los estados financieros, que establece las bases, en el ámbito general, para la elaboración de los mismos, complementándose con la NIC 7 Estado de flujos de tesorería, que normaliza la confección de este documento que forma parte de los estados financieros.

Para el IASB, el objetivo de los estados financieros es suministrar información de la situación financiera y gestión económica, así como de los flujos de tesorería de la compañía.

Según el párrafo 8 de la NIC 1, los estados financieros presentan los siguientes componentes:

—El balance.

—La cuenta de resultados.

—El estado de cambios del patrimonio neto.

—El estado de flujos de tesorería.

—Un resumen de las políticas contables adoptadas y el resto de notas explicativas (memoria).

En los párrafos 9 y 10 de la NIC 1, se aconseja que las empresas presenten de forma adicional a los estados financieros otro tipo de informes, como los medioambientales, siempre que la gerencia considere que pueden contribuir a la toma de decisiones por parte de los usuarios.

4.2. Información financiera y no financiera a presentar en páginas web

Con la finalidad de reforzar la transparencia informativa de las sociedades anónimas cotizadas, la Ley 26/2003, del 17 de julio por la que se modifica la Ley 24/1988, del 28 de julio, del Mercado de Valores y el Texto Refundido de la Ley de Sociedades Anónimas, aprobado por Real Decreto Legislativo 1564/1989, de 22 de diciembre, añade un nuevo título X a la Ley del Mercado de Valores, en el que se recogen ciertas especialidades que afectan a estas entidades en lo que se refiere a la transmisión de información al mercado de las prácticas de gobierno corporativo de cada sociedad, elaborado por el Consejo y disponible para todos los accionistas e inversores mediante su publicación en la página web de la sociedad.

La Ley 26/2003, en su artículo 82.5, facultaba al Ministro de Economía y, con su habilitación expresa, a la Comisión Nacional del Mercado de Valores para desarrollar los procedimientos y formas de efectuar la comunicación de la información relevante y el tiempo durante el que se publicará en las páginas de Internet. Así, la Orden del Ministerio de Economía 3722/2003, del 26 de diciembre, sobre el informe anual de gobierno corporativo y otros instrumentos de información de las sociedades anónimas cotizadas y otras entidades, establece la obligación de hacer público con carácter anual un informe de gobierno corporativo.

Además, la Orden 3722/2003 impone a las sociedades anónimas cotizadas la obligación de disponer de una página web para atender el ejercicio de información por parte de los accionistas y para difundir la información relevante.

La página web deberá tener, al menos, el siguiente contenido:

— Los estatutos sociales.

— El reglamento de la junta general.

— El reglamento del Consejo de Administración y, en su caso, los reglamentos de las comisiones del Consejo de Administración.

— La memoria anual y el reglamento interno de conducta.

— Los informes de gobierno corporativo.

— Los documentos relativos a las juntas generales ordinarias y extraordinarias, con información del orden del día, propuestas, etc.

— Información sobre el desarrollo de las juntas generales celebradas.

— Los cauces de comunicación entre sociedad y accionista.

— Los medios y procedimientos para ser representado en la junta general.

— Los medios y procedimientos para ejercer el voto a distancia.

— Los hechos relevantes, de acuerdo con la Orden Ministerial 3722/2003.

Diversos trabajos se han ocupado en analizar la información económica y financiera que ofrecen las empresas a través de Internet. Entre otros, podemos citar los estudios realizados por Gowthorpe y Amat (1999) y Molero y otros (1999), sobre la utilización de Internet por parte de colectivos empresariales amplios, como medio para comunicar su información económica y financiera, así como el trabajo de Gandía (2001), circunscrito a las empresas integrantes del IBEX 35.

Internet, como espacio de comunicación universal, presenta una serie de ventajas como medio de difusión de la información económico-financiera (Gandía, 2001):

— Mejora el acceso y los destinatarios potenciales de la información.

— La información de las empresas la pueden proporcionar en tiempo real.

— Flexibiliza el contenido de la información.

— Mejora la cantidad de información existente.

Sin embargo, la presentación de la información a través de Internet debe superar algún inconveniente, como su fiabilidad. En este sentido, entendemos que las normas señaladas anteriormente van en la línea de responsabilizar a las propias entidades que suministran la información, con lo que se da un paso adelante con relación a la fiabilidad de la misma.

4.3. Informes sobre contabilidad financiera medioambiental

El Real Decreto 437/1998, de adaptación del PGC a las empresas del sector eléctrico, así como la Recomendación Comunitaria (2001/453/CE) del 30 de mayo del 2001, y la Resolución del 25 de marzo del 2002 del ICAC, son algunas de las normas de reciente aprobación que incorporan disposiciones para regular la contabilidad medioambiental en España.

Los informes de sostenibilidad que tratan aspectos sociales, económicos y medioambientales incluyen indicadores sobre aspectos ambientales, derechos humanos, condiciones laborales, etc. (AECA, 2005).

Los informes sobre externalidades pretenden ofrecer una magnitud, lo más amplia posible, de los impactos económicos, sociales y ambientales.

4.4. Informes sobre activos intangibles

Entendemos que estandarizar la publicación sobre intangibles tendrá el efecto de ampliar la información que las compañías proporcionan sobre este tipo de recursos. Si se consigue que esta información sobre activos intangibles sea comparable se incrementará su utilidad, al tiempo que disminuirá su incertidumbre.

Dos son las alternativas que se han barajado para que las empresas suministren información de sus activos intangibles. Una es su inclusión en los actuales estados financieros, y la otra se decanta por proporcionar informes complementarios a las actuales cuentas anuales.

La presentación de los activos intangibles en los estados contables no cuenta con demasiados partidarios, entre otras razones, porque su valoración resulta complicada debido a la falta de medidores, y a que en caso de existir estos pueden dar valoraciones distintas ante un mismo elemento. Otro motivo para los detractores de presentar información sobre intangibles sería la falta de cumplimiento con la definición contable de activo, que se ha señalado anteriormente, así como el reconocimiento de un valor para estos activos, cuestión esta que afectaría la fiabilidad de la información.

Entre quienes consideran que se debería intentar recoger información sobre los activos intangibles en los estados financieros se destaca Lev (1997), quien considera que “las propuestas de incluir el capital intelectual en el balance y la cuenta de pérdidas y ganancias son más conceptuales que prácticas, siendo necesaria, previamente, una consolidación del modelo por parte de la comunidad y una normalización contable de las diferentes instituciones”. En opinión de Wallman (1995), el destinatario de la información sobre los activos intangibles debería ser la memoria o el informe de gestión.

En la mayoría de casos, se opta por formular informes adicionales a los estados financieros para suministrar información de las inversiones que la empresa materializa en activos intangibles. La pionera en emitir un informe de estas características fue la empresa sueca de finanzas y seguros Skandia en mayo de 1995, como suplemento de su informe financiero. Esta iniciativa fue posible gracias a Leif Edvinsson y su equipo, que establecieron que el valor de mercado de una compañía se encuentra determinado por su capital financiero y por unos valores ocultos, a los que denominan capital intelectual, que está integrado por el capital humano, el capital estructural y el capital clientela. A este informe lo denominaron Navegador Skandia. La aportación de estos autores consiste en proporcionar un equilibrio entre pasado (balance), presente (relaciones con clientes y procesos de negocio) y futuro (capacidad de innovación y adaptación).

En el mismo año en que se dio a conocer el informe de Skandia, la empresa Celimi incluyó en su informe anual su Auditoría de conocimientos, en la que divide los activos intangibles en tres categorías: clientes, organización y personal. En cada uno de estos apartados establece las siguientes subcategorías: crecimiento/renovación, eficiencia y estabilidad.

Una adaptación del Navegador Skandia es el modelo Balanced Business Scorecard de Kaplan y Norton (1997), que integra los indicadores financieros y los no financieros en un modelo que posibilita el conocimiento de las interdependencias entre ellos. El modelo dispone de cuatro perspectivas con dos tipos de indicadores para cada una, los indicadores drivers y los indicadores outputs. Las perspectivas son las siguientes: a) la financiera (los indicadores financieros deben complementarse), b) la del cliente (hay que identificar los valores relacionados con los clientes que producen una mejora de la capacidad competitiva), c) la de procesos internos (se distinguen los procesos de innovación, de operaciones y de servicio postventa) y, por último, d) la del aprendizaje y la mejora.

El modelo Intellectual Assets Monitor de Sveiby (1997) se fundamenta en la relevancia de los activos intangibles para generar diferencias entre el valor de mercado de las acciones y su valor contable. En este modelo, los activos intangibles se ordenan en las siguientes tres categorías: a) competencias de las personas (planificación, producción, presentación, etc.), b) estructura interna (patentes, cultura organizativa, sistemas de información, etc.) y c) estructura externa (marcas, relaciones con clientes y proveedores, etc.). Para su medición establece los indicadores de crecimiento e innovación, los de estabilidad y los de eficiencia.

Annie Brooking (1997), en su modelo Technology Broker, divide los activos intangibles en cuatro categorías: a) activos de mercados (marca, clientes, etc.), activos de propiedad intelectual (patentes, diseño industrial, etc.), c) activos humanos (cultura organizativa, capacidad de aprender, etc.) y d) activos de infraestructura (tecnología, procesos, etc.).

El Instituto Universitario Euroforum Escorial y la consultora KPMG establecieron en 1998/99 un modelo de capital intelectual, el modelo Intelect, a partir del capital humano, el capital estructural y el capital relacional. El propósito que rige este modelo es el de facilitar información relevante para la toma de decisiones y proporcionar información a terceros sobre el valor de la empresa.

La Universidad Jaime I de Castellón, creó el Club de Gestión del Conocimiento y la Innovación, que aplica el modelo Nova en la medición y gestión del capital intelectual de las empresas. Como bloques integrantes del capital intelectual recogen los siguientes: a) capital humano (conocimientos del personal de la empresa), b) capital organizativo (patentes, marcas), c) capital social (conocimientos generados por las relaciones empresa/entorno) y d) capital de innovación y aprendizaje (capacidad innovadora).

Finalmente, para medir el capital intelectual, Bueno Campos (1998) propone el modelo de Dirección Estratégica por Competencias, que define como “conjunto de competencias básicas distintivas de carácter intangible que permiten crear y sostener una ventaja competitiva”. El profesor Bueno entiende que la empresa encuentra las ventajas competitivas en las competencias distintivas.

Conclusiones

Cada vez son más numerosos los estudios que muestran el efecto que tiene la información sobre intangibles en el precio de las acciones, lo que justifica la necesidad de informar de su valor, tanto por razones internas como externas. Actualmente, la economía está más basada en la información y en el conocimiento, adquiriendo mayor relevancia las actividades económicas realizadas por la empresa en relación con los recursos intangibles. Por consiguiente, el usuario de la información contable debe disponer de este tipo de investigación ya que, de lo contrario, podría llegar a infravalorar la empresa, con las negativas consecuencias que esto comportaría tanto para la propia entidad como para las previsiones efectuadas por los analistas.

Entendemos que el sistema de información económico-financiero actual, que no incorpora datos basados en las expectativas, no resulta adecuado a la nueva economía. Así mismo, en este trabajo se ha puesto de manifiesto las dificultades existentes a la hora de identificar y cuantificar los recursos intangibles, siendo este uno de los principales motivos por los que estos recursos no están valorados en los documentos contables actuales.

Luego de hacer referencia al concepto de activo intangible según la normativa española y del IASB, se hizo un análisis de distintos aspectos relativos a su reconocimiento, valoración e información a revelar en las cuentas anuales. En cuanto a su reconocimiento, este se producirá cuando se pueda demostrar que el elemento encaja con la definición de activo intangible, cuando sea probable que la empresa reciba los beneficios económicos futuros derivados del mismo y cuando su coste pueda ser determinado de manera fiable. Como planteamos con anterioridad, el reconocimiento y valoración de un activo intangible dependerá de cómo se incorpore este elemento a la empresa.

En relación con la valoración de un activo intangible posterior a su reconocimiento inicial, se observó cómo la normativa del IASB plantea la existencia de dos métodos de valoración alternativos, el modelo del coste y el modelo de revalorización. En cambio, el tratamiento otorgado por la normativa contable española vigente en la actualidad solo prevé la valoración posterior al reconocimiento inicial al coste.

El nivel de detalle de la información financiera a presentar por las empresas, relativa a los activos intangibles, es mucho mayor en la normativa del IASB que en la normativa contable española. A este respecto y en el ámbito español, se enfatizó que la Orden del Ministerio de Economía 3722/2003 planteó la obligación de que las sociedades anónimas cotizadas y otras entidades publicaran anualmente un informe de gobierno corporativo, así como la obligación de que las empresas cotizadas dispusieran de una página web con un contenido informativo mínimo preestablecido. Así mismo, en España cabe señalar la reciente incorporación de disposiciones relativas a contabilidad medioambiental e informes de sostenibilidad y sobre externalidades.

Por otro lado, resulta necesario estandarizar la publicación de información sobre activos intangibles para que ésta resulte comparable y de mayor utilidad. Para ello, fundamentalmente caben dos posibilidades, que consisten en incluir esta información en los estados financieros actuales o bien en plantear nuevos informes complementarios a los vigentes.

En conclusión, es necesario plantear la necesidad tanto de regular la información sobre activos intangibles a exigir a las empresas como de establecer indicadores cuantitativos que permitan la comparación de la información entre distintas empresas y países, circunstancia esta que supondría un paso importante para que tuvieran una mayor aceptación. Evidentemente, en el caso de las empresas cotizadas, esta necesidad de regulación es mayor si las políticas del organismo regulador persiguen proteger al inversor y lograr un mercado eficiente y transparente. Todo ello con la finalidad de que el legislador sea capaz de dar respuesta a las necesidades informativas de la nueva economía.

Finalmente, es importante considerar que se amplíe la investigación relativa a los métodos y procesos de medida de los indicadores de intangibles que sean capaces de enlazar con los sistemas de información de gestión.

Bibliografía

ABOODY, D. (1996) “Market Valuation of Employee Stock Options”, Journal of Accounting and Economics, núm. 22, pp. 357-391.

AECA (1999) Marco Conceptual para la Información Financiera. Principios Contables. AECA, Madrid.

AECA (2005) Límites de la información de sostenibilidad: entidad, devengo y materialidad. Responsabilidad Social Corporativa. AECA, Madrid.

BEAVER, W.H., LAMBERT, R.A. y MORSE, D. (1980) “The information content of security prices”. Journal of Accounting and Economics, vol. 2, pp. 3-28.

BENAVIDES, C.A. y QUINTANA, C. (2003) Gestión del conocimiento y calidad total. Madrid: Díaz de Santos.

BROOKING (1997) El capital intelectual. El principal activo de las empresas del tercer milenio. Barcelona: Paidós.

BUENO, E. (1998) “El capital intangible como clave estratégica en la competencia actual”, Boletín de Estudios Económicos, vol. LII, núm. 164, pp. 207-229.

CAÑIBANO, L. y SÁNCHEZ, P. (1997) “La valoración de los intangibles: estudios de innovación versus información contable financiera”. IX Congreso de AECA, tomo 1, Salamanca, pp. 286-308.

CAÑIBANO, L., GARCÍA-AYUSO, M. y SÁNCHEZ, M. P. (1999) “La relevancia de los intangibles para la valoración y la gestión de empresas: Revisión de la literatura”. Revista Española de Financiación y Contabilidad, núm. 100, pp. 17-88.

CAÑIBANO, L. y SÁNCHEZ, M. P. (2005) “Mesurament, gestió i informació d’intangibles: el més nou”. Revista Comptabilitat i Direcció, núm. 1. pp. 99-138.

COLLINS, D.W., MAYDEW, E. y WEISS, I. (1997) “Changes in the value relevance of earnings and book values over the past forty years”. Journal of Accounting and Economics, vol. 24, pp. 39-67.

DIZY, D. y CERVERA, M. (2004) “Análisis de los activos intangibles desde una perspectiva contable y fiscal”. Estudios Financieros, núm. 254, pp. 225-242.

EDVINSSON, L. y KIVIKAS, M. (2005) “La nova perspectiva de mesurament per a la creació de valor”. Revista Comptabilitat i Direcció, núm. 1. pp. 49-59.

ELLIOT, J. y HANNA, D. (1996) “Repeated accounting write-offs and the information content of earnings”. Journal of Accounting Research. Suplemento. pp. 135-155.

FERNÁNDEZ, E.; MONTES, J. M. y VÁZQUEZ, C. J. (1998) “Los recursos intangibles como factores de competitividad de la empresa”. Dirección y Organización, núm. 20, pp. 83-98.

GANDÍA, J.L. (2001) La Divulgación de Información Financiera en la era digital. AECA (comunicaciones). Madrid.

GARCÍA LARA, J. M. y MORA, A. (2004) “El conservadurismo contable versus el reconocimiento de los activos intangibles: Efecto sobre el papel de la información contable en los mercados financieros”. Análisis Financiero, núm. 95, págs. 14-26.

GARCÍA-MECA, E. (2005) “Un apropament de la informació sobre actius intangibles en la valoració d’empreses”. Revista Comptabilitat i Direcció, núm. 1. pp. 139-158.

GARCÍA-MECA, E. y MARTÍNEZ CONESA, I. (2004) “La información no financiera y los indicadores de creación de valor”, Análisis Financiero, núm. 95, págs. 78-85.

GARCÍA PARRA, M., SIMÓ, P., MUNDET, J. y GUZMÁN, J. (2004) “Intangibles: activos y pasivos”. Management & Empresa, núm. 37, pp. 32-42.

GOWTHORPE, C. y AMAT, O. (1999) “External reporting of accounting and financial information via the Internet in Spain”, The European Accounting Review, vol. 8, pp. 365-371.

GUASCH, S. (2005) “Les relacions intangibles quantificades en la comptabilitat relacional”. Revista Comptabilitat i Direcció, núm. 1. pp. 75-96.

HAYN, C. (1995) “The information content of losses”. Journal of Accounting and Economics, vol. 23, pp. 125-153.

KAPLAN, R. y NORTON, D. (1997) Cuadro de mando integral: The Balanced Scorecard. Barcelona: Gestión 2000.

LEV, B. (1999): “The old rules no longer apply”.

http://www.forbes.com/asap/97/0407/034.htm (consulta 26/01/01).

LEV, B. (1999) “The inadequate public information on intellectual capital and its consequences”, OECD, Symposium on Intellectual Capital. Ámsterdam, pp. 3-16.

LEV, B. (2003) Intangibles: Medición, Gestión e Información. Bilbao: Deusto.

LEV, B. y ZAROWIN, P. (1999) “The Boundaries of Financial Reporting and How to Extend Them”, Journal of Accounting Research, Otoño, pp. 353-385.

MARTÍNEZ OCHOA, L. (1997) “Activos intangibles e información contable”. Partida Doble, núm. 81, septiembre, pp. 16-23.

MOLERO, L. J., PRADO, M. y SEVILLANO, F. J. M. (1999) “The presentation of Financial Statements through the Internet: Analysis of the most significant companies in Spain”, 22nd Annual Congress of the European Accounting Association. Graz.

NAVAS, J. E. (2000) “El papel de los recursos intangibles en la empresa”. Revista Madrid (on line)

http://www.madrimasd.org/revista/revista3/tribuna/tribunas2.asp (consulta 29/07/05).

NEVADO, D. y LÓPEZ RUÍZ, V. R. (2002) El capital intelectual: valoración y medición. Barcelona: Pearson Educación.

__(2005) “Una eina de gestió d’intangibles ocults mitjançant tècniques economètriques. Mètode i aplicació”. Revista Comptabilitat i Direcció, núm. 1. pp. 159-178.

RIVERO TORRE, P. (2003) “Las nuevas normas contables y las empresas cotizadas”. Revista del Instituto de Estudios Económicos, núm. 4. pp. 23-56.

ROJO, A. (2000) “La información contable en la era de las nuevas tecnologías”. Revista Madrid (on line)

http://www.madrimasd.org/revista/revista3/aula/aula1.asp (consulta 29/07/05).

RYAN, S. y ZAROWIN, P. (2003) ¿“Why has the contemporaneous linear returns-earnings relation declined?. Accounting Review, núm. 78, pp. 523-553.

SOLÉ, F. (2003) “Prólogo”, en BENAVIDES, C. A. y QUINTANA, C. Gestión del conocimiento y calidad total. Madrid: Díaz de Santos.

STAHEL, A. W. (2005) “La comptabilitat global (CG): elements per a un canvi de paradigma”. Revista Comptabilitat i Direcció, núm. 1. pp. 61-73.

STALBERG, A. (1998) “La clave del éxito en el siglo XXI”, The international comunication magazine, núm. 2, junio. Edición, Ericsson Connexion.

STEWART, T.A. (1998) Der vierte Produktionsfaktor. Munich.

SVEIBY, K.E. (1997) The new organizational wealth: managing and measuring intangibles assets. Berrett-Foehles. San Francisco.

SVEIBY, K.E. (2000) Capital intelectual. La nueva riqueza de las empresas. Cómo medir y gestionar los activos intangibles para crear valor. Barcelona: Gestión 2000.

WALLMAN, S.M.H. (1995) “The future of accounting and disclosure in an evolving world: the need for dramatic change”, Accounting Horizons, vol. 9, núm. 3, pp. 81-91.

(1) Piénsese que los activos también son constitutivos de gastos por su depreciación.

(2) Dado que desde el 2001 este organismo se denomina International Accounting Standard Board (IASB).

(3) La NIC 38 (aprobada el 31 de marzo del 2004) Activos intangibles, sustituye a la NIC 38 (revisada en 1998) Activos inmateriales, y se aplicará en la adquisición de activos intangibles adquiridos en una combinación de negocios en la que la fecha del acuerdo sea posterior al 31 de marzo del 2004 y, para el resto de activos intangibles, en los ejercicios que comiencen a partir del 31 de marzo del 2004.

(4) El fondo de comercio representa el pago que la entidad adquirente ha realizado por unos beneficios económicos futuros generados por algunos activos que no puede identificar individualmente.

(5) Aprobada el 31 de marzo del 2004.