Una descripción crítica del sistema de comercio de bienes dentro de la OMC

Revista Nº 2 Ene.-Mar. 2004

Por Andrés Mejía-Vergnaud 

Biografía

Realizó sus estudios en las universidades Nacional y del Valle (Colombia). Analista económico asociado de International Policy Network (Inglaterra) y Director General del Instituto Desarrollo y Libertad (Colombia). Es autor de numerosos artículos sobre temas de economía internacional aparecidos en medios académicos y periodísticos, entre ellos el EU Observer (Bélgica), Portafolio y es colaborador regular de Ámbito Jurídico (Colombia). Ha sido conferencista invitado en universidades en Colombia y Estados Unidos. Participó como observador acreditado en la Quinta Reunión Ministerial de la Organización Mundial del Comercio en Cancún (México, 2003). Es también autor del libro Maestros de la democracia moderna.

Sumario

El sistema de reglas para el comercio internacional de bienes, emanado de los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio, provee un marco adecuado para la integración comercial y el progresivo desmonte de barreras al intercambio mercantil. Su mayor ventaja es la de ser un sistema basado en reglas. No obstante, subsisten problemas en este conjunto normativo, como lo es el abuso de las reglas antidumping. Además, el sistema actualmente enfrenta peligros derivados de desacuerdos políticos.

Abstract The OMC trade in goods commerce system

The World Trade Organization system of rules for multilateral trade in goods provides a very effective framework for commercial integration and for the progressive elimination of barriers to trade. The greatest advantage of this system lies in its rules-based nature. Nevertheless, this set of rules is still affected by several imperfections, such as the possibility of abuse of antidumping. Besides, the advancement of the WTO system faces today problems that arise from political disagreements.

Organización Mundial de Comercio

Comercio de bienes

Aranceles

Barreras no arancelarias

Antidumping

Barreras técnicas

Salvaguardias

Ronda de Doha

1. El libre comercio de bienes: un camino hacia la paz y la prosperidad

Los economistas tienen la reputación de estar siempre inmersos en desacuerdos de nunca acabar. Esto es especialmente cierto respecto de los que se dedican a asuntos teóricos, pero es mucho más evidente en el caso de aquellos que estudian los problemas de políticas públicas o que analizan económicamente los sistemas jurídicos. En realidad, muchas personas comunes y corrientes en el mundo culpan a los economistas por sembrar confusión y por nunca llegar a respuestas unificadas y concisas.

Por consiguiente, la gente se pregunta si habrá algún tema, por lo menos uno, sobre el cual los economistas realmente se puedan poner de acuerdo. La respuesta es sí. Créanlo o no, existe un tema sobre el cual, con algunas excepciones marginales, la mayor parte de ellos en el mundo está de acuerdo, sin importar a qué generación pertenezcan, ni a qué escuela de pensamiento. Este tema es, ni más ni menos, el de los beneficios y ganancias del libre comercio.

Desde la época del economista británico David Ricardo (1772-1823), quien dedicó gran parte de su trabajo a explorar y a explicar por qué el libre comercio produce tantos beneficios, muchos otros economistas han recomendado esta política como un camino hacia la prosperidad, tanto interna como global.

Sus creencias y afirmaciones han sido confirmadas por un hecho que aparece como patrón constante en la historia económica del mundo: las naciones abiertas al comercio alcanzan un nivel de bienestar material mayor que aquellas que cierran sus fronteras al intercambio comercial. Además el comercio actúa como promotor internacional de la paz y la estabilidad, dado que ninguna nación que comercie estaría interesada en destruir ni atacar a sus socios comerciales, ni en perturbar el entorno pacífico que hace posible el comercio.

En el siglo XVII, el escritor y filósofo francés Voltaire ilustró este hecho con palabras elocuentes: “El comercio, que ha enriquecido a los ciudadanos de Inglaterra, también ha contribuido a su libertad, y esta libertad a su vez ha expandido el comercio... Una pequeña isla, que por sí misma solo posee un puñado de plomo... gracias al comercio, fue capaz de enviar, en 1723, tres flotas diferentes a tres recodos diferentes del mundo...”.

Estas palabras, que aparecen en una de las Cartas sobre la nación inglesa, ilustran otro sorprendente hecho sobre el comercio: un país no tiene que ser rico en recursos naturales para beneficiarse del intercambio mercantil. Hong Kong, una pequeña roca que ni siquiera tiene agua potable es, gracias al comercio, uno de los principales centros de negocios en el mundo, y sus ciudadanos gozan de altísimos niveles de vida.

2. Obstáculos al comercio de bienes

A pesar de las complejidades y los progresos de la economía actual, el comercio de bienes, es decir de artículos resultantes de las diferentes actividades productivas, continúa siendo la forma más importante y más típica de intercambio económico. En realidad, el comercio de productos industriales, tales como prendas de vestir, productos electrónicos y otros, constituye la base de las relaciones económicas entre las naciones.

No obstante la abrumadora evidencia sobre las ventajas del libre comercio, quienes formulan las políticas comerciales han impuesto siempre obstáculos institucionales que lo restringen de diversas maneras. El temor a enfrentar la competencia por parte de rivales más eficientes que podrían destruir a los productores locales o perjudicar la industria nacional son la base intelectual de las políticas restrictivas. Los grupos que tienen intereses creados, los más susceptibles a la competencia de productores extranjeros, también buscan ejercer su influencia sobre decisiones políticas de alto nivel para proteger sus intereses en detrimento del libre comercio.

Quienes formulan las políticas que buscan reducir el comercio, tienen múltiples herramientas normativas para hacerlo, algunas más nocivas que otras (ver tabla 1).

Tabla 1: Los países en vía de desarrollo con bajas barreras al comercio,

han crecido de manera evidente

PaísTasa arancelaria promedioCrecimiento promedio anual per cápita del PIB (1980 - 1990)
19801989
Singapur0.50.24.2
Hong Kong0.00.05.7
Taiwán3.62.26.5
Corea del Sur4.13.08.6

 

Mientras que aquellas con barreras altas...

PaísTasa arancelaria promedioCrecimiento promedio anual per cápita del PIB (1980-1990)
19801989
Irán8.514.6- 1.2
Perú10.65.0- 2.6
Sierra Leona13.311.8- 0.9
Ghana17.311.4- 0.4
Fuente: James D. Gwartney y Richard L. Stroup. What everyone should know about ecnomics and prosperity. James Madison Institute, 1993.

 

3. Cooperación económica global y el libre comercio. El sistema de la OMC

Las instituciones de cooperación internacional son propias de la economía globalizada actual y esto comprende una gama que va, desde el trabajo realizado por el Banco Mundial en el área de créditos y desarrollo, hasta las iniciativas financieras del Fondo Monetario Internacional. No es ninguna sorpresa que el sistema global de cooperación también apunte a liberalizar el comercio internacional.

Este sistema nació en los primeros años del período de la posguerra como una forma de acelerar el ritmo de la recuperación económica y de impedir las guerras arancelarias y el proteccionismo feroz que, de hecho, llevaron a la depresión y a la Segunda Guerra Mundial. Mientras que la mayoría de los economistas sostienen que la liberalización unilateral es la mejor política comercial posible, también reconocen que quienes tienen poder para forjar políticas públicas lo hacen dentro de un marco conceptual de orden mercantilista.

Paul Krugman destaca el malentendido fundamental que mantiene divididos a los políticos y a los economistas respecto a las negociaciones del comercio. “No existe ninguna inconsistencia ni ambigüedad en el caso económico en favor del libre comercio; pero los economistas orientados hacia la política deben enfrentarse con un mundo que no acepta este caso. Cualquiera que haya tratado de discernir las negociaciones sobre comercio internacional, eventualmente se da cuenta de que solo se pueden llegar a comprender aceptando que son un juego cuyo puntaje está basado en reglas mercantilistas, donde un aumento en las exportaciones, sin importar cuán costoso resulte en términos de otras oportunidades perdidas, es una victoria, y un aumento en las importaciones, sin importar cuántos recursos se liberen para otros usos, es una derrota”(1).

Por consiguiente, un sistema con reglas claras y negociadas de manera transparente, y apuntalado por compromisos mutuos y vinculantes, haría más difícil para los diseñadores de políticas públicas obtener victorias nocivas para el comercio. Este sistema de cooperación global opera bajo los auspicios de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

3.1. El comercio de bienes en la OMC. El GATT

Inicialmente, los arquitectos del comercio internacional esperaban crear una institución de gran alcance, la Organización Internacional del Comercio (OIC), que vigilaría varios acuerdos sobre la liberalización del comercio, incluyendo el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT). La OIC también incluía reglas estandarizadas sobre el derecho de la inversión y la competencia. Sin embargo, el Congreso de los Estados Unidos no llegó a ratificar el acuerdo constitutivo de esta organización, pero si aprobó el GATT. Por consiguiente, aunque no existió ninguna entidad de esta naturaleza, hasta que se creó la OMC en 1995, el conjunto de normas para el comercio mundial de productos se desarrolló bajo este acuerdo.

Durante casi 50 años el texto del GATT fue discutido y modificado en varias rondas de negociaciones, que a menudo dieron como resultado interesantes recortes arancelarios. Quizá la más importante de estas rondas tuvo lugar entre 1986 y 1994, lo que se conoce con el nombre de “Ronda Uruguay”. Fue allí donde se lograron los cambios más significativos en el régimen comercial, abarcando nuevas áreas. Además, se decidió la creación de una nueva institución: la OMC.

Los esfuerzos para poner en funcionamiento la nueva organización son más amplios y profundos que los de sus predecesoras. El organismo tiene 148 miembros —en comparación con los miembros fundadores originales del GATT que fueron 23—, la mayoría de ellos países en vía de desarrollo. La OMC cubre un muy diverso rango de áreas relevantes para el intercambio mercantil, entre ellas la comercialización de servicios, la propiedad intelectual, la informática e inclusive las telecomunicaciones. Cuenta además con procedimientos y organismos para la resolución de conflictos, los cuales permiten aplicar sanciones cuando se presentan violaciones a las reglas comerciales.

Sin embargo, la creación de esta nueva institución no significa que el GATT haya perdido relevancia. Sus reglas rigen la comercialización global de bienes, con lo que se establecen las condiciones para un mejor acceso en el mercado a artículos producidos en diferentes partes del mundo. Además, la OMC incorporó los principios fundamentales del acuerdo: el principio de la no discriminación, el tratamiento nacional —dar el mismo tratamiento a los productores nacionales y extranjeros— y el de la nación más favorecida —otorgamiento de las mismas ventajas comerciales a todos los países—.

4. Barreras al libre comercio de bienes. Aranceles y cuotas

A pesar del éxito del GATT y de la OMC en la liberalización del comercio, aún persisten algunas trabas significativas a la libertad comercial. Los forjadores de políticas públicas se valen de barreras arancelarias y no arancelarias para restringir o reducir el comercio y para proteger intereses locales.

Los aranceles son la restricción más predominante para el libre comercio internacional. Casi todos los países en el mundo los imponen a la circulación de bienes a través de sus fronteras. Se trata de medidas que distorsionan el mercado, reducen el flujo global de productos y perjudican la economía nacional. Además, introducen un elemento artificial en el precio final de los bienes importados y, por consiguiente, distorsionan las señales del mercado, que son esenciales para una buena coordinación económica.

Como resultado de la aplicación de aranceles, las importaciones se desestimulan, las opciones de los consumidores se reducen y las posibilidades de corrupción en las aduanas se disparan. También crean un “sesgo contra las exportaciones”. Cuando un país impone un arancel sobre un bien específico, el precio de ese producto en el mercado nacional aumenta, lo que crea un incentivo para que los productores locales se concentren primordialmente en dicho mercado.

Las cuotas, otro tipo de medida restrictiva que puede causar distorsiones en el mercado, han sido progresivamente reducidas durante las rondas de negociaciones del GATT. Representan una barrera cuantitativa, pues imponen un límite sobre el número de productos específicos que pueden ser importados de un país en particular, durante un período de tiempo establecido. Consecuentemente, la mayoría de las naciones ha adoptado un proceso conocido como “arancelización” —estimulado por la OMC—, que busca convertir las cuotas en aranceles cuando se considera que se necesita algún tipo de protección.

5. Acceso de bienes a los mercados: programas de concesión y aranceles vinculantes

Para mejorar las condiciones de acceso de productos a los mercados, las negociaciones de la OMC han intentado eliminar progresivamente, o por lo menos reducir, las barreras y los obstáculos mediante “programas de concesión”. Estos consisten en una lista de compromisos adquiridos por un país, de manera individual, dentro del marco de negociaciones de la OMC, que se añade al cuerpo de acuerdos del GATT. Representan compromisos de no aumentar aranceles por encima de ciertas tasas estipuladas. A estos se les llama “aranceles vinculantes”.

En los países desarrollados, la tasa vinculante es normalmente la misma que el arancel real aplicado. En muchos países en vía de desarrollo, sin embargo, la tasa vinculante sirve realmente como techo y las tasas reales son normalmente más bajas. Estos países tienen así una mayor flexibilidad para aumentar sus aranceles.

Es así como un país puede aumentarlos por encima de la tasa vinculante solo después de negociar esta decisión con sus socios comerciales, quienes tienen derecho a exigir una compensación proporcional a la pérdida mercantil sufrida como consecuencia. Por estas razones, las tasas vinculantes han sido una forma muy efectiva de promover el acceso al mercado para productos.

6. Estado actual de las negociaciones

A pesar de lo mucho que se ha avanzado en la reducción y eliminación de aranceles, las barreras aún son altas, tanto en países industrializados como en los menos desarrollados, lo que causa severas distorsiones en el comercio global y un efecto de retraso en los países pobres. De acuerdo con el profesor Razeen Sally, los aranceles que imponen los países desarrollados a los productos provenientes de los países en vía de desarrollo son cuatro veces más altos que los impuestos a productos originarios de otras naciones altamente desarrolladas. Además, los países en vía de desarrollo aplican barreras arancelarias más altas a la mayoría de productos que los países desarrollados(2).

En noviembre del 2001, los miembros de la OMC lanzaron una nueva ronda de negociaciones en Doha (Qatar) la cual ha sido llamada “Ronda para el desarrollo”. Después del decepcionante fracaso de la reunión ministerial realizada en 1999 en Seattle (Estados Unidos) —reunión que se vio rodeada de las mayores manifestaciones callejeras jamás vistas en contra de la globalización y de la OMC—, los negociadores sintieron claramente la necesidad de hacer mayores esfuerzos para restaurar la credibilidad y encausar el progreso de la apertura comercial.

Los ataques del 11 de septiembre y la amenaza del terrorismo añadieron un empuje adicional, subrayando la necesidad de mejorar las relaciones globales y de promover el crecimiento económico y el desarrollo. Muchos países en vía de desarrollo también vieron que una nueva ronda podría abrir mayores posibilidades de mejorar los resultados de la Ronda Uruguay pues, según su opinión, en esta los países desarrollados obtuvieron los mayores beneficios.

Adicionalmente, una nueva ronda podría ayudar a acelerar el progreso en temas espinosos como la apertura en el área de la agricultura y los textiles. Los Estados Unidos, efectivamente, llegaron a la Ronda de Doha con una propuesta novedosa y fuerte para abolir los aranceles en todo el mundo antes del 2015.

Sin embargo, la renuencia europea para tratar el tema de los subsidios agrícolas y para reformar la nociva “política agrícola común” (CAP) ha llevado a la ronda actual al borde del fracaso. La experiencia del colapso de la Reunión Ministerial de Cancún, en septiembre del 2003, ha contribuido a alimentar el escepticismo frente a las posibilidades de mayor liberalización en el seno de la OMC.

Si bien es cierto que este escepticismo es justificado, también hay que reconocer que, en el momento actual, se están haciendo grandes esfuerzos por evitar que la Ronda de Doha naufrague. Para ello se deberá pasar a una etapa en la que los países desarrollados, especialmente la Unión Europea y Estados Unidos, demuestren que su compromiso con el libre comercio es mayor que su sensibilidad a presiones políticas internas. Por su parte, a los países en desarrollo les corresponde entender que la integración comercial no puede ser un juego de compromisos parciales, de privilegios y excepciones, lo que los debe llevar a abandonar progresivamente sus demandas por un trato especial y preferencial.

7. Barreras no arancelarias al comercio

Las barreras no arancelarias también constituyen una seria amenaza para la apertura y el libre comercio.

7.1. Barreras técnicas al comercio (TBTs)

Las barreras técnicas al comercio abarcan una amplia variedad de reglas y normas, cuyo propósito declarado es asegurar que los bienes cumplan con ciertos requisitos de calidad. Supuestamente, estas medidas buscan proteger a los consumidores de la baja calidad de algunos productos. A menudo estas medidas son justificadas, apelando al bienestar del consumidor, la salud pública y el medio ambiente. Además, son populares desde el punto de vista político. Sin embargo, con frecuencia se imponen de manera unilateral y arbitraria, lo que las convierte, ciertamente, en barreras importantes al libre flujo del comercio.

Dentro del sistema de la OMC, el Acuerdo sobre Barreras Técnicas al Comercio (TBTs, por su sigla en inglés) “tiene por objeto asegurar que los procedimientos para reglamentaciones, normas, pruebas y certificaciones, no sean fuente de obstáculos innecesarios”(3). Este acuerdo es una versión modificada de otro que fue previamente negociado durante la Ronda del GATT, en Tokio, entre 1973 y 1979.

El acuerdo sobre las TBTs le permite a los países adoptar normas y ponerlas en práctica individualmente, pero además fomenta la estandarización internacional para evitar imposiciones arbitrarias. Así mismo, contiene disposiciones sobre procedimientos para la adopción de normas y establece procesos y reglas adecuados para la aplicación de estas.

El aspecto negativo de este acuerdo es que, a diferencia del GATT, sus disposiciones tienen el carácter de prescripciones positivas, es decir, genera reglas positivas en vez de normas de orden negativo acerca de lo que los países no deben hacer. Además, las industrias de los países en vía de desarrollo rara vez son capaces de adaptarse a las normas más altas, exigentes y costosas que imponen las industrias del primer mundo. En muchos casos, las TBTs son, sencillamente, sofisticadas formas de proteccionismo disfrazado. Por ejemplo, la Unión Europea aplica una reglamentación de calidad para las frutas tropicales. Colombia le exporta a estos países cerca de 18 millones de dólares anuales de esta clase de productos. Inclusive algunos cambios menores en la reglamentación podrían tener un impacto significativo sobre los exportadores.

7.2. Salvaguardias

Bajo las reglas de la OMC, un país puede utilizar ciertas medidas para restringir las exportaciones bajo alguna situación excepcional, definida como una oleada inesperada de importaciones que represente una seria amenaza para la producción nacional. Estas medidas reciben el nombre de “salvaguardias”. Fueron autorizadas bajo el GATT de 1947, pero han sido modificadas por acuerdos de la OMC para asegurar que no sean utilizadas como herramienta para restringir el comercio de manera arbitraria.

Bajo las antiguas reglas, estas medidas discrecionales fueron utilizadas de forma abusiva por grupos con intereses proteccionistas. El acuerdo actual de la OMC sobre salvaguardias contiene un conjunto de condiciones y reglas que rigen la aplicación de estas barreras restrictivas de emergencia:

a) Si efectivamente se presenta una oleada de importaciones, los miembros de la OMC no pueden buscar que sus socios comerciales apliquen un freno voluntario a las exportaciones —las llamadas “medidas de área gris”—.

b) El acuerdo requiere que las autoridades locales de un país miembro realicen investigaciones transparentes cuando una industria local solicite una salvaguardia.

c) El acuerdo contiene una serie de criterios para evaluar cuándo una situación determinada causa un “perjuicio grave” a la industria local.

d) Una salvaguardia deberá tener una duración máxima de cuatro años y, en caso de que se prolongue por más de un año, deberá ser liberalizada progresivamente.

Finalmente, el acuerdo estipula que un país que se vea afectado por una salvaguardia podrá buscar compensación por la pérdida de comercio de la que será objeto.

7.3. Medidas sanitarias y fitosanitarias

Cuando se trata de alimentos y productos agrícolas, surge un conflicto entre la necesidad de garantizar la seguridad de los consumidores y la obligación de impedir que las reglamentaciones de seguridad se conviertan en una herramienta para el proteccionismo. El acuerdo fitosanitario y sanitario de la OMC reglamenta el uso de normas sanitarias entre socios comerciales. Las normas impuestas por los países se deben basar en criterios científicos y dirigirse a la protección de la vida y la salud. Además, no se pueden aplicar de forma discriminatoria.

La OMC estimula a sus miembros para que se rijan por normas internacionales, pero estos tienen derecho a establecer normas más fuertes, siempre y cuando exista una justificación apropiada.

7.4. Antidumping

En teoría, las normas antidumping buscan proteger la industria nacional de la competencia desleal de productos que son exportados a precios por debajo de los cobrados en el mercado del país de origen. Los acuerdos de la OMC le permiten a los países realizar acciones antidumping, siempre y cuando se vea que estas son necesarias para impedir un perjuicio genuino y “material” en la industria nacional.

Para poner en práctica estas acciones, los Estados tienen que demostrar que una situación real de dumping se está presentando, calcular la magnitud del daño y probar que a los productores locales se les causa realmente un perjuicio.

Sin embargo, en la práctica los grupos con intereses proteccionistas a menudo “capturan” las reglas antidumping y las utilizan para aislar a los productores nacionales de una competencia que redundaría en beneficios para el consumidor.

Las negociaciones recientes han intentado reducir el alcance y el poder de las acciones antidumping. No obstante, bajo fuertes presiones políticas internas, muchos países, especialmente los Estados Unidos, se niegan a renunciar a sus amplios poderes antidumping.

En mucho casos, las acciones son sencillamente una excusa para bloquear los flujos comerciales de entrada a un país, provenientes de compañías que en realidad actúan de acuerdo con las reglas del juego o de empresas que operan de manera muy eficiente, lo que les permite exportar a bajos costos. Actualmente, la mayoría de las acciones apuntan hacia las exportaciones de países en vía de desarrollo, que a su vez han empezado a aplicar medidas antidumping ellos mismos, creando así un estado de confusión y conflicto en el comercio internacional.

La cuestión del abuso de estas normas resulta más compleja si se considera que, por pertenecer al ámbito de normas internas de cada país, algunas normativas antidumping se aplican sin tomar en cuenta lo pactado en los acuerdos internacionales o, en algunos casos, desconociéndolos. Esto introduce un molesto elemento de incertidumbre jurídica en el sistema global de comercio que desde sus orígenes aspira a ser, sobre todo, un sistema gobernado por reglas de aplicación global(4).

8. El lado oscuro de las barreras no arancelarias

Los aranceles no son la única forma de restringir el comercio. Las barreras no arancelarias (NTBs) pueden ser igualmente perjudiciales en las áreas, tanto económica como social. De manera similar a lo descrito anteriormente, pueden ser capturadas por grupos con intereses creados.

La decisión de Venezuela de imponer estrictos controles al cambio de divisas ilustra el descalabro que pueden causar las restricciones no arancelarias. A finales del 2002 y a principios del 2003, la administración del presidente Hugo Chávez tuvo que hacerle frente a una larga y generalizada huelga que virtualmente paralizó al país. La frustración política desencadenada por el mandatario llevó a organizaciones de la oposición política y de la sociedad civil, incluyendo a los maestros, empleados de la empresa estatal de petróleos y a otros grupos, a restringir fuertemente sus actividades.

Como productor de petróleo y miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Venezuela depende de sus exportaciones de petróleo para mantener un equilibrio en sus reservas internacionales. Sin embargo, la huelga rápidamente menguó la capacidad productiva de la industria petrolera, lo que debilitó de forma casi inmediata sus indicadores de reservas internacionales. Estas circunstancias fueron aprovechadas por las autoridades económicas para imponer restricciones temporales sobre las operaciones financieras.

Al poco tiempo, el presidente Chávez anunció que se aplicaría un sistema de control de cambios de manera permanente en Venezuela, negándoles así la posibilidad a los ciudadanos y a los empresarios privados de obtener divisas libremente. De ahí en adelante, la facultad de decidir qué personas o empresas y bajo qué circunstancias podrían comprar dólares, euros u otras divisas, quedó en manos del gobierno.

Puesto que el acceso a las divisas es esencial para el comercio internacional —los pagos deben hacerse con ellas— el comercio entre Colombia y Venezuela —quien fuera el segundo socio comercial en importancia para el primero— llegó casi a colapsar. Los empresarios de los dos países, que buscan desesperadamente opciones para que no se paralice el comercio, han llegado a recurrir al trueque, la forma más primitiva de intercambio económico.

La aplicación de salvaguardias para restringir el comercio de productos agrícolas en la Comunidad Andina de Naciones (CAN) ilustra una vez más el uso con fines proteccionistas que se les da a las NTBs. De acuerdo con un estudio auspiciado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), un grupo binacional de expertos hizo un listado de salvaguardias con segundo lugar de importancia, en una lista de grandes obstáculos para el comercio entre Colombia y Venezuela(5).

En la mencionada lista, solo la inestabilidad macroeconómica aparece como una mayor barrera para el comercio. Por ejemplo, la administración venezolana amenaza constantemente con imponer salvaguardias para proteger su propia producción nacional de azúcar de la competencia colombiana. Las autoridades de la CAN han declarado ilegales estas amenazas en varias ocasiones autorizando, inclusive, una retaliación por parte de Colombia en un caso en el que estas medidas fueron aplicadas.

Teniendo en cuenta la dificultad de aplicar las salvaguardias, Venezuela ha recurrido a licencias de importación como medio para restringir las importaciones de azúcar de Colombia, una de las actividades económicas productivas más importantes de este país, especialmente en la región del Valle del Cauca. Mayores restricciones seguramente arruinarían la economía de esta zona, agravando los problemas de pobreza, desempleo y violencia que acosan a Colombia en la actualidad.

9. Conclusiones: futuros desafíos para la OMC

Al momento de escribir estas anotaciones, las negociaciones comerciales de la Ronda de Doha se encuentran en un estado de tensa calma, agravada por la incertidumbre que reina sobre la supervivencia misma de un sistema global de liberalización mercantil. Algunos han llegado a anticipar que de fracasar la OMC una consecuencia sería la multiplicación explosiva de acuerdos regionales de libre comercio, pero esto no sería tan deseable como una negociación multilateral.

Con todos los problemas y debilidades actuales, el sistema representado por la organización es la mejor alternativa de liberalización para el comercio global, puesto que la posibilidad utópica de una liberalización unilateral generalizada parece inalcanzable. Podría funcionar como una fórmula política en el escenario nacional, pero no en el ámbito internacional. Además, recordemos que la mayor ventaja que trae consigo el sistema multilateral es su carácter reglamentario y que contiene instancias para la resolución de conflictos, basadas en reglas aceptadas por todos los miembros de forma unánime.

El sistema de la OMC puede tener fallas significativas, pero “casi nadie duda que la OMC y su predecesor... el GATT, le han dado empuje al comercio global, fomentando en los países una reducción en sus barreras arancelarias, durante rondas sucesivas de negociaciones comerciales”(6). Además, “podría ser cierto que en los países ricos... la liberalización no se hubiera dado sin el GATT. Si los países ricos no hubieran hecho una apertura, tampoco la hubieran hecho la mayoría de los países en vía de desarrollo”(7).

La mayor parte de los problemas en la ronda actual surgen de inquietudes agrícolas: en realidad, algunos culpan a la UE directamente, en especial al gobierno francés, dado que su intransigencia para revisar la política agrícola común (CAP) es culpable de haber causado la mayor parte de los sentimientos de frustración que han surgido en Doha.

La CAP es una fuente de subsidios y aranceles que están causando mucho daño al comercio global. Desde el punto de vista político, este lineamiento cala hondo en Europa, especialmente en Francia, país donde una persona puede llegar en tractor a un restaurante de McDonald’s y convertirse en incono cultural. Sin embargo, aunque la CAP significa popularidad y votos para los políticos en Europa, esta se traduce en desempleo y hambrunas en la mayoría de los países del tercer mundo. Las palabras pronunciadas por un delegado africano durante las reuniones de Doha, ilustran esta situación de manera contundente: “Los eventos que pueden hacer que se pierda una elección en Francia, son asuntos de vida o muerte en Tanzania”(8).

Las negociaciones presentes y futuras de la OMC deberían concentrarse en varias metas. La más importante de ellas consiste en que lleguen finalmente a acuerdos aceptables sobre los problemas que bloquean actualmente el progreso en las negociaciones sobre el libre comercio, especialmente la protección a productos agrícolas y subsidios, por un lado, y las reglas antidumping, por el otro.

Pero el hecho de que los miembros de la OMC viertan su atención sobre esta importante meta no debería conducir a que se pierda de vista el que aún será el objetivo principal de las negociaciones de esta entidad durante las primeras dos décadas de este siglo: la eliminación total y completa de los aranceles.

Ya hemos mencionado la propuesta de los Estados Unidos de eliminarlos a escala mundial para el año 2015. Los economistas Jagdish Bhagwati y Arvind Panagariya, han sugerido la eliminación de la protección en productos de mano de obra intensiva antes del 2010 y también han propuesto una fecha realista, el año 2020, para abolir la protección a productos agrícolas en el mundo entero.

Los miembros de la OMC deberían, además, dirigir sus esfuerzos para evitar que la organización se convierta en una autoridad transnacional y eludir al máximo introducir prescripciones de orden positivo en sus acuerdos. El espíritu de los acuerdos de liberalización comercial se identifica con normas negativas del tipo “no harás…”: no impondrás barreras, no restringirás el flujo de bienes, etc. De lo contrario, la OMC se arriesga a perder relevancia y autoridad como institución multilateral, desarrollo este que no convendría a nadie en el mundo.

(1) Krugman, P. What should trade negotiators negotiate about? En: Journal of Economic Literature, vol. 35, Nº 1, mar. 1997, p. 114.

(2) Razeen, S. Whither the WTO? A progress report on the Doha round. En: Cato Institute Center for Trade Policy Studies, Trade Policy Analysis Nº 23, 2003, p. 14.

(3) World Trade Organization. WTO: trading into the future. Geneva: 2003, p. 35.

(4) Al respecto véase: Lindsey, B. & Ikenson, D. Antidumping exposed. En: Cato Institute, Washington D.C., 2003.

(5) Gutiérrez, A. Las trabas no arancelarias en el comercio bilateral agroalimentario entre Colombia y Venezuela. Banco Interamericano de Desarrollo, 2002.

(6) Weighing up the WTO. The Economist, 23 de noviembre del 2002, p. 72.

(7) Ibídem.

(8) Citado en: Seeds sown for future growth. The Economist, 17 de noviembre del 2001, p. 65.