Un impuesto medieval: “la talla”

Revista Nº 154 Jul.-Ago. 2009

La talla fue un sistema

recaudatorio muy usual

en Mallorca durante

la Edad Media, creado

para hacer frente al gasto

público o para sufragar una

eventualidad imperiosa(1).

Jaime Sastre Moll 

Doctor de la Universidad de las Islas Baleares y Profesor titular de la UIB 

María Llompart Bibiloni 

Doctora de la Universidad de las Islas Baleares y Profesora titular de la UIB 

Introducción

La forma recaudatoria más usual para hacer frente a un gasto público, durante los siglos XIII a XV en las islas Baleares, fue la talla. Pero la gran incógnita surge inmediatamente cuando nos preguntamos acerca de su origen y evolución, o cuál fue el órgano administrativo primario que se encargó de su recaudación.

Ya en 1237, en tiempos del Infante Pere de Portugal, señor de Mallorca, se había impuesto una talla entre los residentes y los que hacía poco habían llegado, para pagar los gastos de custodia y defensa de la isla(2); en 1274, el Rey Jaime I pedía a los prohoms de la Ciutat de Mallorca que los jueces y las personas que tuvieran propiedades de realengo también contribuyeran en las tallas que se hacían cuando estas fueran para financiar proyectos de utilidad pública(3); en 1335, Jaime III eximía a los caballeros del reino y de las islas adyacentes contribuir en las tallas impuestas sobre los bienes que tuvieran(4) y en 1339, volvía a intervenir en defensa de algunas personas privilegiadas que habían sido procesadas por el Lugarteniente de la Gobernación al no haber pagado una nueva talla impuesta a todos los habitantes del reino(5).

Hasta mediados del siglo XIV, la documentación nos habla de tallas levantadas para hacer frente a problemas de carácter general, pero ya en la segunda mitad del siglo XIV, hacia 1372 una ordenanza prohibía a los organismos municipales foráneos imponer a sus conciudadanos tallas sin licencia del Lugarteniente de la Gobernación de Mallorca(6), lo que nos da a entender que con anterioridad a esta fecha, las villas tenían la facultad de imponer tallas para hacer frente a un gasto común de la parroquia. Un claro ejemplo sería el costear el retablo de Nostra Dona de Santa María des Camí de 1372, o aquellas otras posteriores de 1385 y 1386, necesarias para poder pagar las (escoltes) atalayas hechas en Buñola y Bagalbofol(7).

Así, creemos poder afirmar que durante el siglo XIV en la isla de Mallorca se levantaron tallas de ámbito local y general, siendo estas últimas, con toda probabilidad las más interesantes.

La talla a finales del siglo XIV

Conocedor el Gran e General Consell del Regne de Mallorca de la necesidad urgente de abordar una cuestión (pago de los cargos de la Universitat, compromiso formal de participar en la Armada Santa, decisión de hacer un regalo al monarca etc.) acordaba recaudar dicha cantidad por vía de la talla, cuya cantidad total era dividida en dos partes (2/3 para la Ciutat, 1/3 para las villas de fuera)(8).

Según parece, la cantidad correspondiente a la Ciutat sería distribuida en las cinco parroquias ciudadanas (Santa Eulalia, Sant Nicolau, Sant Miquel, Sant Jaime i Santa Creu), de manera proporcional, y que en cada una habría un recaudador. La parte foránea era distribuida por los síndics e consellers forans, al parecer también de forma proporcional a la riqueza de cada villa.

Una vez aprobadas las cantidades, el Lugarteniente notificaba a los batles de las villas las cantidades que estas tenían que pagar por tales conceptos. Seguidamente el consell municipal de la parroquia nombraba a los taxadors, que distribuían la carga entre sus vecinos según la riqueza que poseían. La municipalidad, al ser propietaria de bienes, también era gravada, razón por la que podía vender censals con los que satisfacer su deuda.

Tanto el reparto de la deuda, como la venta de censals, fueron causas de protestas entre los vecinos. Unos consideraban que habían sido tasados en demasía, otros que no debían pagar por ser ciudadanos y por dicha razón ya contribuían en las tallas de la ciudad; otros no querían manifestar todos sus bienes. La municipalidad no estaba exenta de problemas. Algunos compradores de censals protestaban porque los síndicos no les avalaban las cantidades abonadas, o los síndicos nuevamente elegidos no les reconocían y no querían pagar la deuda municipal anterior a su nombramiento.

Cuando los tasadores hubieron repartido la talla, algunos vecinos se consideraron excesivamente gravados por muchas razones:

Por haber vendido parte de su hacienda y haber sido gravado por el todo(9).

Al haber casado a sus dos hijas y haberlas dotado con 500 libras a cada una(10).

Al no haber aumentado sus bienes, sino todo lo contrario, estos habían menguado considerablemente(11).

Habían sido gravados y no tenían con qué pagar su rescate, estando detenidos en Berbería(12).

Los bienes que poseía en el norte de África (Berbería) también habían sido evaluados en la tasación(13).

El declararse ciudadano también fue un motivo aludido para librarse del pago de la talla de los bienes poseídos en una parroquia foránea. Pero esta cuestión implicaba un problema al que no hemos hallado una adecuada respuesta en la documentación. Si la villa había sido tasada por los bienes que poseía y algunos ciudadanos se libraban del pago al alegar su condición, ¿quién pagaba la cantidad que se les había asignado?

También se dieron casos de individuos que fueron tasados en dos o más parroquias. Un tal Mateu Salet de Bunyola protestó ante el Lugarteniente alegando que los síndicos de Marratxí le habían embargado un cautivo, pues decían que debía pagar 6 libras, 10 dineros a la municipalidad, pero fue eximido de tal contribución al alegar que había pagado por lo que poseía a los síndicos de Bunyola(14).

Debido a las demoras en los pagos, motivadas por la búsqueda de solución a los litigios pendientes, el Lugarteniente de la Gobernación enviaba a “cap de guantes” u otros oficiales para que embargaran a los deudores, cuya efectividad en la mayoría de los casos era escasa.

A medida que era recaudada la talla, el producto de las cantidades obtenidas por los diferentes organismos municipales eran depositadas en “una taula” (banca), la cual adelantaba las cantidades necesarias para llevar a cabo las resoluciones tomadas por el Gran e General Consell.

En 1397, el mismo Lugarteniente Berenguer de Montagut mandaba a los jurados de la villa de Manacor que, debido a las deudas contraídas por la villa con el ciudadano Andreu Sureda, Felipe Ballester y otros por la compra de trigo, levantaran una talla por valor de 1.600 libras(15). En fechas próximas a las citadas, en 1398-9 el párroco de la iglesia de Felanitx levantaba una talla para pagar 40 libras, que era el coste de una cruz de plata. Por consiguiente, una talla se podía imponer en cualquier momento, coincidiendo unas con otras, hecho que debió agobiar a más de un contribuyente.

Al impago de las tallas de carácter obligatorio se sucedía el embargo de los bienes de los morosos. En consecuencia la llegada a las villas de judíos recaudadores, portadores de cartas, en las que se especificaban las deudas, con el fin de embargar los bienes de los payeses deudores era una práctica muy usual a finales del siglo XIV.

Dos tallas levantadas a finales del siglo XIV en Mallorca

Nuestro interés se ha centrado en dos de ellas, aprobadas el 16 de abril de 1398. La primera levantada por la Universitat y Reino de Mallorca para sufragar los gastos de la propia Universitat, y la segunda para contribuir al armamento de cuatro galeras que tenían que integrarse en la Santa Armada, ambas de finales del siglo XIV.

Los dos documentos que las contienen presentan una pequeña anomalía. Las cantidades asignadas para el pago de las cargas de la Universitat fueron anotadas debajo de la contribución de la Santa Armada y viceversa, de manera que al final de ambas relaciones, y detectado el error, se escribió una apostilla, con letra muy menuda, que dice así: “per les quantitats demunt dites se deu fer tall per rahó del hostol, mas són stades transportades per inadvetència e devien ésser continuades les dites quantitats en la fi de la primera letra ésser continuades, e con sien per rahó del hostol segons que dit és”(16).

Rectificado el error, hemos observado que las sumas parciales aportadas por las villas foráneas coinciden fielmente con las cantidades globales a recaudar, y que la cantidad a pagar por cada parroquia, en ambos conceptos, se aviene a una proporcionalidad exacta, a veces hasta sorprendente.

De esta manera, el total a recaudar por la parte foránea en el armamento de las galeras ascendió a 4.000 libras, de las 12.000 a recaudar (33.3%), ya que el resto tenía que ser aportado por la Ciutat. De su recaudación solo conocemos el desarrollo de la de las villas, mientras que desconocemos todo cuanto hace referencia a la distribución de la parte correspondiente a la Ciutat.

Las 4.000 libras que correspondieron a las villas fueron distribuidas “a sou e lliura” lo que significaba que se repartía la cantidad de una forma proporcional a la riqueza de cada municipio. Una vez asignada la cantidad a cada población, los síndicos de la villa asignaban a cada individuo la cantidad que le correspondía, según su riqueza. Este sistema recaudatorio da a entender que las autoridades locales de cada municipio disponían de un catastro para poder efectuar el reparto con cierta equidad entre sus habitantes.

Dado el plazo de unos meses para poder pagar la deuda, los jurados de la Ciutat se vieron precisados a enviar repetidas veces a “cap de guantes” y a “porters del Senyor Rey” a las villas para presionar y embargar los bienes a los deudores. En el caso de no conseguir el objetivo propuesto, los jurados de la Ciutat amenazaban a los síndicos locales con el embargo de los bienes del municipio, en caso de no saldar la deuda.

Según la documentación estudiada, tales intervenciones resultaban ser poco efectivas, si comparamos la relación de las cantidades que continuaban adeudadas por las villas deudoras en diversas fechas posteriores a la actuación de los oficiales reales con cartas de embargo.

En cuanto al cobro de la talla levantada para pagar los cargos de la Universitat, la documentación no es tan abundante y precisa, pero creemos que tuvo una evolución muy similar a la anterior. El desarrollo recaudatorio no lo conocemos de una forma tan detallada. Solo conocemos un documento, fechado el 27 de septiembre, en donde se relacionan las nueve localidades deudoras(17), con adeudos de abril de 1398. Pero además de la amortización de los pagos, la documentación es rica en anécdotas y circunstancias que dejan entrever toda la picaresca problemática y presión fiscal del momento.

Conclusión

Durante los siglos XIII y XIV la talla, como sistema recaudatorio, fue el único sistema válido para conseguir dinero con el que sufragar gastos comunes, tanto de tipo general como particular, en las localidades y el reino. Su imposición y cuantía dependían de las necesidades, sin tener en cuenta su duración, lo que debió motivar, en algunos momentos, un agobio por las deudas para los menos afortunados.

Un estudio pormenorizado de las tallas recaudadas en una determinada época nos informa de las necesidades apremiantes del momento: las donaciones hechas a los monarcas, el porcentaje de participación de la Ciutat y la parte foránea en las mismas, el malestar económico de la mayoría de las gentes, circunstancias que permiten evaluar con un mayor criterio la situación económica y social de los mallorquines en la época medieval.

(1) Los organismos públicos, tras determinar el monto del gasto y aprobado este por el Gran i General Consell, mandaban recaudarlo en forma de talla.

(2) Aguiló, E. K. (1896): Franqueses y Privilegis del Regne, BSAL VI , 1896, pág. 27.

(3) Aguiló, E. K. (1896): Franqueses y Privilegis del Regne, BSAL V, 1894, pág. 110.

(4) Sanxo, P. A. (1905): Antics Privilegis y Franqueses del Regne. Regnat de Jaime III (Majoria d’edat). BSAL XI, 1905, pág. 79.

(5) Sanxo, P. A. ob. cit., pág. 192.

(6) Pons, Antoni (1932): Constitucions e Ordinacions del Regne de Mallorca, BSAL XXIV, 1932, pág. 321.

(7) Vich, J. y SALOM, J. Talles per l’església i retaula de Nostra Dona Santa Maria del Camí. BSAL XXIII (1930), pág. 406-9.

(8) Reparto dispuesto en 1315 por Sanxo I de Mallorca, en la Sentencia Arbitral firmada en el Castillo de Bellver entre ciudadanos y foráneos.

(9) ARM LC 75 fol. 46v-47.

(10) ARM LC 75 fol. 218v-219.

(11) ARM LC 74 fol. 212.

(12) ARM LC 73 fol. 42.

(13) ARM LC 75 fol. 49 – 49v.

(14) ARM LC 75 fol. 173.

(15) ARM LC 73 fol. 174v-175.

(16) Sastre Moll, Jaime (1980): La aportación mallorquina a la Armada Santa (1398-1399), BSAL XXXVII, 1980, pág. 492-495; ARM LC 73 fol. 50-50v.

(17) ARM LC 73 fol. 140v-141; LC 74 fol. 133-133v.